Tres de los cinco grandes… (Tercera parte)

356 - Tres de los cinco grandes (5)

Son las cinco de la mañana del 5 de septiembre. Día noveno de caza. Todo el mundo está corriendo. Café y carretera. Se hace de día y ya estamos sobre las huellas de ayer. Busca que buscarás, no encontramos más que las de vuelta a la concesión de al lado. Ningún otro paquidermo se metió en casa… Mal rollo. Malas caras. Mala sombra…

Decidimos seguir en el fly camp hasta que penetraran… si lo piensan hacer… ¿Quedarnos? Nos llaman de Kawanda Camp con el discurso de que un leopardo grande (que ya conocíamos, el de la maderita de la huella) que hemos cebado y que no había entrado al trapo, lo ha hecho. Se ha comido el cebo que ya habíamos dejado para las hienas. ¿Quién decía que estábamos de mal humor? ¿Quién decía que nos quedaríamos en el fly camp?

Tomamos una frugal comida y preparamos los trastos para volver a Kawanda Camp. Mientras, Pedro nos lleva a un poblado próximo donde prometió llevar una pelota de fútbol. Allí los niños nos regalan una canción que no olvidará nadie. Nos recibe el alcalde. Discursos y todo. Nos vamos con la chiquillada entonando el estribillo. Sólo por vivir aquel momento, merece la pena hacer el viaje…

356 - Tres de los cinco grandes (1)Volvemos al campamento y, con todo el oleaje del lago y nuestra resistencia a navegar en estas condiciones, partimos cazadores y PH’s con parte del equipaje en la lancha a Kawanda Camp. El resto del ‘ejército’ va por carretera con el mismo destino. A las 16:00 horas estamos en Kawanda. Mientras, Pedro ha montado la logística del acecho al leopardo por radio. Ya en el campamento, rehúsan de mi concurso en tan peligroso lance. Vamos, que no me dejan ir…

Estaba yo escribiendo unas notas, cuando llegó Raúl, el cocinero, temblando: «¡Han cazado el leopardo!». Cojo la cámara, la pickup y… a documentar el evento.

Era una noche tan oscura como las anteriores y, de lejos, noto los gritos entusiastas y luces de linterna. Vivas y chillidos van creciendo según nos acercamos. Ya, sobre la zona, asoma la silueta del gato. Fantástico. Grande. Feroz… Risas y abrazos. Cargamos el leopardo, al que le suponemos más de 55 kilos, y lo llevamos al campamento.

Me explica Joan que el lance fue fantástico. El leopardo llegó a los 35 minutos de estar él sentado en el blind, en compañía de Santiago y de Pedro. Todavía había luz diurna. Vieron como se acercaba al cabrito/señuelo. Le costó a Joan localizarlo y lo hizo tras un destello fugaz de la linterna de Pedro. El leopardo no le mostraba la paletilla, a la vez que se iba cerrando la noche. En un momento dado, el leopardo se giró y miró hacia el blind. Pareció que iba a dar un brinco y desaparecer en la oscuridad… En el momento que le enseñó a Joan la paletilla… ¡patam!, sonó el disparo: una bala Swift A Frame de 300 grains descolgó al felino del árbol. En el suelo, hay un bosque de hierba y… lo pierden de vista.

Los profesionales se resisten a salir del blind. Finalmente lo hacen, tres cuartos de hora después del tiro. Se acercan a las hierbas donde cayó y allí lo encuentran.

Hecha la calma, cenamos y… a la cama. Estábamos planchados.

Empezamos a ver el objetivo final, con alguna posibilidad de éxito. Ello ocurrirá si finalmente acaban ‘entrando’ los elefantes. Si no lo hacen, quedará todo en un fracaso. Anuncia Santiago que no volveremos al fly camp mientras no nos comuniquen que han entrado, la gente que está sobre el terreno.

6-09-2013. Día 10

Calma y quietud. Desayunamos y hacemos todo lo que no hemos hecho estos días. Los pisteros desollan el felino. Nosotros decidimos almorzar la paella que nos ha propuesto Santiago. Hemos hecho una soberbia siesta. Luego, nos hemos dedicado a construir una férula de Stack para una lesión que se hizo Zacarías antes de que llegáramos. Bajo mi dirección construimos con un tubo de riego de PVC la susodicha férula. Tras unas pruebas fallidas, logramos un prototipo al que no le hubiera hecho ascos ni el mismo Stack. Zacarías, más contento que unas pascuas con su cachivache.

El tema de conversación en Kawanda Camp es el elefante. Pedro, con el teléfono vía satélite habla cada día con los directivos de la concesión. Joan está que trina. A partir de recortes de conversaciones, nos enteramos de que el director de la concesión vecina –donde viven los paquidermos que perseguimos- y los dueños de la concesión en la que cazamos, andan de pleitos.

