Sumar… para empujar

Algunos aún siguen pensando en lo contrario, que es mejor empujar para sumar… Puede que tengan razón, quién sabe, pero siempre se corre el riesgo de que, al ponerte a empujar, te des cuenta de que estás solo y… así vas e empujar muy poco o nada. Ese es el matiz.
Estamos en un momento en el que hay que sumar sí o sí. Siempre, y siempre es siempre, estarán los que antepongan –puro interés personalista– la resta a la suma creyendo que multiplican, cuando, en realidad, lo que están es dividiendo, y aunque suelen ser los menos, al final colocan tantos palos en los radios del carro que lo único que hacen es ralentizar su marcha y conseguir que se detenga. El que no sume no vale (y ya no nos valen prendas).
La Alianza Rural está en marcha, camina y empieza a coger una cierta velocidad de crucero. Sobre todo, que no le quepa duda a nadie, porque un grupo de personas –no demasiado numeroso todavía, pero esperemos que crezca– han tomado la decisión de coger al toro por los cuernos y tirar del carro para que no se pare, a pesar de los palos en los radios. Es muy fácil hablar de protagonismos, de figuraciones y demás reproches (por lo bajinis) que circulan por los mentideros. Pero si alguien no tiene los… arrestos suficientes para uncirse en los varales –por encima de sus propios intereses, de su propio trabajo y sacrificio, de su tiempo y el de su familia– y empujar con todas sus fuerzas… el carro se para y, lo peor, el barco, y el barco somos todos, se hunde. Y hundido el barco, se acabó lo que se daba.
Por eso es tan importante, en estos momentos, sumar, sumar y sumar (aunque parezca el estribillo de una vieja canción). Por eso es tan importante que todos arrimemos el hombro, para, primero, sumar, otra vez, y después para empujar. Y el que no esté convencido, al cien por cien, de esta importancia, lo mejor que puede hacer es tirarse por la borda, del barco, o apearse del burro, pero no ponerle trancos para que no camine.
En la última reunión de la asamblea de la Alianza Rural, a mediados del pasado mes de septiembre (vean y lean nuestras noticias), se tomaron muchas decisiones y muy importantes. Para todos. Para todos los que creemos –que somos muchos, una infinidad– que esto aún es posible, y que si todos sumamos y después todos empujamos, a más de uno y más de dos de todos ésos que ahora se creen, tal vez con razón, que nos tienen contra las cuerdas, les va a entrar una temblaera de piernas que van a creer que tienen friolera.
Sin embargo, que todo hay que decirlo, pudimos observar –estando presentes como firmantes del manifiesto– que todavía quedan dudas, hay algunas fisuras y, sobre todo, hay algunos, los menos, que no tienen nada claro cuál es el objetivo y quien es ‘el enemigo’ (por supuesto, lejos de todos esos zumbaos que ladran en las dichosas redes sociales).
Por poner un ejemplo manifiesto, y sin que nadie se ofenda, ¡por Dios!, tuvimos la sensación de que para algunos el fin último de la Alianza es una gran manifestación o una ‘buena fiesta’ del mundo rural. Habría que empezar a divagar con aquello que dicen que dijo Maquiavelo, lo del fin y los medios…
El fin no es –creemos–, o no debiera ser, la dichosa manifestación. Como mucho, ésta debería ser un medio para llegar a los fines, que no son otros que los que tan bien se han planteado desde un inicio, la defensa de nuestro mundo, el mundo rural, de nuestro modo y medio de vida, para muchos, de nuestras tradiciones, de nuestras ideas, del futuro de nuestros hijos, del futuro del medio ambiente y la naturaleza, la nuestra, no con la que nos quieren hacer tragar. Y para eso, y se está haciendo, hay que planificar, identificar los muchos problemas que tenemos (que también se está haciendo), exponerlos a quien corresponda con todas nuestras razones, aportar, todos, nuestro granito de arena del tipo que sea (incluido el económico), para sumar… y después empujar.

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