Latinoamérica, presente en el Foro Mundial sobre las Actividades de Tiro (WFSA)

Gracias a una gestión de Bill McGrath, representante del SCI ante el Foro y nuestro liaison con la oficina gubernamental de SCI en Washington, fui gentilmente invitado por el Secretario General del World Forum on Shooting Activities (WFSA) a participar de la sesión plenaria que se llevó a cabo en la ciudad de Nuremberg, el pasado 7 de marzo. Uno de los objetivos del foro era conocer la situación que se había generado en Costa Rica y cómo nos afectaba en la región.

 

Ésta no es la primera vez que recibimos, como región, una invitación en este sentido. Anteriormente, tuvimos la participación de Manuel Pérez Gómez (FEMETI, Mex) y de Mike Moura de Castro (Brasil, quienes participaron de la plenaria realizada en Roma el año pasado.

Tal como me fue solicitado, expuse el grave precedente sentado en la región ante la puesta en vigor de la ley que prohíbe la caza deportiva en Costa Rica y la lucha que lideró nuestro amigo y SCI life member, el Dr. Ricardo Guardia. Si bien es cierto, la prohibición afecta directamente a nuestros hermanos cazadores “ticos” y, seguramente, hoy los funcionarios de su agencia de conservación deben ser mostrados como los heraldos de la conservación en Bangkok, donde se ha llevado a cabo la conferencia CITES, la trascendencia de esta ley es una daga que ha sido clavada en el medio de nuestro continente, no por el azar, sino por una bien montada estrategia política por quienes comandan, financian y apoyan en toda esta región los esfuerzos desarmistas y anti-caza. 

¿Por qué se habrían concentrado en este pequeño país, que no es conocido por ser una meca para la caza deportiva? 

No solamente Costa Rica mantiene un gran porcentaje de su territorio como zona protegida y sus ingresos por turismo de “conservación” se han incrementado en la última década (incluyendo pesca deportiva), y no debemos dejar pasar desapercibida una característica importantísima regional. Costa Rica es el único país latinoamericano que no posee un ejército regular y su estatus es traído siempre a colación en todos nuestros países cuando se discuten temas de desarme y de presupuesto para nuestras fuerzas armadas; es decir, la estrategia es clarísima.

Esto causó inicialmente un poco de sorpresa entre los asistentes, quienes, centrando su preocupación en el tema de la caza, probablemente desconocían las características y las luchas que libramos en esta región.

Insistí nuevamente en que Latinoamérica lucha constantemente contra esfuerzos de grupos que promueven el desarme de la sociedad civil y que buscan, si, no explícitamente prohibir la caza deportiva, sí levantar barreras casi imposibles de superar ,como la prohibición en el uso de munición de plomo, para la cual, simplemente, no existe alternativa viable ni disponible en nuestra área.

Expuse cómo estos grupos reciben financiamiento de ONG’s europeas y americanas, se movilizan de país en país introduciendo legislación que restringe el uso de armas de fuego en la población civil; cómo estos grupos se mueven de un país a otro, corrigiendo los errores cometidos y mejorando su propuesta hasta que encuentran el terreno favorable para avanzar y finalmente volver a iniciar el ciclo destructivo. En nuestro caso –y lo he repetido innumerables veces en cualquier foro en que hemos participado–, que los grupos latinoamericanos somos como los bomberos voluntarios: sólo acudimos a apagar el incendio cuando el edificio ya está en llamas; en muchos casos, sólo llegamos cuando la pradera ya se incendió y no tenemos ni los fondos ni los mecanismos para hacer una acción preventiva. De no ser por el único y exclusivo apoyo del SCI, que ha permitido el avance de los esfuerzos en la promoción de la caza deportiva en la región, no contamos con ninguna otra fuente de apoyo.

Para mi sorpresa y admiración, muchos de los presentes asumían que teníamos el apoyo de la industria de armas y municiones para nuestros esfuerzos. ¡No pude sino sonreír ante tal aseveración! La industria no sólo no nos apoya en absoluto; muchas veces hemos sufrido las consecuencias de sus esfuerzos por mantener un mercado cautivo – normalmente de ventas al gobierno a través de las policías y fuerzas armadas– y, entonces, no quieren meterse en absoluto en un pleito político que es una patata caliente por todas sus aristas. La realidad es que cuando cualquiera de nuestros grupos ha tocado la puerta para un apoyo explícito, con salvadas excepciones, la respuesta ha sido el completo abandono.

Adicionalmente, me preguntaban por el “gran número de miembros” que nuestras organizaciones deberían tener. Salvo la excepción notoria de México, donde FEMETI y FEMECA tienen un fantástico número de afiliados, el resto de países sufrimos también de una falta de apoyo local por parte de nuestros propios aficionados. Y éste es un problema que aún no hemos resuelto, pero debemos finalmente tomar “el toro por las astas” y salirle al frente.

Expliqué que, contrariamente a lo que sucede en Estados Unidos, donde la NRA ha visto su membresía subir en casi un millón y medio de miembros en las últimas semanas, en nuestra región la situación es completamente a la inversa. Primero, porque ya hemos sufrido la requisa de muchas de nuestras armas –las cuales por ley están registradas para que podamos hacer uso de ellas legalmente–; segundo, porque quienes normalmente lideran o se involucran en este tipo de actividades son los primeros en verse envueltos en las “auditorías” para todas sus armas, las cuales no pocas veces son confiscadas. Entonces, cuando entramos en la lucha para defender nuestros derechos, en vez de que cada vez seamos más, los marineros abandonan el barco en grandes cantidades y sólo quedamos los que remamos siempre pensando que las cosas, con esfuerzo, van a cambiar.

Sin embargo, existe otro problema que aún tampoco superamos, y es el de considerar que toda asociación es un “club” por el cual el socio recibe “beneficios” como si el country club se expandiese a todas las organizaciones. En muchos casos, casi como regla general, cada quien trata de librarse de los problemas a través de padrinos, conocidos, “mordidas” que le solucione “su” problema. No hemos, pues, como latinoamericanos –y quizás estoy generalizando demasiado– superado los traumas del pasado y comenzado a trabajar en conjunto, en grupo, con objetivos claros que nos permitan revertir situaciones que, a todas luces, nos vienen forzando a una irregularidad cada vez más arriesgada.

Mis interlocutores estaban sorprendidos. 

Terminé mi presentación con una seria advertencia, tomando en consideración las diversas ponencias que habíamos tenido oportunidad de escuchar, especialmente con respecto al tratado sobre el comercio/tráfico de armas que se viene discutiendo en la ONU. “Latinoamérica se ha convertido en un laboratorio experimental donde todas las propuestas e iniciativas más avezadas que jamás verían la luz ni en Europa ni en los Estados Unidos encuentran un terreno fértil para germinar. Pero esto es como un boomerang que va a regresar aquí con efectos devastadores. Por más esfuerzo que hagan para contrarrestar el lobby de grupos anti, tanto en CITES como en la ONU, Estados Unidos representa un voto y la Unión Europea, 27. Latinoamérica (incluyendo el Caribe) representa más de 30… ¿Hasta cuándo van a ignorarlos?

Por J. Thomas Saldias, MSc.

 

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