A conejos en La Hidalga con Vicente Silvestre

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Los terruños de La Hidalga son manchegos hasta los hijares. Secos, tersos, llanos y arrugados como las frentes tostadas por el sol de aquellos recios labriegos que forjaron a golpe de azadón, y regaron con el sudor de sus frentes, las vides de las que manan hoy sus deliciosos caldos. Cerretes suaves, alfombrados de espartos y de tomillos, se levantan tímidamente en la extensa llanura como islotes que quisieran romper el embate de las olas de un imaginario y verde mar de pámpanas y sarmientos.

El Montón de Trigo, atalaya de 717 metros que hace honor a su nombre porque montón de trigo parece, domina sobre la Laguna del Salicor, blanco mar de saldiguera en los tiempos de secano, que se convierte en vergel y oasis cuando recoge generosa las escasas lluvias que el cielo se digna verter en estos páramos dejados de la mano de Dios. Es entonces cuando acuden las palmípedas en busca de su acuoso sustento y cuando se pueden disfrutar hermosas amanecidas esperando el bello vuelo de reales azulones.
La finca, de unas mil y pico hectáreas, es cinegética, perdicera sobre todo, por sus cuatro puntos cardinales. Ramón y Agustín Olivares Garrigós, dos hermanos a los que les salieron los dientes detrás de las patirrojas, han modelado el labrantío a su imagen y semejanza en el que cazar se convierte en todo un placer para los sentidos… incluso con sombra fresca cuando ‘ladran’ las chicharras.

CAZAMOS: Vicente, Abel, Quique, Jose, Diego, Jose junior el Tirillas, Pepe Juan, Jesús, Manolo y Antonio. La cocinera Nieves y el dueño de la finca Ramón Olivares Garrigós.


 

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