Antilopinae: órix de El Cabo

359 - Órix de El Cabo (1)

El órix u órice de El Cabo, gemsbuck en inglés, es una de las especies animales cuya visión y disfrute más animan los safaris africanos por varios motivos: por lo bello de su capa, con un perfecto juego de geometría tricolor; por lo espectacular de sus ‘espadas’, cornamentas afiladas en forma de agujas anilladas, presentes tanto en machos como en hembras (de mayor grosor en los primeros) y que pueden superar fácilmente el metro de longitud; y por la elegancia de sus movimientos, en especial cuando tenemos la oportunidad de verlos a la carrera, cuando su rabo se convierte en estela del cuerpo y con la testuz, altivamente bajada, buscan ganarle a la aerodinámica, quizá en una nueva y constante carrera por la vida.

Taxonomía

Se trata de un mamífero artiodáctilo, de la familia de los bóvidos y perteneciente a la subfamilia de los hipotragos. Pudiendo alcanzar hasta los 10/12 años de edad en el medio natural, presentan un peso adulto macho medio de 220/250 kilos, así como un promedio de alzada de 1,25 metros y una longitud media corporal superior a los 2 metros. Las hembras suelen parir una única cría tras nueve meses de gestación, que permanece junto a ella al menos durante los dos primeros años de vida, creándose frecuentemente grupos matriarcales acompañados de machos jóvenes y con la presencia de algún dominante. Los machos viejos acusan de cierto gusto por lo solitario, siendo éstas sus costumbres, a menudo junto a alguna hembra próxima al celo.

En la actualidad se reconocen cuatro subespecies de órices, cada una perfectamente localizada y diferenciada:

• Oryx beisa. Su área de distribución abarca Kenia y el cuerno de África.
• Oryx dammah. Considerado extinto en estado salvaje, hay unos 1.250 ejemplares en cautividad.
• Oryx gazella. El órix de El Cabo
Oryx leucoryx. El órix de Arabia, el que está mayor peligro de extinción.

El hábitat que prefieren estos animales, genéticamente preparados para sobrevivir en los climas extremos de los desiertos en los que habitan, son las áridas llanuras y sabanas surafricanas, pudiendo encontrarlos tanto en zonas muy abiertas como en zonas de bush semicerrado, localizando los individuos normalmente en manadas de 5 a 50 miembros, aunque, en ocasiones, se llegan a ver manadas de más de 200 animales ¡un auténtico espectáculo!

Se trata de un animal herbívoro que ocupa la mayor parte del día en tareas alimentarias, paciendo hasta 15 kilos de alimento herbáceo al día. Su idiosincrasia evolutiva le permite afrontar varios días sin beber agua, gracias a las reservas que almacena de forma muy eficaz y a su capacidad para elevar el nivel de temperatura corporal, irradiando el calor en lugar de absorbiéndolo, evitando asimismo la transpiración. Para poder hacer frente a este proceso de irradiación disponen de unas eficaces narinas que les permiten enfriar la sangre antes de que ésta circule, demasiado caliente, por su cerebro.

Pueden mantener una velocidad de galope constante, con puntas superiores a los 60 km/h y durante muchos kilómetros, lo que hará que en nuestras aproximaciones finales debamos de ser extremadamente cautos y sigilosos, evitando en todo momento ser detectados. El carácter gregario del órix en nada facilita su caza, pues debemos de multiplicar el riesgo de ser descubiertos en nuestra aproximación a una manada de órices por varias decenas, o centenas, de ojos inquietos.

359 - Órix de El Cabo

Valorando el trofeo

Animal de carácter temperamental y ciertamente peligroso. Si está pinchado o herido no dudará en embestir, con los cuernos por delante, sobre todo si se ve amenazado o en peligro; eso sí, es uno de los trofeos más demandados en las incursiones safaristas por el sur del continente africano. Nuestro querido amigo Liam Urry, cazador profesional sudafricano, sufrió recientemente una sentida baja el día en que, pisteando un órix pinchado por un cliente, vio como éste ensartaba a su fiel jagd terrier y se lo llevaba prendido muerto en la cornamenta durante las más de dos horas que duró el pisteo y remate final.

Lo primero que uno ha de tener claro es qué tipo de trofeo de órix desea para su cuernoteca particular, debiendo decidir entre unos cuernos más gruesos, pero más cortos y rectilíneos –en los machos– o más finos, pero generalmente más largos –en las hembras–. Una vez tomada esta decisión, y teniendo en cuenta las condiciones y disponibilidades de la zona donde realicemos su caza, la forma de valorar un buen macho adulto y completo es fijarse si, cuando agacha la cabeza para pastar, la cuerna sobresale por encima de la paralela sobre la línea de su cuerpo. Si sobresale, estaremos entonces ante un ejemplar cercano al metro de longitud. La media de los abates se sitúa entre los 95 y los 100 cm. Al contrario que en algunas otras especies más ibéricas, los anillos presentes en la cornamenta no son medrones o anillos de crecimiento interanual, sino que, anualmente, en función de los pastos, estos animales pueden generar de uno a siete anillos por temporada. Su desgaste vendrá determinado por el uso que a éstos el animal haya dado a lo largo de su vida, en las mil batallas que hará con otros machos o en el propio proceso alimenticio, al frotarlos contra la maleza o el suelo.

Lo abundante de la especie y la facilidad para su reproducción y cría con fines cinegéticos (se calcula que en la actualidad hay una más que sana población de órix, pues sólo en Sudáfrica la cifra, creciente, es cercana a los 400.000 ejemplares), hacen que las tasas de abate de esta especie sean realmente asequibles, con una horquilla de precios que varía entre los 600 y los 800 euros, siendo éstas ligeramente inferiores, para esta especie, en países vecinos como Namibia. Los gastos de importación supondrán unos 150 euros, aproximadamente, si ésta es craneal o de unos 400 euros en caso de importación para montajes naturalizados. En cuanto a la taxidermia, oscilara entre los 100/150 euros si es craneal y los 300/500 euros para montajes de pecho naturalizados.

Calibre adecuado

Calibres como el .270, el 30-06 o un .300 pueden realizar su cometido a la perfección con esta especie que, todo hay que decirlo, encaja los tiros demasiado bien, por lo que habrá que ser muy precavido en la colocación del tiro. No debemos olvidar que tanto el corazón como el resto de zonas vitales de estos antílopes africanos se encuentran situados por debajo del triángulo al que estamos acostumbrados en las especies ibéricas, por lo que será aconsejable buscar tiros de codillo bajo. La distancia media de tiro para esta especie se sitúa entre los 90/110 metros.

 

Por Luis de la Torriente.

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