Los tres mosqueteros

 

Claro que no, lector; claro que no es lo mismo tirar un cochino que pasa un cortadero como una flecha a 15 metros de nuestro rifle, que un rebeco mirando hacia nosotros a 250. Tanto la técnica de tiro, las aptitudes personales como, sobre todo, el arma que tengamos en las manos, jugarán a favor o en contra, pudiendo hacer de estos lances tan sencillos como comprometidos. Escúcheme un momento, verá claro a lo que me refiero. La temporada pasada utilicé, cazando, al menos quince rifles distintos: cerrojos rectilíneos y convencionales, express y semiautomáticos, monotiros, montados con diferentes visores, puntos rojos e incluso sólo con elementos de puntería metálicos. Tiré bastante tanto en rececho como en monterías, batidas y esperas. 

 

La cuestión es que al final de temporada cazábamos en Alcuescar Las Mengachas, una preciosa finca cochinera. Las nostalgias personales de tratar de sacar al campo todos los compañeros de armero, al menos una vez por temporada, me empujó a llevarme el PFK Warszawa del 8×57 JS con su Hensoldt 4×32, su retícula nº 1 y munición Blaser CDP. Llovía y al final de la montería latió un podenco dos veces en el apretón de la izquierda, luego ya una ladra que, poco a poco, se nos acercaba y me preparé. Entre un monte claro vi al cochinete que me venía derecho. Estudié perfectamente como jugarle el lance. El cortadero era ancho, así que nada más que pasase la encina del borde le metería los 196 grains en el costillar. Salió a cascaporro, al trote, justo por donde estaba previsto y aún lo estoy viendo correr… 

¿Qué pasó? Sencillamente, que me costó tanto meterlo en el visor que, cuando por fin lo conseguí, sólo tuve tiempo ya para un tiro precipitado e impreciso. Un rifle customizado en los años sesenta, con una culata hecha para tirar con punto y alza, al colocarle visor, obliga al tirador a levantar mucho la cara. Este defecto, que conozco bien, se acentuó en esta ocasión con una distancia tan corta a la pieza que mermaba el campo óptico, sumado a ello una inmediatez del lance que no permitía dudas. Vamos, concretando, que se me fue entre las partes. Aún recuerdo que mientras miraba desconcertado las jaras por donde se perdió, escuchaba de fondo a Goyito diciendo: «¡Pero qué has hecho, si es imposible fallar eso!». El ejemplo es un claro aviso de lo que nos puede ocurrir si no utilizamos el equipo adecuado. Técnicamente, a priori, el elegido en aquella ocasión se amoldaba perfectamente a los requerimientos de modalidad y pieza, salvo en un detalle suficientemente importante como para tirarlo todo por tierra. ¿Cuál? Sencillamente, la captación de puntería. Ya vamos concretando, diferenciemos, entonces, dos grupos de modalidades: por un lado, las de acoso –batidas, ganchos y monterías– y, por otro, recechos y esperas.  

 

Monterías, ganchos y batidas

Si le digo que nos encontraremos, en general, con puestos medios y cortos o que las piezas, en movimiento, atravesarán nuestro tiradero sin darnos tiempo para recrearnos, no hago otra cosa que recordarle lo que usted ha vivido tantas veces monteando. El lance, en muchas ocasiones, es de oído, requiere destreza y, sobre todo, decisión; de otra forma, lo más fácil es ni siquiera llegar a tirar. ¡Ya está, lo tenemos! Necesitamos alta facilidad para la captación de puntería y rapidez máxima en la repetición del disparo. ¿Qué arma nos da eso? Escrupulosamente, ni más ni menos que una escopeta de caza con cartucho de bala. Encare más rápido no existe, elementos de puntería más sencillos e intuitivos imposibles de superar y rapidez de repetición máxima… Lo que ocurre es que su distancia de uso es tan crítica que, salvo en puestos cortos o escopetas muy especializadas, no es lo más aconsejable. 

 

Centrándonos, entonces, en el rifle, la primera premisa la cubren los puntos rojos y holográficos, los visores de batida y los elementos metálicos específicos. Sobre estos últimos hay poco que decir. Conocidos y muy usados por ser los órganos convencionales de los clásicos para caza mayor peligrosa, las alzas en ‘V’ muy abiertas, los puntos en torpedo, junto a las nuevas combinaciones con fibras ópticas muy visibles y en diferentes colores, suman velocidad y una aceptable precisión, suficiente para abatir limpiamente la pieza sin perder soltura. 

 

Respecto a holográficos y puntos rojos sólo puedo decir que estamos ante los sistemas más avanzados y eficaces para una rápida toma. La característica que los hace tan válidos está en superponer en el mismo plano pieza y nodo de puntería, sin prácticamente ningún aumento, con muchísimo campo y distancia del ojo al ocular. 

