‘¡Al campo, cartuchos al cañón!’, dijeron los monteros en ‘La Puente’

CRÓNICA

La finca de La Puente, muy cercana al pantano de Aracena acogía de nuevo a Monteros del Sur, quienes habían dado cita a sus cazadores para organizar una jornada de caza mayor en la mancha de Coquino.

La mañana del primero de febrero del corriente amanecía con una estremecedora lluvia a rachas, que el ‘hombre del tiempo’ había previsto hasta más o menos las once de la mañana. También anunciaba una alerta amarilla por fuertes vientos y lluvias racheadas entre las once y las dieciséis horas, seguida esta racha de una lluvia intensa.

Este era el panorama al que se enfrentaban los cuarenta y tres cazadores que habían decidido acompañar a esta joven organización en esta jornada montera.

Desde las ocho de la mañana comenzaron a llegar los monteros al cortijo de la finca, que los acogía con una buena candela en la chimenea del salón mientras la organización sacaba unas suculentas migas con sus torreznos y huevos, haciendo un poco de tiempo para ver el cariz que tomaba el día.

Sobre las nueve y media, Fernando Dominguez, hijo, llamaba al orden a los asistentes y comentaba el estado de la mancha, las previsiones y les daba a elegir si querían cazar o no. Todos al unísono dijeron:

–¡al campo, cartuchos al cañón!

Habían venido a cazar y sin más dilaciones comenzó el sorteo. Tras tomar nota de todos y cada uno de los componentes de cada armada, y sin prisas por ver si cesaba la lluvia fue poco a poco organizando la salida de los monteros hacia los puestos, colocando a cada cazador con su postor y saliendo ordenadamente hacia el cazadero, que en esta ocasión se encontraba un poco más distante que la otra mancha.

Así, partían La Dehesa, Las Cumbres de Vallebarrero, El Romeral y por último lugar El Acero de La Puente, para quedar cerrada la zona a cazar. Con la salida de las traviesas, el sol lucía en todo lo alto, pero un ‘vientecillo’ del oeste comenzaba a tornarse molesto.

Las rehalas también acompañaban a las traviesas en su trayecto para no perder tiempo, y cuando llegaron a sus posiciones comenzaron a vestirse para cuando el último de los monteros tuviera cargada su arma, abrir portones.

Para entonces ya el viento era un auténtico vendaval, que en ocasiones venía acompañado de lluvia, pero de esa que no cae en vertical, sino que barre de lado debido al aire.

Ya se habían producido un montón de sordos lances, difíciles de escuchar en la distancia, cuando se ordenó a las rehalas soltar los perros.

Poco tardaron en dar con los primeros encames y un buen cochino era fallado en el cuatro del acero de la Puente, otro jabalí intentaba lo mismo por el tres pero fue cobrado. También un venado cobraba el tres del cierre del acero de certero disparo al poco de soltar.

Yo ocupaba el cinco del acero de La Puente, y en ocasiones el viento no permitía estar de pie, azotaba de tal manera que no permitía escuchar nada y te llevaba en volandas. Tuve que prescindir de la gorra porque fui a no corta distancia a recogerla en varias ocasiones, y de esta guisa permanecía durante el transcurso de este día infernal.

Es de elogiar el trabajo de las rehalas Alcaria, la de los Hermanos Campi, la del amigo José Maria Campi, las pirañas de Jose Venancio Pestorejo, las de Isaac Azogil, o las del amigo Isrrael Azogil, también los perros de Samaco, las rehalas Terri, las de Tomás Gómez o Manuel Angel Romero, las rehalas Caena, las de Bermejo Pérez y Javier Averio, también los perros del amigo Colón, las rehalas de Candido Alcalde, las de Felix de Inojales, las de Antonio el Monea, y las del amigo Eugenio, que se dejaron la piel en el monte, orientándose gracias a las emisoras, en un día en el que la caza, se arrutaba y no quería andar, con jabalíes que tras ser levantados volvían a su lugar de encame desorientados y perros que no sabían para donde correr, no escuchaban las ladras unos de los otros y no podían empujar con fuerza las reses.

De esta manera quedó caza, mucha caza en la finca, y la mayoría de los lances fueron a animales que transitaban solos, sin percatarse los monteros de su aproximación, por lo que se propiciaron numerosos fallos, pagándose caro, sobre todo cuando estos se producían en los cierres.

Pasadas las tres y media, se retiraba a los cazadores de sus puestos y se dirigían al cortijo para degustar una buena comida, mientras se recogían las reses.

La lluvia, no tardó en aparecer de nuevo, para perjudicar la labor de sacar los animales, y para deslucir un plantel que podría haber sido mucho mayor.

Aún así, se sacaron un total de veinte venados, con seis de ellos destacables, por encima de la media y quince jabalíes, con dos buenos navajeros entre ellos.

La suerte de esta jornada, fue que muchos de los puestos tenían buenos tiraderos, y no era complicado ver venir los venados, no siendo igual los jabalíes que eran cubiertos por las jaras, así, la inmensa mayoría de los venados se abatieron mejor que los cochinos. El amigo José Ramos conseguía hacerse con tres venados, y el mejor de los cochinos era para nuestro amigo José Antonio.

La fuerte lluvia no permitió que los monteros disfrutasen del plantel como se merece, pero sin embargo, aguantaron en la casa cortijo al amor de la lumbre hasta bien entrada la noche.

Así terminaba un día infernal de montería en una finca onubense donde de haber disfrutado de buen tiempo, el resultado podría haber sido espectacular, aunque es de elogiar la valentía de monteros y organización, por decidir cazar con estas condiciones.

Crónica e imágenes: Carlos Casilda

DATOS DE LA MONTERÍA

Organización: Monteros del Sur

Fecha: 1 de febrero de 2019

Finca abierta: La Puente. Mancha: Coquino. Hectáreas monteadas: 1.000

Término: Aracena (Huelva)

Puestos: 43 / Cupo libre / Rehalas: 18

Jabalíes: 15 (2 con buenas defensas)

Venados: 20 (6 destacables)

GALERÍA GRÁFICA

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.