A la caza del muntjac y del ciervo chino de agua en Inglaterra

Por José María Losa
 
No me podía imaginar que un comentario acerca de un muntjac naturalizado que vi en una cabaña de caza en Finlandia me llevase a cazar en Inglaterra este último mes de febrero.

Lo cierto es que con el reto de cazar la totalidad de las especies europeas, en enero del año pasado me desplacé a Finlandia para cazar el ciervo de cola blanca, que se encuentra en aquéllos lugares en plena libertad. Fue allí cuando comenté con mi amigo y organizador de cacerías Hannes Rei la belleza del animal naturalizado. Inmediatamente me comentó que lo había cobrado en Inglaterra y que no eran animales estabulados, sino que se encontraban en zonas abiertas cercanas al condado de Bedfordshire, prometiéndome hacer unas gestiones para poder cazarlo el año siguiente.

Sin comentar nada más al respecto, unos meses después,Hannes me aseguró que estaba todo preparado y que en febrero del año siguiente iríamos a cazar a Inglaterra invitados por su amigo Yves Lecocq.

Documentación previa al viaje
Como siempre suelo hacer, intenté averiguar si se podía conseguir alguna especie más en la zona en la que más o menos estaba previsto llevar a cabo la cacería.

Acudí así a la que es, en mi opinión, una de las fuentes más fiables y actualizada a este respecto, los Libros de Récords del SCI. Gracias a ellos inmediatamente averigüé que en la misma zona y con el mismo origen se podía cazar el ciervo chino de agua, (Hydropotes inermis o Water deer), hecho que comunique a Hannes, preocupándose en lo sucesivo junto con Yves de buscar la zona donde lo pudiésemos cazar.

La ubicación de estos dos cérvidos en el centro de Inglaterra tiene su origen en el afán coleccionista del undécimo duque de Bedford, quien en los años 1900 introdujo en su propiedad de Woburn varias especies de ciervos exóticos, entre ellos los que nos ocupan, que llegaron procedentes del suroeste de China. Durante la primera Guerra Mundial algunos de estos ejemplares escaparon del parque, estableciéndose en libertad en las zonas cercanas a la población de Woburn, donde se encuentra Woburn Abbey, propiedad del duque.

A pesar de que el ciervo chino de agua puede tener dos o más crías en cada parto, lo cierto es que ocupa, en la actualidad, menos zonas que el muntjac (Muntiacus reevesi o Reeves’s Muntjac), que únicamente tiene una cría cada vez, encontrándose ya este último en condados adyacentes a Bedfordshire. 

Finalmente llegó febrero, y Hannes se trasladó a Barcelona desde Estonia durante un par de días para partir todos juntos -Hannes, Pili, mi mujer, que una vez más me acompañaba en mis aventuras cinegéticas, y yo- hacia Inglaterra desde el aeropuerto de Reus, único aeropuerto cercano a Barcelona con destino a Luton, relativamente cerca de Bedford. Esto último era importante porque debíamos hacer el último recorrido en coche alquilado, y a ninguno de los tres nos apetecía hacer muchos kilómetros conduciendo por la izquierda.

Aterrizamos en Luton y después de un estresante viaje hasta el hotel conseguimos cenar y conciliar el sueño en espera del primer día de caza.

Tras el ciervo chino de agua
La primera jornada la destinamos al ciervo chino de agua, paseando por los campos en busca de estos pequeños ciervos, carentes de cuernos y cuyo trofeo son los colmillos. Únicamente los machos poseen trofeo, y lo utilizan para las luchas territoriales en defensa del derecho a cubrir las hembras que se encuentran en su zona.

El horario de caza del pequeño asiático es semejante al que utilizamos en España para la caza del corzo, es decir, al amanecer y al anochecer. Sin embargo, y a diferencia de la caza de nuestro ‘duende’, en los campos donde se encuentran los Hydropotes no existe mucha defensa para escapar a su vista y poder acercarse excesivamente, lo que hace que los tiros tengan que realizarse en su mayoría a distancias nada despreciables. Se diferencia también en que los corzos suelen darte unos segundos mientras en su huída paran y se vuelven, sin embargo estos ciervos empiezan la carrera y no paran hasta perderlos de vista.

