Jornadas de hermandad y XXV aniversario del Club Montero Charro

Durante los días 17 y 18 de junio, y con motivo del XXV aniversario del Club Montero Charro, tenían lugar en Salamanca unas jornadas de hermandad en las que se pudo disfrutar de un maravilloso fin de semana en torno a la caza.
Sobre las once de la mañana comenzaron a llegar goteados los asistentes al Mesón Restaurante Cuatro Calzadas, en las inmediaciones de Martín Amor, muy próximo a Salamanca.
Tras los primeros saludos, comenzó el fin de semana con una misa por los monteros fallecidos y después de la misma, partieron todos los asistentes al unísono para disfrutar de una tirada al plato en la que los miembros del club y sus invitados demostraron la destreza con la escopeta, y practicaron el tiro en estos meses de inactividad montera.
Para los más valientes, se preparó un recorrido de caza con arco en el que las risas estuvieron aseguradas durante todo el transcurso de la prueba.
Sobre las 14:30 horas regresaban los asistentes al mesón, donde degustaron una exquisita comida en la que no faltaron productos de la tierra, mientras las conversaciones en torno al mundo de la caza en general y de la montería en particular era la tónica en cada mesa.
Tras finalizar la comida hubo un tiempo de descanso, en el que se pudo disfrutar de una magnífica exposición de trofeos y fotografías que, durante estos veinticinco años de vida, los componentes del Club Montero Charro han podido ir recopilando. Entre estos había curiosidades como trofeos singulares, una magnífica colección de cuchillos de distintas procedencias y usos, y fotografías inéditas que hacían volver a la mente recuerdos añorados.
Sobre las 19:30 horas daba comienzo en el propio salón donde estaban expuestos los trofeos una charla coloquio, que abría el propio Francisco Robuster, presidente del club, presentando a los ponentes, Cesáreo Martín y Jesús Martín.
Comenzaba Cesáreo su ponencia sobre seguridad en la caza recalcando la importancia de tener un comportamiento ejemplar en el monte con los compañeros y con nosotros mismos, utilizando todas las medidas de seguridad posibles y prestando mucha atención al comportamiento con las armas. La charla estuvo enfocada básicamente en torno al mundo de la montería, dado que es la modalidad que por excelencia practica este grupo de cazadores.
Dio paso tras su ponencia a Jesús Martín Vaquero, director de la productora Nova-Toma, quien expuso la importancia de una correcta utilización de los medios de comunicación para fomentar la caza, tras la que vino un extenso coloquio con una gran implicación y participación de todos los asistentes, que aclararon conceptos en torno a la dignificación y el respeto por la práctica de una caza ética y de conservación de las tradiciones, y la importancia de hacer llegar a las personas que desconozcan el ejercicio cinegético, una imagen correcta del mismo.
Como el coloquio se extendió, el vino de honor se sirvió sobre las 22:00 horas, demorando un poco la cena que comenzó un más tarde de lo previsto.
En la cena continuaron las conversaciones en torno a las ponencias que se habían recibido y tras la misma, Francisco Robuster hizo entrega de unos detalles a todos los asistentes y de los trofeos al mejor tirador de plato de la mañana, que fue para Manuel Santamaría, tras el desempate con José Manuel Hernández. También hubo plato para el mejor arquero, que fue para Luz María Sánchez Ávila, tras completar un recorrido de caza excelente.
Tras el sorteo de obsequios cedidos por las distintas casas colaboradoras, se despedían hasta la mañana siguiente.
La jornada del domingo comenzaba con el desayuno en el propio mesón, para partir en autobús hacia El Cuartón de Inés Luna, donde esperaba una intensa jornada de palomas.
Allí, todos los componentes del club disfrutaron de una magnífica tirada de palomas, y a pesar del calor que azotó intensamente durante todo el transcurso de la jornada, no cesaron en el empeño de compartir una muy divertida convivencia de grupo que se prorrogó en el tiempo hasta bien entrada la tarde, dando su fin pasadas las 16:00 horas, asemejándose a una jornada de media veda más que a una tirada.
Tras la misma, esperaba una paella magníficamente aderezada por la propia posada, donde todos los asistentes repusieron fuerzas y tras la que vinieron otras delicias culinarias.
Tras la comida llegó la hora de la despedida de los que no habían llegado hasta allí en autobús, y el deseo de que pase pronto este período de inactividad montera para volverse a ver era latente y tónica general en todas las conversaciones.
El fin de las jornadas había llegado y con las debidas felicitaciones a la organización, por el mimo y el cuidado con que se había llevado a cabo todas las actividades se despedían todos los asistentes, quedando con ganas de volver pronto, mientras partía el autobús de vuelta a Salamanca.

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