Tur de Daguestán. Caza extrema con Sauer S404 XTC, Zeiss V8 y Norma TipStrike (con vídeo)

Cierto día, hace ya algunos años, en una de esas búsquedas intensas por la red a la caza de libros viejos y raros de temática venatoria, apareció ante mí un ejemplar que hasta el momento desconocía.

La subasta, abierta para varios días, anunciaba un viejo libro de caza y aventuras, publicado en 1912, e inspirado en un viaje por las montañas del Cáucaso.

Inmediatamente me puse a buscar más información sobre la obra y pude comprobar que era uno de esos libros de los que merece la pena adquirir, leer y conservar en cualquier biblioteca cinegética.

Es así como comenzó mi aventura por las montañas rusas del Gran Cáucaso. Casuals in the Caucasus. The Diary of a Sporting Holiday es obra de la escritora y aventurera británica Agnes Herbet, que recoge, a modo de diario, sus vivencias por estas montañas euroasiáticas.

Un viaje desde las Islas Británicas, pasando por España y Gibraltar, que terminó en las cimas caucásicas de Osetia y Georgia, la misma zona geográfica en la que, más de un siglo después, me propuse visitar, con el mismo fin que Herbert. Este objetivo común no era otro que abatir una de las especies reinas de la caza de alta montaña, el tur de Daguestán (palabra de origen persa que quiere decir “tierra de las montañas”).

Seguí buscando datos al respecto sobre la caza de este majestuoso caprínido (Capra cylindricornis), pero, por desgracia, la información es escasa, limitándose a algunos pasajes cortos en libros y someros artículos de prensa especializada.

Así pues, con la chispa prendida tras la lectura del libro, y siguiendo a pies juntillas la célebre frase del novelista polaco Joseph Conrad: “El autor sólo escribe la mitad del libro. De la otra mitad debe ocuparse el lector”, me propuse escribir mi propia aventura en aquellos agrestes cazaderos.

El tur oriental

El tur de Daguestán (Capra cylindricornis), o también conocido como Eastern tur, es el más abundante de los tres tures que reconoce, por ejemplo, el Safari Club Internacional, junto al tur de Kubán y el Mid-Caucasian tur. Su distribución abarca la franja comprendida entre el Monte Dij-Tau, situado en la República Kabardia-Balkaria (Rusia), y las estribaciones caucásicas de Azerbaiyán.

Tiene un robusto cuerpo, con fuertes y cortas patas. Presenta un pelaje marrón-rojizo en verano, con partes inferiores blanquecinas, y la cola, el pecho y las piernas más oscuras. Se vuelve marrón oscuro en invierno, gracias la espesa capa de lana que adquiere para combatir las bajas temperaturas.

La diferencia principal con sus homólogos caprínidos reside en la forma de sus cuernos. Su base es cilíndrica y se desarrollan en lira curva hacia arriba y hacia afuera desde la frente, girando ligeramente hacia abajo y hacia adentro en las puntas. Un gran macho adulto puede pasar de los 100 kilos.

Área de distribución de los tures

La cordillera del Cáucaso alberga en sus cumbres tres especies de cabras: dos tures y un rebeco. Respecto a los tures, para este artículo seguiremos el criterio marcado por el SCI. En el Cáucaso encontramos a nuestro protagonista de hoy: el tur de Daguestán. El tur de Kubán o Western tur (Capra caucasica dinniki) se encuentra al este del monte Elbrus (cima más elevada de Europa continental, con una altitud de 5.642 metros), hasta las estribaciones occidentales de la cordillera, ya en la región rusa de Sochi. En término medio se encuentra un área de solapamiento en donde habita el Mid-Caucasian tur o tur del Cáucaso Medio (Capra caucasica caucasica), considerado una hibridación entre ambas especies. Su diferencia reside principalmente en la forma de sus cuernos. Mientras que el Kubán se asemeja a los íbices, con cuernas en forma de cimitarra y medrones muy marcados, los tures medios tiene una cuerna intermedia entre los anteriores descritos y los Daguestán. A éstos hay que añadir el rebeco del Cáucaso (Rupycapra rupycapra caucasica).

