
Muy emotiva la entrega del Rehalero de Honor a José María Pacheco. Los jóvenes Adrián Goya y José Fernández tocan la caracola en su honor.
La jornada se convirtió en punto de encuentro del mundo rehalero en un acto marcado por la defensa de la tradición cinegética, la convivencia y el reconocimiento a figuras destacadas del sector

La Asociación Española de Rehalas (AER) celebró el pasado 9 de mayo de 2026 su Asamblea General Ordinaria en el Pabellón 2 del recinto Talavera Feria, en la ciudad de Talavera de la Reina (Toledo), reuniendo a socios, delegados y representantes del sector rehalero en una jornada marcada por la convivencia, el reconocimiento y la defensa de las tradiciones cinegéticas.

Asamblea General Ordinaria
La Asamblea dio comienzo a las 11:00 horas en segunda convocatoria, desarrollándose conforme al siguiente orden del día:
1.- Lectura y aprobación del acta de la Asamblea anterior.
2.- Informe de Secretaría y Tesorería.
3.- Lectura y aprobación de cuentas.
4.- Informe de la Asesoría Jurídica.
5.- Informe de Presidencia.
6.- Ruegos y preguntas.


Muy interesante la ponencia de Virginia Caballero, presidenta de AEPES
Finalizada la sesión ordinaria, los asistentes pudieron disfrutar de una muy interesante ponencia de Virginia Caballero, presidenta de AEPES (Asociación Española de Perros de Rastro de Sangre), quien presentó la labor que desarrolla esta entidad y puso en valor el importante trabajo de recuperación de animales heridos tras acciones de caza que realizan los perros de rastro y sus conductores.
Unos rastreos que AEPES realiza de forma gratuita.





Vino español, comida de hermandad y gala de entrega de distinciones en el Museo de la Fauna Salvaje de la Fundación Doctor Romero Nieto
Posteriormente, socios y delegados compartieron un vino español en el Museo de la Fauna Salvaje de la Fundación Doctor Romero Nieto, un entorno excepcional que permitió a los asistentes disfrutar de la riqueza faunística que alberga este singular espacio museístico.
La jornada continuó con la comida de hermandad y la tradicional gala de entrega de distinciones, en la que la Asociación Española de Rehalas reconoció la trayectoria, compromiso y colaboración de distintas personalidades y entidades vinculadas a la rehala y la montería.

Rehalas que recibieron el diploma de reconocimiento por su labor

Fotografía: Asociación Española de Rehalas.
Como es habitual, moderó la entrega de galardones, el presidente de la AER, Quirico Matamoros, que en esta ocasión contó con la inestimable ayuda de los jovencísimos Adrián Goya y Raúl García.
Previamente, Quirico reconoció el trabajo realizado por Adrián Fernández Martín para el desarrollo de la Asamblea y de la gala.
El propio Adrián fue dando paso a distintas rehalas para entregarles el diploma de reconocimiento «por su labor en favor de la caza y de la rehala», que él mismo recibió del manos del presidente.






Premios 2026 de la Asociación Española de Rehalas
Rehalero de Honor: José María Pacheco del Barrio.
Podenquero del Año: Eugenio Marrupe Sánchez.
Premio Mujer Rehalera: Cristina Casas Muñoz.
Mejor Trayectoria: Julio Bayán Martín.
Joven Rehalero: José Fernández González.
Premio Juvenex: Julia Carapeto Haro.
Colaboración Institucional: Talavera Ferial.
Asociación Colaborativa: Carmen Basarán, presidente de la Oficina Nacional de la Caza y del Real Club de Monteros.
Agradecimiento Especial: Eduardo Romero Nieto, fundador y presidente de la Fundación Dr. Romero Nieto, director del Museo de Fauna Salvaje.
Diplomas de reconocimiento a las rehalas: Los Jacin, Mayoral, La Viña, Leonados JJ, El Cercón y Rehalas F.A.H.


Agradecimiento especial a la Fundación Dr. Romero Nieto y a Talavera Ferial
La Asociación quiso trasladar un agradecimiento especial a la Fundación Dr. Romero Nieto y a Talavera Ferial por todas las facilidades ofrecidas para la celebración de la Asamblea y posterior gala.
Del mismo modo, destacó la implicación y colaboración de Cristina Muñoz, del concejal Gerardo Sánchez y de David Moreno, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de la localidad, por su apoyo al desarrollo de esta cita.

Adrián Fernández Martín nuevo delegado de Toledo de la AER
Asimismo, durante el encuentro se anunció la incorporación de Adrián Fernández Martín como nuevo delegado de Toledo de la Asociación Española de Rehalas, reforzando así la estructura territorial de la entidad en la provincia.
Asociación Española de Rehalas
Fotografías: Adolfo Sanz Rueda



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En el espectacular marco del Museo de Fauna Salvaje del Dr. Eduardo Romero Nieto, en el Recinto Ferial de Talavera, la entrega de los galardones de la Asociación Española de Rehalas 2026, celebrada durante la sobremesa de la estupenda comida, no pudo resultar más entrañable y cercana.
Dos jovencísimos presentadores, Adrián Goya y Raúl García, leyeron con una soltura impropia de su edad las magníficas semblanzas dedicadas a José Fernández (Joven Rehalero) y Julia Carapeto (Premio Juvenex).
La misma soltura que ya demuestran en el monte: unos auténticos fenómenos.
Las presentaciones fueron escritas, respectivamente, por Ana González Caamaño y Adrián Fernández Martín.