Esto, como era de esperar, ha puesto las cosas ‘fáciles’. Y así se comprenden las vicisitudes por las que nos llevó esta circunstancia.

356 - Tres de los cinco grandes (3)Puestas así las cosas, Pedro nos comunica –previo pacto con los responsables de la concesión– que, sin coste adicional, podemos quedarnos el tiempo que sea en la concesión hasta que cacemos el elefante. O podemos marcharnos y volver cuando los elefantes vuelvan a aposentarse en la concesión… Ambas soluciones nos parecen –a Joan y a mí– poco atractivas.

Finalmente, siento al staff y le doy un sermón. Lo hago para quitar presión a los PH’s y a los pisteros que, de una manera u otra, también la reciben de sus mandos. Les digo que hemos venido a hacer un safari de elefante y que aquí no hay. Que éstos están en la finca de al lado y no son muchos, que han entrado alguna vez en nuestra concesión y, acto seguido, se han vuelto. Que si habitualmente entran a principios de agosto y se quedan en la concesión que cazamos, y este año no lo han hecho así, puede ser que tarden seis semanas más o que este año se hayan ido a ‘veranear’ a otro sitio. Yo me voy el día 12, como teníamos previsto.

Pedro se sincera y cuenta lo del lío del pleito y que la sentencia había salido ¡hoy!, por cierto, favorable a la concesión española, pero que, aún siendo el peor día para ir a pedir un favor al vecino, lo haría por nosotros… Hemos cenado un poco mustios y a dormir…

7-09-2013. Día 11

Tras desayunar, llegan noticias poco estimulantes de los elefantes. Deciden que hemos de volver al fly camp, pero no cuándo. De hecho, no están nunca los elefantes en la zona de Kawanda Camp. Cuando están –no ahora– lo hacen cerca del fly camp. ¿Qué hacemos aquí…?

Mientras almorzamos, nos comunican que nos vamos a la zona donde debiera haber elefantes. Después de la comida, cogemos la lancha y, con un buen oleaje, vamos hasta el fly camp. Montamos la parafernalia habitual, y nos vamos a pistear. Certificamos que allí no hay elefantes. Lo dicho, entran de noche a beber y comer y se marchan de madrugada.

Pedro decide ir a negociar con el vecino sudafricano. Nos cuenta que antes tenía una excelente relación con él. Pacta que pactarás, el sudafricano autoriza a cazar dentro de su concesión, sin restricciones. Se nos queda, a casi todos, cara de pavo.

El fiscal Aarón pide autorización a sus superiores para que la licencia de elefante, que ya pagué antes de iniciar la cacería, sirva para la concesión vecina. Lo autorizan. Este gesto lo repite cada día que cazamos fuera de nuestra concesión, siempre con el mismo resultado.

Al grito de: «¡Nos quedan cuatro días, esto ya está hecho!», nos vamos al campamento. A cenar y a dormir, que mañana es el gran día.

8-09-2013. Día 12

04:30 horas. Café y carretera. «Hoy, sí». Salimos a la carretera y vamos directamente a la concesión vecina, a más de una hora de distancia, a recoger a un pistero que nos acompañará hasta el éxito o durante los cuatro días, caso de que no lo hubiere. Volvemos a nuestra concesión y, en el límite de ambas, cogemos el rastro de la manada que, obviamente, penetra en la concesión vecina. Montamos la partida con David, nuestro pistero mayor, delante. Cogemos un buen rastro con abundante número de pisadas. Y de excrementos, claro. Reaprendemos que los excrementos de macho son cilíndricos, mientras que los de las hembras y las crías, no. El deporte general es pisar la cagada, poner el dedo en su interior para notar la presencia o no de calor y, según esté, calcular el tiempo que hace que se depositó.

Uno de los ejemplares es un gran macho y lo seguimos a toda velocidad. Sudor y más sudor. Calor tórrido hacia el mediodía. Calor seco. Aire caliente. Lengua seca. Sed. Toda la sed del mundo… A las cuatro horas y media de persecución, paramos. Nos cuentan que hemos tenido, por dos veces, la manada a menos de 200 metros, pero en ambas ocasiones les hemos asustado.

Rehidratados, en la medida de lo posible, volvemos a la carga. Los pisteros han encontrado más rastros. Una hora más de calor, en el horario de máxima temperatura, nos deja secos. Con las caras largas, cogemos el vehículo y volvemos a la finca del vecino para dejar el pistero prestado. Mañana será otro día. Solamente quedarán tres. Volvemos al campamento.