¿Dónde cazar?

La primera disyuntiva que se me presentaba era elegir la zona de caza. Actualmente los trofeos de Daguestán pueden cazarse tanto en Rusia como Azerbaiyán, siendo este último lugar el más popular y frecuentado por los cazadores.

Las razones son claras. En primer lugar, una disponibilidad mayor de permisos, y en segundo, y quizá más importante, una accesibilidad mayor y más cómoda a las zonas de caza. La orografía del sistema montañoso por su vertiente sur es más afable de transitar. Sus escarpadas laderas suelen ser de hierba, lo que posibilita alcanzar las altas cimas con caballerías, o, al menos, acceder con los enjutos jamelgos a zonas elevadas donde se instalan campamentos volantes, llevando así de forma sencilla lo imprescindible para pasar tres o cuatro días. Dicha circunstancia facilita en gran medida la ascensión, pues los caballos portan las cargas más pesadas, como agua, comida, mochilas y todo tipo de intendencia, haciendo así menos exigente la aproximación al corazón del área de caza. Además, estas laderas de frescos pastos proporcionan comida en abundancia a los tures, traduciéndose en una mayor densidad de población y con mejores trofeos.

Por contra, la zona rusa en la que habita el Daguestán es un auténtico mar de piedras, imposibilitando el uso de caballerías para aliviar la carga. Por ello, el cazador deberá acarrear desde el inicio todo su equipo, comida, agua, ropa, saco de dormir y hasta una pequeña tienda o vivac para pernoctar en las cumbres, pues aquí los campamentos volantes son una quimera.

Otra circunstancia que decantó mi decisión fue la caza abusiva y poco deportiva que se ha venido practicando en Azerbaiyán en los últimos años. Las batidas o resaques organizados para varios cazadores han tomado demasiado protagonismo en algunas áreas de este país, cazando de una forma desmedida estos ejemplares, llegando a casos extremos de abatir hasta siete ejemplares en un mismo puesto. Una verdadera traición a la caza deportiva de alta montaña.

Por si todas estas vicisitudes no fueran suficientes, añadiré además que en Rusia existe también la posibilidad de cazar el rebeco caucásico, una de las subespecies menos conocidas de estos rupricaprínidos y quizás la menos abundante, y que también fue protagonista en este viaje.

En las tierras de la vieja Alania

Tras la dicotomía con el área de caza, y gracias a la sabia experiencia en este tipo de cacerías de Eduardo Fernández de Araoz y Pablo Jiménez, de Cazatur, operador con quien hice el viaje, decidí embarcarme hacia el Cáucaso Central, en concreto a la región de Fiagdon, en Osetia del Norte (Rusia). Un cómodo vuelo vía Moscú-Vladikavkaz, me adentró en las tierras de la vieja Alania.

El monte Kazbek, 5.047 m.s.n.m.

El área de caza asignada me llevó a las estribaciones del monte Kazbek, un estratovolcán de 5.047 metros de altitud, fronterizo entre Georgia y Osetia del Norte, que destaca por encima del resto de picos negros y laderas pedregosas por su inmaculado glaciar, llamado Kolka.

Kaukasos

El Gran Cáucaso es una gran cordillera rectilínea de 1.200 km de longitud, orientada de noroeste a sureste, desde las cercanías de Sochi, en la región de Novorosiisk (Rusia), en el mar Negro, hasta la península de Apsheronsk, casi en Bakú (Azerbaiyán).

Si nos detenemos en su etimología, la palabra griega Kaukasos era el nombre de un pastor escita muerto por el titán Cronos y que dio nombre a estas montañas. También Kaukasos era uno de los pilares sobre los que se apoyaba el mundo. Así pues, su etimología da una clara idea de la grandiosidad de esta cordillera, como bien puede verse en esta foto que está tomada tras un ascenso de unas ocho horas y media.

Duros ascensos

Las imponentes y escarpadas laderas de pequeños cantos rodados se hacen interminables. El ascenso es lento y dificultoso, pues a la incómoda andadura por este mar de piedras, hay que añadir el fuerte desnivel.