Iniciamos la jornada a las 6 de la mañana consiguiendo ver varios machos, la mayoría de ellos eran jóvenes y los que no lo eran resultaron ser bastante esquivos. Una de las dificultades en la caza de este animal es sin lugar a dudas la observación de su trofeo, ya que cuando están tumbados no se puede apreciar la longuitud de los colmillos.

A las diez de la mañana tuvimos que dejar la cacería sin poder realizar disparo alguno, iniciando de nuevo su rececho en otra zona a las dos de la tarde (hay que recordar que aquí oscurece a las seis de la tarde aproximadamente).

Ya dábamos por concluido el día cuando volviendo al vehículo cuando vimos un ejemplar que se encontraba en medio de un campo y que nos pareció tenía buenos colmillos. Lo recechamos y con las últimas luces del día conseguí abatirlo con un tiro bastante largo.

Cuando llegamos al trofeo la alegría fue mayúscula. El trofeo era impresionante. Felicitaciones y aplazamiento de la sesión fotográfica para poder hacerla con las luces del coche por falta de luz. La sorpresa fue que uno de los colmillos estaba partido, pero aún así el trofeo era tan grande, que incluso sumando el colmillo roto el trofeo entraba dentro de las puntuaciones mínimas establecidas en el Libro de Récords de SCI.

Pensando en el muntjac
Esa misma mañana ya nos habíamos reunido con Yves Lecocq, quien había ido a otra zona a preparar para el día siguiente la caza del muntjac. A diferencia del ciervo chino de agua, el muntjac tiene además de colmillos pequeños cuernos en forma de ganchos.

Estuvimos cambiando impresiones con Yves Lecocq sobre la asociación sin ánimo de lucro que representa, la FACE (Federación de Asociaciones para la Caza y Conservación de la Unión Europea), que está realizando una magnífica labor en el ámbito territorial de la Unión Europea defendiendo la caza de acuerdo con los principios de sostenibilidad de los recursos naturales. Fundada en 1977, actúa en defensa de los más de siete millones de cazadores que existen en la Unión Europea, estando reconocida en diversos organismos oficiales de la UE como son el Consejo de Europa y el Parlamento Europeo, donde ostenta un secretariado desde 1985, entre otros.

Al día siguiente pasamos la mañana charlando sobre la cacería que íbamos a llevar a cabo a partir de esa misma tarde, no sin antes presentarme al artífice del rececho de muntjac que disfrutaríamos posteriormente. El encuentro y presentación con Peter Hall me hizo pensar que me iba a llevar muy bien con él.

Tuve el placer de ser acompañado por él, junto con su perra Saker, el primer día de caza. Nos dirigimos a un pequeño bosque cercano al lugar de encuentro y tras dejar el vehículo nos internamos en el mismo. Peter me dejó su rifle, un .243 con visor, que comprobamos previamente y que el dueño había dejado al milímetro.

A la espera
Nos fuimos los cuatro, Pili, Peter, Saker y yo, a un cruce de caminos dentro del bosque, donde nos apostamos. Peter me dijo que los muntjac cruzarían por alguno de los puntos observados y que teníamos que ver si era macho y disparar, en caso de ser el trofeo deseado, con el apoyo únicamente de una vara que me preparó. Me pareció complicado hacer todo eso en tan poco tiempo, pero era él quien realmente sabía como podíamos cazar este cervuno.

Transcurrieron un par de horas sin ver nada, aunque sí oímos un par de veces ladridos semejantes a los del corzo y que, inmediatamente, Peter me aclaró que provenían de estos cérvidos también llamados ‘ciervos ladradores’ (Barking Deer).

De repente y sin darme cuenta, me avisa Peter de la presencia de uno a escasos 80 metros de nosotros. Apunto y fallo. «Ya había dicho yo que esto no era fácil», pensé para mis adentros.

A los quince minutos apareció otro, del que no pude distinguir el sexo. Poco después aprecié un bulto en una zanja que se movía. Pude asegurar que era macho y disparé a unos 200 metros, haciendo diana pero dejando el tiro bajo y algo trasero.