Presentación de José Fernández González
José nació en La Adrada, un rincón de la sierra donde el monte no es paisaje, sino forma de vida. Desde que tiene memoria, el olor a jara, tierra húmeda y perro mojado ha sido parte de su día a día. Allí, entre encinas y barrancos, creció aprendiendo que el campo enseña más que cualquier libro.
Con apenas dos años, mientras otros niños jugaban con muñecos, él ya acompañaba a su padre a la perrera. A esa edad en la que apenas se alcanza a sujetar un cubo, José insistía en llevar el suyo para echarles de comer a los perros. Lo hacía con una seriedad que sorprendía a los mayores, como si entendiera que aquellos animales no eran solo perros: eran compañeros de trabajo, parte de la familia y el alma de la montería.
Su infancia transcurrió entre ladridos al amanecer y regresos al anochecer, cubierto de polvo, con las botas llenas de barro y el corazón lleno de historias. Aprendió pronto a distinguir el ladrido de rastro del de parada, a reconocer qué perro iba fino de nariz y cuál necesitaba más paciencia que regaños. Porque eso también lo aprendió pronto: en la rehala no manda el grito, manda el respeto.
Mirando a los mayores, entendía qué significaba ser rehalero: sacrificio diario, madrugones, amor por los perros y una conexión profunda con el monte
La montería no era para José una fiesta de temporada, sino un ritual que marcaba el calendario del año. Los preparativos, el cuidado constante de los animales, la espera del día señalado… todo formaba parte de una tradición que se transmitía sin necesidad de palabras. Mirando a los mayores, entendía qué significaba ser rehalero: sacrificio diario, madrugones, amor por los perros y una conexión profunda con el monte.
Mientras otros jóvenes soñaban con ciudades y pantallas, José soñaba con caminos de tierra, con el sonido de la caracola al romper el alba y con ver a su rehala trabajar un rastro limpio. Sabía que su pasión no se enseñaba en ninguna escuela; se llevaba en la sangre.
Hoy, José sigue viviendo en La Adrada, y sigue levantándose con la misma ilusión que aquel niño pequeño con su cubo casi más grande que él. Sus manos ya no son las de un crío, pero conservan la misma dedicación. Sus perros lo siguen con la misma lealtad que él les ofrece. Y cada vez que entra en el monte, siente que está exactamente donde debe estar.
Porque para José, ser rehalero no es una afición ni un oficio: es su manera de entender la vida.
Por Ana González Caamaño

Presentación de Julia Carapeto Haro
Julia creció entre ladridos, tierra y madrugones. Desde muy pequeña, la perrera fue para ella un lugar tan familiar como su propia casa. Mientras otros niños empezaban el día con dibujos y juegos, ella lo hacía acompañando a su padre al campo, respirando el aire frío de la mañana y escuchando el sonido inquieto de los perros que presentían la jornada.
Con apenas ocho años, Julia ya conoce cada rincón de la perrera. Sabe dónde duerme cada perro, cuál es más nervioso, cuál necesita una caricia extra y cuál se deja hacer sin protestar. Tiene un cuidado especial con los cachorros: les limpia el sitio, les cambia el agua, vigila que coman bien y se pasa largos ratos jugando con ellos. Para ella no son solo animales, son parte de su familia.
Acompañar a su padre a cazar no es una aventura ocasional, sino parte de su rutina. Camina a su lado por los senderos del monte con paso decidido, observando, aprendiendo en silencio. Presta atención a todo: al comportamiento de los perros, a las huellas en el suelo, al sonido del viento entre las encinas. Cada salida es una lección que guarda sin darse cuenta.
Julia ha aprendido que el trabajo de la rehala requiere paciencia, constancia y, sobre todo, cariño por los perros
En el campo, Julia se mueve con naturalidad. No le asustan el barro, el frío ni las cuestas. Ha aprendido que el trabajo de la rehala requiere paciencia, constancia y, sobre todo, cariño por los perros. Y eso le sobra.
Cuando vuelve a casa cansada y con las botas manchadas, lleva en la mirada la satisfacción de haber pasado el día haciendo lo que más le gusta. Porque para Julia, la perrera no es un lugar de paso, y la caza no es solo una actividad: es la forma en que entiende el tiempo compartido con su padre, el cuidado de sus animales y su conexión con el monte.
Julia es pequeña aún, pero ya tiene el corazón de una auténtica rehalera.
Por Adrián Fernández Martín
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