Para no pasarlo mal en este tipo de cacerías tan extremas y tener alguna oportunidad de éxito, la condición física debe ser más que buena, con el fin de soportar largas caminatas con todo el ‘equipaje’ a la espalda. Las ascensiones se prolongan durante horas, llegando a altitudes superiores a los 3.500 metros.

‘Campamentos’ volantes

Una orografía tan compleja no facilita la tarea de instalar campamentos volantes, por lo que un pequeño saliente en la roca puede ser una habitación estupenda para pasar unos días. Concretamente en este recoveco pude pasar mi primera noche en la montaña, en la que la lluvia hizo acto de presencia.

Un animal esquivo

El tur es un animal esquivo, nada fácil de sorprender y que busca las zonas más escapadas y alejadas para pasar las horas de sesteo. La técnica más común para darle caza es esperar su careo en busca de alimento. Ya sea cuando bajan al atardecer desde las cotas inaccesibles o regresan a ellas por la mañana. Hay que ser rápido y sigiloso para poder aproximarse y ponerse a tiro.

La óptica es esencial

A pesar de su tamaño, estos animales consiguen ocultarse y pasar desapercibidos en el terreno de una forma sorprendente. Por ello, cada asomada o registro debe hacerse de forma cauta y minuciosa. La óptica, por tanto, juega un papel esencial en estas cacerías tan complicadas.

¡Llega el lance!

Después de un ascenso de 45 minutos, tras la primera noche al cobijo de las pizarras, descubrimos un pequeño grupo de tures cambiando de vertiente y en dirección a las altas crestas que se ven en la foto.

Apresuradamente abrí el bípode, medí la distancia, ajusté la torreta del Zeiss V8 y esperé órdenes del guía para disparar sobre el animal seleccionado.

Un excelente trofeo de 11 años

Tras un disparo efectivo a 280 metros, el ejemplar más grande del grupo rodó inerte barranco abajo. Un precioso macho de tur de Daguestán, de 11 años de edad, que portaba un excelente trofeo y que supuso la superación de un reto y la culminación de un sueño.

Norma TipStrike de 170 grains

La munición elegida fue la Norma TipStrike de 170 grains, cuyo comportamiento fue extraordinario. El disparo al animal, terciado y dándome la espalda, con un pequeño ángulo hacia arriba, entró por la parte trasera y baja de su paleta derecha y fue a alojarse al arranque del cuello del lado opuesto. El efecto champiñón y la retención de peso de una adecuada expansión, hablan por sí mismas de las bondades de este proyectil.

Excelente trabajo de los guías

Es imprescindible la ayuda de un buen equipo de guías. Sin su conocimiento del terreno y costumbres de los animales, la aventura sería aún más complicada de culminar de lo que ya en sí es. Petro, Aslan, Valera, Alexandre y Jirambek fueron mis compañeros durante algunos días en estas recónditas sierras.

Carne guisada de tur como colofón

Las tradiciones mandan. Los osetios, pueblo de antiguos nómadas y acogedor de gente foránea, tienen por costumbre reunirse a degustar un simple guiso del animal cazado para dar gracias a Dios por la fructífera jornada. Una pieza de este viejo tur, bien condimentada, acompañada de una exquisita salsa picante de tomate y regada con vodka, fue el colofón a los días de caza tras el majestuoso caprínido. Pero no era el fin del viaje. Continuaría hacia Osetia del Sur en busca del escaso Rupycapra rupycapra caucasica.

Pinche aquí para ver el  VÍDEO DEL EQUIPO UTILIZADO EN LA CACERÍA.

EQUIPO UTILIZADO

A lo largo del artículo he hablado levemente del material empleado para realizar la que está considerada como una de las cacerías más técnicas y extremas que hay actualmente. Con este cuadro haré un breve resumen del equipo empleado, fundamental para lograr nuestro preciado trofeo.