9-09-2013. Día 13

Sólo nos quedan tres días. Rehacemos el mismo camino que ayer. Encontramos pronto las huellas de los paquidermos y volvemos al tajo. A las 06:00 h ya estábamos tras las cagadas, las tocamos y… corre que correrás. Cinco horas y media después de hacer la liebre detrás de los elefantes, paramos. Una sed de miedo. Caramelos, chicle, agua de Zambia que, al no tener sales, no apaga la sed. Coca-Cola. Otra vez a la huella. Una hora más tarde paramos en una sombrita. Y cuando aún no hemos sacado la neverita, nos informan los pisteros por radio que ¡los han encontrado!

356 - Tres de los cinco grandes (2)Arrancamos a correr y llegamos al lugar en que, teóricamente, están. Santiago impone el séquito de los que vamos a por él. Poca gente. Deja a Pedro en el coche con Joan y la mayoría de pisteros. Morros. Formamos la partida Santiago, David, Joaquim (hermano de Nobody), yo y… unos veinte pasos atrás, el fiscal Aarón, al que Santiago no deja acercarse, pero que es de ley que presencie el lance.

 

Vamos muy despacio, pero, ¡vaya!, los elefantes no están. Se han ido de paseo. Para paseo el que nos vino a nosotros: dos horas más de correr detrás de los pisteros. Cada vez corren más y los animales no aparecen por ningún lado. Ya me flaquean las piernas. Tengo una sed terrible (y no dejo de beber cada rato). Santiago me avisa que estamos cerca del lugar de donde salimos. Parece que no llega nunca…

Estoy intentando beberme una botella de agua entre arcadas cuando nos avisan que los elefantes ¡siguen en el mismo sitio!, ¡qué nos hemos equivocado de camino! Vuelta a correr hasta donde están los elefantes. Entramos en el bush y, poco a poco, éste va espesando. Nos acercamos a una hondonada donde se han refugiado los paquidermos. Los tenemos a veinte metros. Santiago me avisa que hay ocho ejemplares. Me señala uno, al que no le veo más que el cuerpo, la cabeza me la tapa el tronco de un árbol, que le parece un macho. Pedro, que esta vez sí vino, dice: «¡Entrad y tiradle al macho!». Santiago se retrae. Considera que la entrada a un grupo dentro del bush en el que hay hembras y crías es de un riesgo inasumible. Además, no está seguro de que haya un macho entre ellos… De pronto, nos huelen y se van.

Pedro se enfada porqué no hemos hecho el ‘Rambo’. Yo arrastro los pies. El calor es horrible. A trancas y barrancas llego al coche. Volvemos a la finca del vecino a devolver al pistero y pactar la cacería para el día siguiente.

Allí, sobre la caja del coche, pido la penúltima garrafinya de agua que queda. Me la tomo de un sorbo. Noto un dolor de estómago. Todo se pone de un color claro que me deslumbra… Pierdo el conocimiento durante diez segundos o más. Poco a poco, en el viaje de una hora hasta nuestro campamento, me voy rehaciendo. Al llegar al fly camp hago una siesta de hora y media. Episodio acabado.

10-09-2013. Día 14

A las 04:00 h, ya andamos preparando los trastos. Carretera y… a buscar a Joaquim. El día anterior, el vecino convenció a Pedro de que teníamos que ir al Corredor de Zambia a por los elefantes. El embarque del siglo. Hicimos un recorrido de varias horas por caminos inverosímiles. Primero, llegamos a la ciudad de Zumbo, frontera con Zimbabwe y Zambia. Desde allí hasta un poblado en la frontera con Zambia, en la ribera del río Lwanga (afluente del Zambeze). El lugar, paradisíaco. Allí nos explican que los elefantes, ciertamente, atraviesan el río de noche y se vuelven a Zambia. Hacen excursiones nocturnas. Que alguna vez se quedan dos o tres días en territorio mozambiqueño, pero que esto no es habitual…

356 - Tres de los cinco grandesLlevamos ya tres horas sobre el coche y sin cazar. Tenemos la sensación –y la seguridad– de que el señor sudafricano nos ha toreado, otra vez más. Cogemos el portante y, por otro camino, volvemos al lugar de caza de los últimos dos días. Cinco horas de coche y ninguna huella. Decidimos ir al lodge del sudafricano a buscar una solución. Al parecer, en las proximidades de su campamento, tiene una zona donde hay diversas islas y pantanos que permiten el tránsito de los elefantes desde la otra orilla del Zambeze, orilla desde donde llegan elefantes de Mozambique y de la zona de Dundee en Zimbabwe. Este discurso se va convirtiendo en inteligible… Pedro pacta con el dueño. Finalmente, se aviene con la condición de que, si yo cazara el elefante, tengo que pagarle a él una cantidad de dinero considerable… Supuestamente son unas nuevas tasas de abate.

