Tirar con bala, todo un ejercicio de concentración absoluta

 20120605-bala-AperturaPor Michel Coya

Lentamente, Graciano, colocó la mochila sobre la peña. Sin mirarme, en completo silencio, estiró el brazo hacia mí indicando con la mano que me acercara. A través del visor apareció la imagen del rebeco. A poco más de 200 metros pastaba tranquilo ajeno a nuestra presencia. Apresuradamente, con esa impaciencia atropellada del principiante, traté de fijar la cruz sobre la paleta… «¡Apóyame bien los codos, nenu!», resonó lapidaria la orden del maestro. Finalmente, no llegué a disparar, pero le aseguró que la lección que me enseñaron aquellas palabras, ha tenido más valor que el que me hubiese dado el mejor de los rebecos.

¡Ve! Eso debe ser el tiro de caza, un cóctel de técnica, de metodología, de aprovechamiento positivo de las ventajas que el medio nos brinda. Un cazador entrenado, si además es capaz de reconocer y utilizar lo que la naturaleza nos regala en el momento del lance, es un cazador con muchas posibilidades de tener éxito. Estudiemos hoy un poco de este complicado campo, a sabiendas de que aunque se trate en ocasiones de restar importancia, dependerá finalmente de ello que la jornada vivida sea absolutamente inolvidable o no. Un matador que falla con la espada, difícilmente cortará trofeos.

Tranquilícese, no voy a ser yo quien le aburra con un tedioso ensayo sobre el tiro con rifle. Como mucho, me permitiré la licencia de contarle cuales son esos pequeños detalles o trucos que a mi me han funcionado, pues le adelanto, que después de las primeras lecciones básicas que recibí de mi padre, al que perdí aún siendo niño, el resto del camino ha sido enteramente autodidacta. Ahora, mirando hacia atrás, reconozco que la afición heredada y acuñada en lo más profundo del sentimiento, compensó como pudo la falta, siendo finalmente mis únicos maestros la lectura y el tesón, arropado en todo momento, eso sí, por una madre dedicada en cuerpo y alma a apoyarme en todo aquello en lo que creyese de verdad. Al igual que seguramente usted, comencé disparando con aire comprimido. Aquel fin de curso de 6º de EGB fue muy especial. Casi no había llegado con las notas a casa y ya estaba de la mano de mi madre camino de la Armería Calzas, situada en aquellos tiempos en la placentina Calle del Sol. La Nórica del 5,5, el regalo prometido por unas buenas notas, fue mi primer arma, sin duda, la más importante. Con ella aprendí todo lo que personalmente considero básico en el tiro con bala, ¡sí!, ha leído bien, en el tiro con bala. Podrá parecerle que una simple carabina de perdigones está muy lejos de lo que luego nos va a dar, por ejemplo, un rifle de fuego central, pero si lo analiza detenidamente verá que es exactamente lo mismo. Encarar… parar… tensar… eso es, simplemente, el tiro con un solo proyectil, sea este un diábolo del cinco y medio o una Swift Scirocco 180 grains del .300 R. Ultramag.

La simpleza aparente de estros tres pasos, se complica a medida que nos decidimos por la inmersión en el estudio de cada uno de ellos. Encarar es el acto de subirnos el arma al hombro y posicionarla para el disparo… espere, se me olvidaba puntualizarle una cuestión sin duda muy importante: todo aquello que va a leer, trata exclusivamente sobre el tiro de caza con bala y visor, no coincidiendo en muchos aspectos con el tiro de precisión y, por supuesto, sin tener nada que ver con disciplinas de escopeta.

Venga, vamos al tajo. Al encarar, que sea siempre el arma quién busque la cara, que trabe en su pómulo, sin tener que ser usted quien se agache para encontrar la línea de tiro. Tal vez, de esta manera, pueda quedarle la cantonera de la culata algo arriba, pero le aseguro que ganará en naturalidad, el aspecto más importante para lograr dominar este difícil campo. Siempre que tras el encare la posición lograda sea muy cómoda, algo así como el rodar redondo que dicen en ciclismo, estará en el camino correcto. Debe sentirse a gusto, natural, evitando posturas incómodas que le obliguen a estar en tensión. Las manos deben sujetar la culata con decisión pero sin apretarla en exceso. Sujete para que no se le escape, pero piense que si aprieta el pistolet como si fuese a de dejar marcados los dedos en la madera, con absoluta seguridad acabará dando un gatillazo. Sobre la posición de la mano delantera donde reposa el guardamanos, no la coloque ni demasiado adelante ni demasiado atrás, un punto intermedio entre la usada en precisión y la habitual en plato, huyendo por supuesto también de apretar en exceso. En el caso de tener que disparar apoyado, clásico tiro de rececho, como me decía Graciano, apoye bien los codos. Repose el guardamanos sobre algo mullido y prescinda si puede de sujetarlo. Si como en mi caso no puede evitarlo, hágalo suavemente, como acariciándolo, transmitiéndole la menor fuerza posible.

