Panorama montero

‘El Picao’ de ‘La Ribera Alta’: ¡lujo!

La Ribera Alta
Espléndido plantel de ‘El Picao’ ante la casa principal de ‘La Ribera Alta’.

CRÓNICA

Es un lujo montear la mítica ‘La Ribera Alta’; parte de su prestigio se lo debe, sin duda, a la mancha de ‘El Picao‘. Son muchas las Caracolas a sus espaldas.

Se conjugan para este éxito dos factores importantísimos, la propiedad y la organización que administra las monterías.

La propiedad, con Jesús Fernández-Hijicos al frente, es la «excelencia en la gestión cinegética», avalada por unos resultados increíbles.

Gescaza organiza monterías por administración desde 1988, la familia Vargas y resto del equipo conforman un conjunto perfectamente engranado que funciona a las mil maravillas.

Además hay que añadir todo el personal de La Ribera Alta que se vuelca el día de la montería.

Propiedad y organización: gente preparada y de buen hacer. Muchas temporadas juntos, se entienden bien.

La parte baja de ‘El Picao’, una temporada en que la climatología sí acompañó. Fotografía: Antonio Mata.

Un día maravilloso para montear

La mañana del 16 de noviembre en Almadén se presentó fría, como -1 ºC, sin embargo, una vez levantada una ligera niebla, dio paso a un día espléndido, maravilloso para montear.

Incluso había algo de escarcha, pero el sol otoñal con aroma de primavera no tardó en disipar el leve manto blanco.

En el sorteo, tras un desayuno de lujo, Antonio Vargas además las consabidas normas de seguridad, fue sincero al decir que la calidad sobre todo de los venados, siendo buena, no era la de otra ocasiones por no haber aportado el campo ese extra imprescindible para el floreado de las cuernas.

Mucho tiempo de climatología adversa continua para el campo.

A los gamos parecía afectarles menos este efecto negativo, había algún gran muflón localizado y de cochinos se esperaba, como siempre, una primera línea espectacular.

Nueve fueron los monteros que tuvieron el privilegio de sortear.

Venado de ‘El Picao’ ‘cazado’ por el objetivo de Antonio Mata también en otra campaña que el tiempo acompañó.

Una hora de ensueño y… fatalidad para el cronista

En un santiamén se colocaron los nueve puestos, muy lejos unos de otros, tiraderos normalmente de 360º, teniendo que extremar las precauciones en los visos.

No se habían soltado aún las tres magníficas rehalas –no hacían falta más para una mancha que en gran parte es una dehesa– y la traca ya era escandalosa.

¡La que se lió al soltar!

¡Qué trajín de carreras, ladras y disparos! ¡Inimaginable!

Llevo muchas monterías a mis espaldas, muchas, y nunca había vivido algo así. Sobre todo la primera hora de montería fue increíble.

La última foto con mi querida cámara compacta. Un venado joven que estaba lejísimos captado probando el zoom.

Pero entonces ocurrió algo que en gran parte me chafó la ilusión en lo personal, se me cayó la cámara de tal manera que quedó inservible.

Apenas había hecho en lontananza una foto a un venado joven probando el zoom.

Otro inconveniente, no me había llevado la cámara réflex en previsión de solventar el ajetreo que preveía con la compacta, que es la que utilizo en montería.

Perdí la oportunidad de hacer el reportaje de mi vida, así de claro.

Es por ello que he tenido que recurrir a algunas de las estupendas fotos de mi amigo Antonio Mata que en su momento hizo en El Picao.

Continuaba la sinfonía montera, con altibajos lógicos, pero con subidas que llegaban incluso a la intensidad de la primera hora.

La Ribera Alta

Ajetreo en el puesto

Tuve la suerte de ver cómo el joven Martín M. abatía de certero disparo el venado de la montería, un oro muy pasado que seguramente pase de los 200 puntos CIC por el increíble grosor de sus cuernas. Un venado viejo.

Vi un lance espectacular a otro venado, e innumerables cochinos, con los que hubo relativa mala suerte.

Aunque el cupo jabalinero era amplio, cinco, era muy complicado completarlo con cinco navajeros, lógico, por otro lado.

La Ribera Alta
Ojo, que la foto de este venado engaña, tenía un grosor terrible de cuernas.

Antes de dar la orden a los secretarios de que se podía disparar, una pelota de ocho gamos careaba a no más de 100 metros de puesto, todos ellos eran grandes, cuando se pudo disparar ya no estaban a tiro.

Un gran gamo, posiblemente oro, logró escapar de la contienda, sólo ofreció la posibilidad de un disparo y no era nada fácil. No corría, volaba cada vez que saltaba. Otro, algo menor, cumplió cerca y tranquilo cuando ya se dio la orden de no disparar.

Sólo un joven muflón macho se dejó ver. Otro que volaba, esta vez sin saltar.

Fue una locura de carreras y ladras, y no me pareció nada sencillo, la caza era en general arisca, mejor así.

Fin, recuento final.

Se cobraron varios venados de este tipo, de excelentes hechuras y de más de 160 puntos CIC, rondando el metal o incluso bronce, y a los que faltaba ese plus que da el campo para llegar claramente a medalla.

Un espléndido plantel

Mientras los monteros disfrutaban del suculento almuerzo, llegaron todas las reses abatidas, y todas es todas.

El plantel lucía espléndido en el precioso patio habilitado a tal efecto en el frontal de la casa principal.

Esta vez se presentaron 16 venados (con el oro ya reseñado y cuatro bronces); 54 cochinos (16 navajeros, con un oro, dos platas y cuatro bronces); seis gamos (un plata y tres bronces); y dos muflones (los dos bronce).

Un total de 78 piezas con dos oros, tres platas y 13 bronces.

He de destacar que, por ejemplo, con los jabalíes, sólo se colocan en primera línea los navajeros con vocación de medalla y los que lo son, los ‘medianejos’ –pero aún buenos– se ponen detrás con las jabalinas y los machos más pequeños.

Despedida

Aún con el sol alto, los monteros pudieron fotografiarse con el plantel.

Mi móvil es teléfono más que cámara, para hacer fotos llevo una máquina especifica, la que me cargué.

Lástima, repito, hubiera sido el reportaje gráfico de mi vida.

Ya no hay solución, o sí, volver…

Y es que Jesús, la eficaz y encantadora Ana y, cómo no, el equipo Gescaza representado en esta ocasión, entre otros, por Antonio, Juan Antonio y Antonio Vargas hijo, me han tratado siempre maravillosamente, y no escondo que tengo mucha afinidad con ellos.

Además de todas las vivencias paternas y propias desde la época de La Ribera de Gargantiel, es mucho apego el que tengo a estos montes.

Por todo ello, si se presenta la posibilidad, volveré con las cámaras fotográficas y de vídeo que haga falta para hacer justicia gráfica a este El Picao, la emblemática mancha de la mítica La Ribera Alta.

Una crónica de Adolfo Sanz Rueda

DATOS DE LA MONTERÍA

La Ribera Alta

Montería administrada por: Gescaza

Fecha: 16 de noviembre de 2019

Finca: La Ribera Alta / Mancha: El Picao / Finca cercada 

Término: Almadén, Ciudad Real

Puestos: 9 / Rehalas: 3

Cupo: variable (general de 2 venados, 1 gamo o muflón y 5 jabalíes)

Venados: 16 (1 oro y 4 bronces)

Jabalíes: 54 (16 navajeros con 1 oro, 2 platas y 4 bronces)

Gamos: 6 (1 plata y 3 bronces)

Muflones: 2 (2 bronces)

 

 

 

 

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