 

Para su correcto uso debemos disparar con los dos ojos abiertos y, por ello, los aumentos deben ser lo más próximos a 1x; es decir, carecer de amplificación de la imagen. Una buena óptica, que aproxime la imagen del aparato lo máximo posible a la que captamos con el ojo desnudo, facilitará que veamos la escena de forma natural, siendo el punto o retículo, entonces, sólo una parte más de ella. Deberemos tener cuidado con la intensidad del punto, debiendo estar lo más baja que nos permita nuestro ojo. Debe dejarse ver sin esfuerzo, pero sin deslumbrar. 

 

La parte crítica de estos sistemas está en su montaje. Todas las ventajas que supone para un disparo rápido desaparecen si, al encararnos el rifle, tenemos que levantar la cara perdiendo naturalidad. Para que funcione correctamente han de formar un todo con el rifle, de manera que al encarar aparezca toda la escena, con retículo incluido, frente a nuestros ojos. 

 

A alguno de ustedes podrá parecerles demasiado limitado su uso por carecer de aumentos. Realmente piense que donde va el proyectil es al medio del punto, por lo que, suponiendo que lo correcto en un hipotético lance sea ponerlo encima de la pieza, la tocará con seguridad. De todas maneras, su límite práctico rondará los 150 metros o poco más, aunque aquí jugará, fundamentalmente, la habilidad personal. He tirado en muchas ocasiones a dianas colocadas a 100 metros y, si el sistema está bien reglado, siempre entran los impactos dentro de un círculo de 10 centímetros de diámetro. Esto significa que a 150 m entrarán en uno de 15 cm, suficiente si apuntamos correctamente para dejar en el sitio cualquiera de nuestras piezas de caza. 

 

Finalmente, los visores de batida son algo más lentos, aunque permiten, por el contrario, cubrir puestos más largos con mayores garantías, no olvidemos que suelen tener un mayor rango de aumentos. No son tan intuitivos como los anteriores, sencillamente porque son más ‘todo uso’, con una sensación de tubo o de diferentes planos algo mayor. Al igual que ellos, necesitaran de montajes muy bajos si queremos sacarles un rendimiento real aceptable, pudiendo extrapolarles también lo dicho sobre la intensidad luminosa de la retícula. 

 

Recechos y esperas

Las diferencias del equipo son notables. En rececho la precipitación del lance suele desaparecer porque la pieza es descubierta a larga distancia y, tras el acercamiento, el disparo suele ser calmado. Aquí prima la precisión. El visor será quien mande por encima de cualquier otro sistema de puntería. Dependiendo de la pieza variaran el tamaño de objetivo y el rango de aumentos. Lo que antes era considerado como la combinación universal, el 1,5-6×42, hoy ha quedado relegado subiendo el número de aumentos en las combinaciones todoterreno. Lo habitual para ellas es ahora un mínimo de 2,5 a 3 aumentos con un máximo que se encuentre entre los 9 o 10 aumentos y un diámetro mínimo de 42 mm. Con estas combinaciones se puede tirar lejos y cerca, recechar sin problemas en disparos largos y cazar en acoso en puestos medios y cortos. 

 

Volviendo sólo al rececho, personalmente prefiero más aumentos, al menos 12x, pues llegado el momento de tirar lejos siempre nos dan un poco más de tranquilidad. El objetivo para un uso general en rececho también lo prefiero algo mayor, de 50 o 56 mm, pues nos dan una luminosidad extra muy interesante en disparos en malas condiciones de luz. Sólo aconsejo diámetros de objetivos menores cuando se trata de equipar rifles únicamente para alta montaña. Entonces, los diámetros de 40 o 42 mm son mis preferidos: restan peso y, teniendo en cuenta un lance previsiblemente con buena luz, nos dan claridad mas que sobrada. 

 

Sobre la colocación de la retícula prefiero los primeros planos focales: son mucho más visibles e intuitivos y dan toda la precisión que un cazador puede necesitar, ¡toda! Es muy desagradable, cuando llega el momento de jugar el lance, encontrarnos, por una mala incidencia de la luz, incapaces de ver correctamente la cruz filar. No se puede ni se debe confundir el tiro de precisión sobre dianas con la caza. Nuestro componente práctico no existe en las disciplinas deportivas.

 

¿Qué rifle es el adecuado? La prueba

¿Qué sistema es, entonces, el adecuado para cada modalidad? Para recechar no se engañe ni permita que lo hagan con usted quienes descarten a priori todo lo que no sean cerrojos o monotiros. Al menos, sobre lo relativo a precisión, nos la darán suficiente, escuche bien, prácticamente todos los sistemas. 