Encarar rápido con visor requiere cierto entrenamiento, pues la pieza debe aparecer instantáneamente en el visor al echárnoslo a la cara. De no ser así, el tiempo que perderemos en buscarla acabará en muchas ocasiones por robarnos la posibilidad de llegar a tirarla. Por supuesto, lo primero que hemos de hacer es tener el arma dimensionado a nuestro físico. Culata y pistolet deben quedarnos como un guante. La mejor manera de comprobarlo es encarando con los ojos cerrados comprobando al abrirlos que la imagen del visor está completa y centrada. Sitúese siempre con los pies perpendiculares a la línea de tiro y sepárelos más o menos a una distancia similar a la de sus hombros.  El peso total del rifle, con el visor montado, debe ser tal que nos permita un manejo fluido. De nada nos servirá tener uno magnífico si no somos capaces de mantenerlo a pulso. Por ello, cuando se decida a comprar, además de que le guste, encáreselo y valore objetivamente su capacidad personal para mantenerlo apuntado.

La única forma de conseguir llegar a encarar correctamente con visor es practicando. En casa, partiendo de guardia baja, encare y apunte: una taza, un cuadro, un pomo, una lámpara… todo sirve. Irá comprobando como poco a poco cada vez tardará menos en tener la cruz sobre ellos, hasta llegar un momento en el que directamente caerán bajo la retícula sin necesidad de corrección alguna. Aproveche cualquier ocasión para practicar el encare. Obviamente las monterías y batidas le brindarán una estupenda oportunidad, encare sobre las ciervas, sobre conejos, siga pájaros. Pronto se dará cuenta que el miedo a no encontrar la pieza habrá desaparecido.
Tras el encare viene la parada. La retícula debe descansar suficientemente quieta sobre la pieza. Con visor, sabe tan bien como yo que percibimos como si nuestro pulso bailase más, aunque a decir verdad, el movimiento es el mismo. Lo que ocurre es que estamos viéndolo ampliado en la misma magnitud que aumentos tengamos en ese momento en el visor. Pues bien, hemos conseguido ya un encare perfecto y necesitamos que nuestro rifle tiemble lo menos posible durante unos pocos segundos.

Llega ahora el turno a la respiración. Si tenemos nuestros pulmones llenos de suficiente aire, durante un pequeño lapso, el ritmo cardíaco disminuye con la consiguiente mejora en nuestro pulso. Por ello antes de disparar, inspire, soltando lo suficiente para no encontrarse inflado. Personalmente lo que hago es inspirar sólo un poco, lo justo para encontrarme totalmente saciado y cómodo, llegando entonces el momento de afinar con el disparador; éste, no me cansaré de repetirlo, es la parte más importante de un rifle. Por muy buen cañón que monte, por muy ajustada a nuestras medidas que esté la culata, si el disparador no es bueno, difícilmente podamos sacar un rendimiento medianamente aceptable. Reconozco que tanto probar armas, suple de alguna manera esta carencia, pero así todo, con un mal disparador los resultados nunca pasaran de mediocres. Piense que en tiro la mayoría de los errores cometidos es por gatillazo y, por ello, un correcto manejo de este punto va a marcar la diferencia. Sitúe la cola del disparador justo detrás de la yema del dedo índice, y oblíguese a entregar una presión uniforme, dirigida siempre hacia el hombro y paralela al eje del cañón. Acaba de inspirar y tiene parada la retícula sobre la pieza, en unos pocos segundos el disparo debe salir o por el contrario la falta de oxígeno comenzará a acelerar el pulso. Un truco, como ya le conté otras veces, consiste en comenzar a contar lentamente a medida que la presión sobre la cola del disparador va aumentando, debiendo producirse el disparo entre el cuatro y el seis u ocho… más allá, al menos yo, desisto por la pérdida de calidad en la parada. De todas maneras el tiro es ante todo cabeza. Mire, le voy a poner un ejemplo del que podemos extraer un interesante truco, ¿no ha notado que cuando apunta con un arma descargada para mucho mejor que cuando la recámara está alimentada? Ya ve, la presión del posible fallo hace que perdamos la compostura afinando menos de lo que nuestra capacidad nos permite. Aprovechémoslo, nunca piense en el disparo, céntrese en apuntar de la misma manera que cuando el rifle está descargado. Le aseguro que se puede hacer y además da resultado.

