Nota muy alta para Pelillo SC en ‘El Chorrero’. ¡Estuvimos allí!

Disfrutamos mucho desde la atalaya de la cantera.

CRÓNICA

El pasado 22 de diciembre, el día de la Lotería de Navidad, acudimos a Bohonal de Ibor, Cáceres, a la montería que Javier Rodríguez, máximo responsable de Pelillo Servicios Cinegéticos, ofrecía en la reconocida finca El Chorrero.

El Chorrero.

Este cronista, que anda esta temporada como el baúl de doña Concha Piquer, visitaba en esta ocasión a Javier Rodríguez, otro de los jóvenes organizadores que viene pisando fuerte, y un terreno muy conocido, curiosamente más por mi faceta de pescador, de las innumerables veces que he acudido al río Ibor, a la conocida ‘subida de la boga’, y a la recula que forma la entrada de éste en el pantano de Valdecañas, allí más al black-bass y a la carpa, el caso es que el tramo final del viaje, en la carretera de Bohonal de Ibor a Mesas de Ibor, siempre pensaba en lo bonito y querencioso que me parecía el monte situado a la izquierda según el sentido de la mancha, bien, pues ese monte es El Chorrero.

El Chorrero: ribero –del Ibor–, amplia dehesa y zonas abiertas, algo de monte más cerrado, con un eucaliptar que sujeta mucha caza, agua a mansalva (incluidas algunas balsas) y una propiedad que cuida con esmero el medio, con el añadido de una joven organización pero ya asentada y con prestigio dentro de nuestro panorama montero, suele ser sinónimo de éxito. Un éxito ya refrendado la pasada temporada con una montería muy importante.

Nublado. Y aunque el viento estaba prácticamente en calma, el frío, que curiosamente iba en aumento a medida que pasaba la mañana, hacia que se agradecieran las candelas que Javier había dispuesto que se hicieran en la casa de la finca, donde se había citado a los monteros a las 8:30 horas.

Me hizo mucha ilusión saludar al equipo de Jesús Martín de Nova Toma, esos ‘cazadores de laces’ que tan magníficos documentales de caza, pesca y naturaleza hacen, y con los que ya he coincidido más una vez esta temporada.

Cristina, Javier, María José y Mari Luz durante las consignas previas al sorteo.

Las espléndidas migas –como espléndidos fueron los entrantes y el cocido para comer– del catering La Montería, en los soportales de la casa, dieron paso al sorteo, que Javier realizó asistido por su hermana, Cristina, por su mujer, María José Cáceres, y por su madre, Mari Luz Torrecilla, y con gran parte del equipo de Pelillo allí presente, además, su padre, Antonio, está a los mandos de Rehalas Pelillo, lo que demuestra el carácter familiar y multifuncional de la empresa jarandillana.

Javier organizando la salida de los puestos.

Si ya tenía buenas referencias de esta organización, lo que veía y oía no hacia más que reafirmar lo que ya me habían comentado, algo que reforzó las palabras de Javier en el sorteo, primando ante todo las normas de seguridad, a pesar de que cada uno de los 12 puestos estaba situado de tal manera que podía disparar en 360º y de que la mayoría estaban en torretas: “hay que ponerse alguna prenda de color fosforescente, no tirar al viso, si va más de una persona al puesto sólo se admite un rifle…”. Comentó, además, que aquellos monteros que prefirieran los muflones, que intentaran tirar a los primeros que tuvieran oportunidad, siempre con un mínimo de calidad, “no a un platanero, claro”, ya que son animales muy ariscos y difíciles y lo mismo no se presentaba luego otra ocasión, añadió que había gamos y muflones de mucha calidad, pero que es muy difícil que “haya la posibilidad de que todos trofeos para completar los cupos de reses sean medalla, esto es caza”. Cupo que era de dos machos a elegir entre gamos y/o muflones además de tres cochinos, en esta campaña se dejaría descansar a los venados, por lo que no se podían tirar.

Salieron ordenadamente los 12 monteros con sus secretarios, a muchos de los cuales posiblemente ya les había tocado la Lotería por sólo acudir a El Chorrero, pero como muy bien dijo Javier, muy posiblemente no habría ‘metales’ para todos, cosa lógica, por otra parte.

Los rehaleros agradecían la lumbre antes de salir a las sueltas. Curiosamente el frío fue in crescendo durante la mañana.

Se dio tiempo más que suficiente para que se cerrara la mancha, para dar salida a las diez rehalas, que es otro extremo que se cuida mucho en Pelillo, no en vano son rehaleros, como ya hemos comentado, el campo le dio la razón a Javier en la elección de las recovas. Montearon despacio llevando la caza chorreada hacia los puestos, como mandan los cánones, a pesar de las numerosas pelotas de reses que a veces se forman en este tipo de fincas. Por cierto, entre los rehaleros se encontraba Paco Sánchez y su hija Pilar, de Rehalas Dibe, que la semana anterior sus perros habían agarrado en Puebla de Don Rodrigo un cochino arocho de defensas espectaculares, confirmándome Paco que había dado oro.

Mari Luz, Maria José, Cristina y su marido Pedro Torrecilla, con su hijo Guillermo de seis años (¡qué afición y qué vista tiene para lo pequeño que es!), el encargado del dron de Nova Toma (siento no recordar su nombre), el propio Javier y este cronista se marcharon a una cantera a modo de atalaya desde la que se domina gran parte de la montería y donde no molestábamos para nada a los monteros. Le trataron a uno como si fuera de la familia, buena gente con la que me encontraba muy a gusto.

Antes de soltar vimos un numeroso y heterogéneo grupo de gamos. Cuando se soltó los grupos se fueron disgregando y la caza entró más chorreada a los puestos.