En ese momento quedé perplejo por el trabajo de la perra de Peter. Inmediatamente la soltó y antes de llegar nosotros a la altura donde había impactado el disparo, Saker ya había parado el muntjac a nuestra derecha. En el intento de acercarnos al animal éste se escapó hacia nuestra izquierda, parando Saker nuevamente al muntjac de forma que sólo pudiera huir hacia nosotros. No podía disparar por la cercanía del perro, y finalmente, tras un rato de lucha, conseguimos cogerlo y rematarlo con una navaja.

Volvimos con el trofeo hasta el lugar de encuentro, donde ni Yves ni Hannes habían conseguido diana alguna. Esa misma noche nos invitó Peter a cenar en su casa, una típica comida inglesa cocinada por él mismo y consistente en un magnífico estofado de ternera y diversos tipos de quesos autóctonos.

Al día siguiente visitamos la abadía de Woburn, donde pudimos ver los famosos ciervos de Padre David, sikas, rusos y toda clase de ciervos exóticos, además de unos majestuosos ciervos europeos. También allí pudimos ver los ciervos chinos que acostumbrados a la gente, permitían un acercamiento mucho mayor que los que habíamos visto en libertad. No pudimos ver, sin embargo, más que un muntjac mucho más esquivo incluso dentro del parque. Lo cierto es que su hábitat no está en zonas tan abiertas como las de su compatriota, encontrándose aquél en el interior de los bosques.

Salidas afortunadas… y otras no tanto
A la mañana siguiente Hannes abatió un muntjac sin que ni Yves ni yo tuviéramos oportunidad alguna, y destinamos el día a la preparación de los trofeos, quitando la piel para salarla y posteriormente transportarla a España.

Me sorprendió enormemente lo dura y gruesa que era la piel del muntjac, hasta el punto de tener que  afilar  el  cuchillo en varias ocasiones. Igualmente sorprendente era la cantidad de cortes, que ambos animales presentaban en las orejas, provocados sin duda por los mordiscos de sus congéneres.

Por la tarde intentamos cazar nuevamente el ciervo de agua. Hannes e Yves consiguieron un trofeo cada uno de ellos, siendo yo, en este caso, quien se quedó bolo.

A la mañana siguiente nos abandonó Yves, quedándonos todavía un día más Pili, Hannes y yo para intentar de nuevo cazar un muntjac. Por la noche fuimos a cenar con Peter a un típico pub, donde, por supuesto, no pudo faltar la cerveza caliente típica (Ale), bebida a la que no me pude acostumbrar.

El último día lo iniciamos con unas compras obligatorias en Milton Keynes, ya que el exceso de equipaje, provocado por el necesario transporte de los trofeos, hacía indispensable la compra de alguna maleta para rellenarla como equipaje de mano y liberar espacio y peso en el equipaje facturable.

Una vez adquiridas las maletas volvimos al bosque. Allí estaba Peter, con puntualidad inglesa, esperando nuestra llegada. Me acompañó a un nuevo camino de un nuevo bosque, para hacer un último intento. La fortuna volvió a sonreírme, pues disparé a un magnífico muntjac que salió a escasos cincuenta metros de donde me hallaba, pudiendo hacerme con el animal sin apoyo alguno.

Solo me queda en este relato agradecer a mi mujer, a mi buen amigo Hannes y a mis nuevos amigos Yves, Peter y por supuesto Saker, los magníficos días que me han hecho pasar en Inglaterra. Ni el idioma ni la nacionalidad impidió que nos entendiéramos perfectamente, bromeásemos y riéramos un inglés, un belga, un estonio y dos españoles unidos por la noble afición de la caza.

El muntjac de la cabaña de Finlandia y ‘origen’ de la expedición a tierras inglesas.
Ciervo chino de magnífico trofeo abatido por el autor, aunque sólo tenía un colmillo.

 

Este es el lugar donde el autor se apostó en espera de los muntjacs.
Con Peter, ‘Saker’ y el trofeo de Muntjac abatido y que gracias al perro el autor pudo cobrar de forma inmediata.
Con Yves Lecocq, ‘Saker’ y los trofeos de los dos primeros muntjacs.
Hannes con el ciervo de agua chino que logró.
Con Pili, Peter, ‘Saker’ y el muntjac cobrado el último día.

 

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