Prácticas y entrenamiento
Tirar no deja de ser un deporte. Cuanto más practiquemos, mejor que mejor, siendo además lo lógico ir pasando de armas menos potentes a otras más capaces a medida que vayamos creciendo en conocimientos y destreza. Personalmente así lo he hecho, y aunque nunca ha sido un camino premeditado, estoy totalmente seguro que es el correcto. Los comienzos, como ya he comentado, fueron con aire comprimido. En un tiempo más rural, más cercano al campo, la carabina de perdigones se pasaba todo el día entre las manos. Cuando no era un mirlo, era un gorrión, cuando no era una lata, era una flor, un gato, un guijarro. Apoyado, a pulso, de rodillas, tumbado… al final me pasaba todo el tiempo disponible tirando, practicando, regulando el pequeño 4×20, afinando el disparador, probando a diferentes distancias. Tal llegó a ser el ‘vicio’, que entre los disparos más gratificantes de mi vida, en lugar de honor están una abubilla en El Puerto y una rana en El Jerte. Analizados con la frialdad del tiempo, ambos ponen de manifiesto como el conocimiento del arma, de su trayectoria, alargaba su distancia práctica de uso mucho más de lo que en teoría pudiésemos creer. Acertar a una ‘pieza’ de las dimensiones de estas a 70 u 80 metros, con la corrección en altura justa, era algo así como la superación del reto, del hilar más fino, el visionado de la luz al final del túnel.

Actualmente sigo practicando en casa con mi querida Nórica. Sólo necesito 10 metros y un tragabalines. Si no dispone de esa distancia, reduzca las dianas. Créame, dedique a ello 15 o 20 minutos todos los días que pueda, es la mejor y más barata manera de conseguir andar fino. Luego, sin dejar apartada la escopeta de perdigones, vino a acompañarla el Onena 500 del .22 LR. Con este pequeño cartucho he disfrutado mucho, con él todo era más fácil, tiraba más lejos, había que corregir menos, ¡cómo caían los cuervos y las urracas! Los 100 metros se cubrían sin problemas, llegando entonces la Browning Auto 22 a enseñarme a manejar con soltura una semiautomática. No me diga que no da gusto quemar cartuchos haciendo puntería sobre botes en alta cadencia. Si no lo ha hecho nunca, pruébelo, es un ejercicio absolutamente recomendable. Coloque latas separadas y a diferentes distancias y dispare a pulso alternativamente. Verá como poco a poco será capaz de corregir y acertarlas. El .22 ayuda al cazador de mayor a entender que es muy sencillo llegar a blancos alejados, con la ventaja añadida de su nulo retroceso y mínimo ruido. Ello permite una concentración más alta, una puntería más fina, disipando los miedos que cuelgan de comportamientos bruscos y fuertes estampidos que exigen una mayor experiencia al cazador. Por ello, con el veintidós es fácil tirar bien, sacando muy a menudo resultados que difícilmente conseguiremos con rifles más potentes. La mayor desventaja de este pequeño gigante está en lo curvo de su trayectoria. Si tiramos mucho con él y llegamos a dominarlo, es fácil que podamos caer en correcciones excesivas cuando tiremos con nuestro compañero de caza mayor… ya ve, de uno en otro hemos llegado por fin a nuestra herramienta habitual.

Si quiere ser medianamente efectivo ha de estar familiarizado con su rifle, habituado al tacto del disparador. Encararlo ha de convertirse prácticamente en un acto reflejo. Diríjase al campo de tiro y queme una caja de cartuchos siempre que pueda, pero no solo dispare apoyado, hágalo también a pulso. En mesa utilice sacos o torretas y concéntrese en lograr buenas agrupaciones, intente ganar seguridad en su herramienta. Por desgracia las canchas son muy seguras pero no dejan excesiva movilidad, tienen por lo general poca distancia y casi exclusivamente se dispara sobre diana. Tirar con un rifle a 100 metros sirve pero se queda excesivamente corto para sacarle el jugo.

Le contaré una anécdota. Llevo un par de años tirando en los veranos con mi amigo Antonio Alonso Cárdenas. En un acotado con alto nivel de seguridad colocamos dianas, botellas y garrafas llenas de agua, variando las distancias entre los 100 y los 500 metros. Las primeras ayudan a ver donde impacta el rifle a la distancia elegida, las segundas prueban la habilidad personal. Estas últimas tocadas por los 187 grains del 8×68 S revientan saltando por los aires, la prueba más sencilla para saber si el disparo ha sido bueno. Elija finalmente el método que elija, ponga como condición fundamental que sea divertido. Practique con horquillas y bípodes, dispare de rodillas, ponga en práctica las técnicas que luego usará en el monte pero no olvide que cazamos y tiramos porque nos divierte, porque lo pasamos bien, si no es así, difícilmente volveremos a repetir.

Conclusión
No busque excusas, las carencias de espacio y tiempo las podemos sustituir con el aire comprimido, nuestro mejor aliado. Hágase una diana a su medida y todo lo reposadamente que pueda, encare, pare, tense… apunte los resultados, poco a poco irá viendo como la confianza aumenta, como el nivel de tiro mejora. Practique con el .22 LR, con su rifle habitual, no desaproveche ninguna oportunidad de quemar unos cartuchos. Tirando al aire libre extreme las medidas de seguridad, proteja siempre los oídos, la pérdida de audición no se recupera nunca.

Tirar es ante todo un ejercicio mental, una lucha encarnizada con nosotros mismos. La ausencia de movimiento, la posición estática, la frialdad capaz de abstraernos del resto del mundo, el nada me afecta. A mí me ha servido, se que puedo fallar pero no lo haré…

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