–Rifle: a pesar de ser un apasionado de Blaser, arma con la que llevo cazando a lo largo y ancho de este mundo desde hace más de 15 años, la aparición del nuevo rifle Premium de Sauer, el S404, me cautivó gratamente. Más aún cuando la prestigiosa marca alemana decidió hacer un arma específica para la montaña o recechos más laboriosos, como es su modelo S404 XTC.

El citado modelo está realizado con una carcasa thumbole de carbono, hecha a mano, dotándolo así de un liviano peso de sólo 2,7 kilos. La sutileza de su gatillo regulable (disparo con 550 gramos), la suavidad de su cerrojo de 60° y, por supuesto, la precisión de su cañón, ha relegado mi querido R8 al armero para las cacerías a rececho e, incluso, alguna que otra montería.

Y es que el Sauer S404 pasa por ser el rifle tecnológicamente más evolucionado del mercado. Mucha culpa de ello se debe a su sencilla y práctica modularidad, que se logra con la llave que viene de serie integrada en su puntal. Con ella podremos despiezar de forma rápida casi todos las partes del rifle, pudiendo así intercambiar cañones, culatas o adaptar a nuestro gusto el peso del disparador. A esto hay que añadir su formidable maletín compacto para transporte, que en el tamaño de un estuche de una flauta travesera, puedes llevar tu S404, más el bípode, visor, correa portafusil y algún accesorio de limpieza o herramienta. ¡Sorprendente!

–Visor: si con el rifle puede tener alguna duda, con el visor lo tuve claro desde el primer momento: el Zeiss Victory V8 2,8-20×56 ASV LR. No hay otro visor en el mercado que aúne una alta luminosidad (93% de transmisión de luz) con un sistema balístico tan sencillo, práctico y efectivo como la torreta ASV LR del V8. Con tan sólo centrar el rifle a 100 metros y colocar el anillo balístico que nos indicará el programador de Zeiss, estaremos listos para disparar a la distancia que nos atrevamos. Además, para rizar más el rizo, se pueden pedir anillos custom personalizados, grabados directamente en la fábrica de Zeiss para el tipo de munición con la que disparemos. En mi caso opté por la letal Norma TipStrike.

–Munición: la TipStrike es un proyectil de punta de polímero diseñado por Norma para obtener un alto poder de parada gracias a su importante penetración y retención de peso, que se combina con una excelente expansión.

Además presenta un elevado coeficiente balístico (0,454 en calibres .30) y una superlativa estabilidad y precisión, convirtiéndose en una punta ideal para recechos, incluso de alta montaña, como así he podido comprobar en distintas cacerías. Alimentada con 170 grains y una velocidad en boca de 960 m/s para el calibre .300 WM, se convierte en proyectil letal sin importar cuál sea la distancia.

–Prismáticos: una cacería de esta exigencia física y en unas montañas tan inmensas, requieren un prismático ligero, potente, cómodo y luminoso. El Zeiss Victory SF cumple sobradamente estos requisitos. En primer lugar, es el prismático Premium más ligero del mercado (sólo 780 gramos), con una transmisión de luz del 92%, ofreciendo los campos de visión más amplios de todos los binoculares de gama alta. Su ergonomía y calidad óptica permiten pasar horas y horas buscando animales sin que los ojos se cansen o resientan. Una acción necesaria para localizar los ariscos tures. Mi elección el Zeiss SF 10×42. Un arnés para portarlos nos será muy útil.

–Bípode: la ingeniería alemana no deja de sorprendernos, y Sauer la tiene muy presente a la hora de diseñar sus armas. Por ello, al sobresaliente desarrollo del S404, lo engrandece más aún sus distintos accesorios. Uno de ellos es el bípode de carbono especialmente diseñado para esta arma. Va instalado de forma sencilla en el puntal a través de un cabezal imantado, facilitando la rápida colocación del apoyo.

–Medidor de distancia: a pesar de llevar varios años en el mercado, el Zeiss PRF 8×26 sigue estando en la élite de estos accesorios. Mediciones exactas y rápidas a más de 1.200 metros, serán claves para ajustar con máxima precisión el disparo.

Un artículo de Antonio Adán Plaza / @aadan_plaza

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