Después de una siesta reparadora, nos vamos otra vez de caza. Ayudados por una lancha, desembarcamos en una península grande y nos ponemos en la dirección de unos elefantes que avistamos. Empieza el seguimiento por una zona pantanosa llena de cañas y de agujeros en los que te hundes hasta las rodillas, cuando, de pronto, uno de los pisteros señala una isla cercana a nuestras espaldas donde tres grandes machos están comiendo.

Desandamos lo andado y vamos hasta la lancha. Desembarcamos a menos de 300 metros del trío. Asoma la cabeza por entre las cañas el primero de la fila y muestra unos colmillos eternos. ¡Tensión al máximo! Nos ponemos a correr en la dirección de los elefantes, a la vez que ellos nos vienen de cara. ¡Van a pasar por delante, a menos de diez metros! Con el agua en las rodillas, me pongo el rifle en la cara, ¡con cuatro aumentos! Santiago me dice que tire al de en medio, que era el mejor. Me voy repitiendo que tengo que apuntar –¿apuntar?– donde acaba el pliegue de la pata delantera, cuatro dedos por delante, para alojar la bala blindada en el corazón. Todo el visor es elefante. Me queda la imagen de los tres paquidermos al alcance de la mano, con el contraste del cielo azul y el color negro de la sombra de la piel. Excepcional panorámica. Miro por el lado del rifle un momento a ver si la dirección del cañón es la buena. Vuelvo al visor. Los elefantes los tengo a diez, digo bien, diez metros delante. Sus siluetas se recortan en el cielo azul. ¡Son inmensos! Cuando ya ha pasado el de en medio unos dos metros, ¡patam!, disparo. Se para y, menos de un segundo después se oye otro segundo tiro. Santiago le alojó una bala en el cerebro. Seco en el suelo.

El elefante, espectacular. Más de cinco toneladas. Colmillos simétricos y gruesos. Saltos, gritos, abrazos… Empiezan las ceremonias con el corte de la cola. Hemos hecho un centenar de fotos. El animal causa un respeto imponente. Tiene unos cincuenta años. Una gran mole abatida… Es mi regalo de cumpleaños. Estoy tocando el cielo…

356 - Tres de los cinco grandes (4)Lentamente el caos se va recuperando y empieza la estrategia de vuelta. Hay que cortar la cabeza, llevarla al campamento y sacar la carne para los poblados. Al rato empiezan a aparecer los indígenas con cuchillos y bolsas de plástico. Nos volvemos al campamento y mandamos una lancha con más personal para el desolle. Decidimos pasar la noche en el fly camp y nos acostamos derrotados. A mí me quedó la foto del insomnio. La silueta de los tres machos. Impresionante.

11-09-2013. Día 15. Último día

Hoy es la Diada Nacional de Cataluña. Nos levantamos con intención de marchar rápido hacia Kawanda. Vamos a ver la cabeza del elefante y observamos que cabeza y lancha están clavadas en el fango de la orilla y el bote, escorado. Nos informan que con la cabeza dentro del barco no se puede viajar. Que ayer tuvieron serias dificultades en arribar a puerto… Vuelcan el barco, desembarcan la cabeza que, por su peso, a duras penas la pueden arrastrar hasta la orilla. Allí le retiran los colmillos y toda la carne que queda, con la ‘ayuda’ de un nutrido grupo de indígenas con sus cuchillos…

A las 11:00 emprendemos el viaje de vuelta a Kawanda Camp y la tarde la dedicamos a preparar la vuelta…

Finalmente, no ha quedado tiempo para abatir el león devorador de hombres que nos anunciaron el primer día… Joan lo lamenta. Yo, en voz baja, también…

Final

Estamos en casa. Hemos perdido peso y tenemos la carga energética a mínimos.

Mañana voy a transferir las tasas de abate del elefante a la orgánica de Madrid. Cierto que tengo que hacerla dos reproches. El primero, no haberme advertido que, en el momento de salir hacia Mozambique para iniciar el safari, no había elefantes en la concesión. El segundo, que dado el pago que tuve que realizar a la concesión vecina, supuestamente por tasas de abate, no se me hubiera descontado esta cantidad del monto final.

Ha sido un safari emocionante e intenso. El hecho de cumplir los objetivos cuando la partida está prácticamente en tiempo de descuento da mucho coraje y un punto de gracia. Estuvo bien… Estuvo muy bien.

Podemos decir que, tanto desde la vertiente vital como la humana y la cinegética, el safari ha sido un éxito.

 

Por Josep Giné i Goma.

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