El problema está más en el disparador o en la recámara que monte que en el acerrojamiento utilizado. Le voy a poner un ejemplo: piense en un moderno semiautomático recamarado en un  .300 Winchester Magnum con un disparador moderno con poco peso de escape y recorrido, un cañón de 22” o más y montando un visor de 3-12 x56… Dígame, ¿no sirve para recechar? Pues claro que sí, hombre, y para tirar a 500 metros, le juego algo, además, a que a 100 m monta los tiros uno encima del otro. Tiene muchas más limitaciones un cerrojo para montear que el semiautomático del ejemplo para recechar y sume cuántos cerrojos van de montería. Este ejemplo podemos extrapolarlo a palancas como el BLR probado, a los express –siempre que regulemos el visor con un solo cañón– y, por supuesto, a los de corredera. 

 

Lo que ocurre es que, lógicamente, un cerrojo ligero y compacto o un buen monotiro, cuentan con todos los elementos para ponernos muy fácil el extraerles precisión; de hecho, son rifles desarrollados para ello, para recechar. Culatas pensadas y equilibradas para tirar con visor, disparadores directos ajustables o pelos, marcan diferencia ergonómica con los estándares de otros sistemas, facilitándonos enormemente hacer puntería en disparos reposados. 

 

Está claro, entonces, que quienes se quieran comprar un rifle sólo para recechar, de los tres propuestos el Heym SR-30 se lleva la palma. Otra cosa muy distinta es acotar el arma para batidas y monterías, el sistema adecuado que nos permita una gran rapidez en la repetición del disparo. De los tres elegidos –semiautomáticos, palancas y cerrojos rectilíneos– cualquiera de ustedes, a poco que sea objetivo, es capaz de escalar su comportamiento. Aun así, me tomé la molestia de desplazarme al Club de Tiro de Ensidesa, en Gijón, y poner en balanza su capacidad de repetición. La idea era medir el tiempo que tardaría en hacer tres disparos a la mayor velocidad posible. Imaginando el lance de la pieza o piezas que cruzan el cortadero a toda pastilla, el tener la posibilidad real de secundar puede ser la diferencia entre el éxito o el fracaso. 

 

Para hacer la prueba lo más aséptica posible, desmonto visores y puntos rojos, dejando los tres rifles sólo con sus elementos de puntería metálicos. Mi deseo era que todos los rifles fueran del mismo calibre, pero, al final, el distribuidor del Browning BLR sólo pudo enviarme un ejemplar recamarado para el .308 Winchester, con un retroceso algo más suave que los otros dos, ambos en .30-06 Sprgf. 

 

En esta ocasión, el modo de cronometraje es distinto, grabándolo para luego medirlo sobre la imagen, sobre los picos de audio, evitando el posible error que puede cometer el encargado del reloj. Alimento primero el Heym SR-30 Jabalí, dos Brenneke TOG de 165 grains en el cargador, uno en la recámara. La diana está a 25 pasos. 

 

Apunto a pulso y, sin pensarlo, abro fuego y voy repitiendo hasta vaciar el cargador. Es fácil cerrojear; la expulsión, violenta y lejana. Me queda un poco larga su culata, pero, incluso así, veo que la secuencia es muy rápida. Hago otras dos series más con muy poca diferencia entre ellas, como norma puedo decir que tardo tres segundos. 

 

A continuación, alimento el BLR con tres RWS Speed Tip de 165 grains. Alimentado y me dispongo para la acción. Me cuesta pegarle duro, pero haciéndolo, responde. El mejor tiempo después de cuatro series es de 2,5 segundos. Finalmente, cargo la recamara y el cargador del Sauer S 303 Classic con tres Geco Express de 165 grains. Disparo tres veces lo más rápido que puedo. El retroceso es suave. Tardo sólo un segundo. La diferencia es notable: por mucho que nos esforcemos con un sistema manual, el semiautomático es mucho más rápido. 

 

No hay duda, los cerrojos rectilíneos e, incluso mejor los rifles de palanca, pueden darnos un buen rendimiento en montería y batida. Sin embargo, llegado el caso de un lance como el propuesto, donde necesitemos repetir muy rápido en un corto espacio, los semiautomáticos se desmarcan a gran distancia. En el tiempo que disparamos tres veces con el Heym, con el BLR habríamos hecho 3,6 llegando con el Sauer a realizar hasta 7,5. Ya ve, no hay color, triplicando prácticamente a cualquiera de los otros dos. 

 

La conclusión es sencilla y evidente: si usted quiere ser lo más efectivo posible en batidas, ganchos y monterías, el semiautomático es su arma. Colóquele un punto rojo montado muy bajo y tendrá el equipo perfecto para estas modalidades. No creo descubrirle nada nuevo, pero, sin duda, por favor, trate de rebatir con argumentos puramente técnicos, ya vera como no es capaz.  CyS

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