Al llegar a la cantera, aún no se había soltado, pero ya se estaba tirando, se incrementaron algo los disparos tras la suelta, a partir de ahí se tiró de una forma constante pero pausada, tiros repartidos que a veces se incrementaban un poco más (seguramente por culpa de los cochinos que son la sal de la montería, con un cupo testimonial de tres para que se repartiera la suerte jabalinera), otras veces, lógicamente, había más calma con la pólvora. Quizá costó arrancar un poquito la secuencia constante de disparos, porque los monteros seguramente estaban valorando las posibilidades de su puesto de cara al cupo, los disparos remitieron algo hacia el final, cuando los cupos de reses se iban completando.

La pelota de gamos que se comenta en el texto después de pasar por el tiradero del primer puesto que no disparó.

No se crean que es algo fácil valorar para completar un cupo de dos machos de gamo y/o muflón, además de la dificultad intrínseca de esta última especie –y del gamo, que a mí personalmente, y en batida, no me parece un animal sencillo de acertar–. ¿Qué hacer? Imaginemos que nada más llegar a la postura nos cumplen dos ejemplares, por ejemplo, bronce, pero se sabe que en esa macha hay platas e incluso oros, hay que decidir en segundos. ¿No se tira, se tira a uno? Y si luego no entra ningún trofeo más de esa categoría, ¿qué? Un ejemplo, al poco de soltar vimos una pelota de cuatro gamos machos con una gama, de los machos había dos que indudablemente eran medalla, uno de ellos incluso podía ser plata, pues cumplieron a dos puestos y los monteros rehusaron tirar. Repito, no es nada sencillo.

El muflón más grande que vimos desde la cantera era muy receloso y uno de los buenos venados que observamos desde nuestra posición.

Por lo demás la estancia en la cantera fue una gozada, Javier, con la emisora y el móvil, muy preocupado de que todo saliera bien, corrigiendo una mano si no iba por el lugar más adecuado, preocupándose en lo posible –”esto es caza”– de que los puestos fueran completando el cupo de muflones y gamos. Los demás, como si aquello fuera un partido de tenis, un Nadal-Federer por la calidad, mirando continuamente a un lado y otro de la ‘pista’, vimos muchos gamos, machos –algunos de altísima calidad– y hembras, bastantes venados –dos muy grandes, especialmente uno cargado de puntas y de mucho grosor– y ciervas, y, curiosamente, algunas muflonas, no muchas, y dos muflones, uno joven y otro de calidad ‘aceptable’, sin más, sobre todo vista la calidad de los que se cobraron después; y digo curiosamente porque Javier comentó que desde donde estábamos debíamos haber visto muchos muflones y muy grandes. Hay que repetir de nuevo el mantra de esta crónica: “esto es caza”.

Las carreras fueron continuas hasta el final. Los venados, esta vez, no se podían tirar.
Un gran gamo y un lance espectacular.

También vimos, en lontananza, algunos lances, uno especialmente espectacular a un gamo tremendo que volaba más que corría, y al que el montero supo aguantar con maestría para acertarle con el primer disparo.

Últimos tiros para completar algún cupo postrero de reses y para algún cochino despistado y a recoger las reses abatidas. Mientras los monteros disfrutaban del cocido, llegaron el 90% de las reses, y digo el 90% porque si sobre el plano El Chorrero parece un terreno suave, tiene algunos lugares de difícil acceso, de tal manera que tres cochinos no se pudieron cobrar, y dos gamos, uno por cierto extraordinario, ya estaban ‘tomados’ por los buitres cuando los prácticos de campo llegaron a ellos.

El caso es que muy pronto estaba expuesto el plantel –que es algo que se agradece–, con mucho respeto por la caza abatida, como debe ser, tapando en lo posible la sangre con ramas de eucalipto preparadas para tal caso. Así llegaron hasta la junta de carnes 11 cochinos, con un navajero; 18 gamos, con dos oros, un plata y siete bronces; y ocho muflones, de los cuales únicamente uno se quedará sin metal, del resto, dos oros, dos platas y tres bronces. ¡Muchísima calidad! Más de un 65% de trofeos de gamo y muflón medalla (el 87,5% en el caso de los muflones).

Al final, todos los puestos completaron el cupo de reses, destacando especialmente el nº 12, que, además de un cochino, cobró un muflón y un gamo ¡ambos medalla de oro! El nº 3 se hizo con dos muflones medalla y tres cochinos; mientras que el nº 8 cobró dos gamos muy buenos y dos cochinos, uno de ellos el navajero.

Por todo lo anterior, nota muy alta para Javier Rodríguez y todo el equipo de Pelillo Servicios Cinegéticos en la montería de El Chorrero, es una alegría ver como gente joven, que sabe de campo y de caza, capaz y solvente llega a nuestro panorama cinegético. Fue un auténtico placer acompañarles en esta extraordinaria montería.

Crónica y fotografías: Adolfo Sanz Rueda

Por mucho que sólo se vean parte de los trofeos cobrados y que el muflón más chico que se cobró esté en primer plano, el plantel es espectacular.

DATOS DE LA MONTERÍA

Organización: Pelillo Servicios Cinegéticos

Fecha: 22 de diciembre de 2018

Finca: El Chorrero

Finca cercada / Hectáreas monteadas: 500

Término: Bohonal de Ibor, Cáceres

Puestos: 12 / Cupo: 2 machos de gamo y/o muflón a elegir + 3 jabalíes / Rehalas: 10

Jabalíes: 11 (1 navajero) + 3 que no se pudieron cobrar por inaccesibilidad

Gamos: 18 (2 oros, 1 plata y 7 bronces)

Muflones: 8 (2 oros, 2 platas y 3 bronces)

GALERÍA FOTOGRÁFICA EN LA JUNTA

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