Paloma torcaz, el vínculo común (I)

Es una de las reinas del vuelo a larga distancia, sin embargo, pasa gran parte de su vida posada, en los árboles (aunque también en farolas e, incluso, cables), durmiendo, descansando, acicalándose, anidando… o en el suelo, comiendo, bebiendo, bañándose… No en vano, se considera a la paloma torcaz en origen como un ave forestal.

Se puede considerar a la paloma torcaz el vínculo común que une la media veda con la temporada general, pasando por su caza en los puestos tradicionales. Se puede cazar, dependiendo de la comunidad autónoma, claro, desde mediados de agosto hasta mitad de febrero, aunque en ninguna autonomía se permite su caza de continuo en el plazo antes indicado; además, es muy posible que no sean hábiles para cazar todos los días dentro de los periodos en los que se permita su abate.

Vínculo de distintas modalidades de puesto fijo: en media veda, a la que haremos referencia en este artículo, la pasa (en los puestos tradicionales de aves migratorias), al paso a los comederos y/o bebederos, con cimbel, las palomeras… En las manos o al salto suele ser una pieza circunstancial.

La torcaz es vínculo común también de poblaciones nidificantes –nativas– y migratorias, ya que ambos modos de comportamiento se dan en las poblaciones ibéricas, baleares y norteafricanas.

Vínculo entre aficionados de distintos lugares a los que les une la pasión por su caza.

Vínculo común, al fin y al cabo, al tener cada vez una presencia más consolidada en la Península, Baleares y Ceuta, y compartir temporalmente ‘casa’ con otras especies.

La torcaz en números, tendencia poblacional…

La torcaz se distribuye por casi toda Europa, norte de África y llega hasta Asia central (Cramp, 1985). En Europa está presente la subespecie nonimal, esto es, la Columba palumbus palumbus Linnaeus, 1758 –excepto en las Azores, donde se considera que está presente la subespecie C. p. azorica–. En España nidifica prácticamente en todo el territorio, excepto en Canarias y Melilla. En la Península sólo falta o se rarifica en comarcas muy concretas, en algunas de las cuales se puede deber a su aridez y escaso arbolado, aunque, a pesar de su origen forestal, la torcaz se ha adaptado a zonas agrícolas relativamente deforestadas de Europa central, atlántica y mediterránea (Fernández & Bea, 2003).

La parte genérica de este artículo se basa en observaciones directas del autor, según las cuales, las palomas torcaces nativas son cada vez más abundantes en algunas zonas de la península Ibérica, así como su presencia en zonas urbanas. Pero hay que tener cuidado, porque no siempre lo que nos parece es lo que es. Aunque sí parece claro que hay una tendencia al aumento de las poblaciones nidificantes y a la presencia cada vez más patente de la torcaz en las áreas verdes de las poblaciones. En el periodo de 1970 a 1990 se consideró que las población de torcaces en España se incrementaron un 20% en abundancia y distribución (Purroy, 1997). Según el programa SACRE (de seguimiento de aves comunes en primavera de Seo/BirdLife) se apunta un porcentaje de cambio de +63,8% entre 1998 y 2011, lo que se considera un incremento moderado de la población de paloma torcaz en ese periodo (Seo/BirdLife, 2012).

En 2000 se calculó una población europea de torcaces de 7.900.000 a 15.000.000 de parejas reproductoras (BirdLife International – European Bird Census Council). Según el Atlas de aves reproductoras en España de 2003, en nuestro país hay un mínimo de 244.890 parejas reproductoras; lo que supone entre un 2%  y un 4% de la población total europea (Fernández & Bea, 2003). Aunque se observa la presencia de palomas torcaces en zonas urbanas y suburbanas desde 1970 (Alonso & Purroy, 1979), a mediados de la década de 1990 no se consideraba un fenómeno extendido, salvo en la Comunidad de Madrid (Díaz et al., 1994) y actualmente sí parece algo ya más común en otras zonas urbanas, donde actualmente hay zonas que se considera incluso plaga. La población invernante de paloma torcaz en la Península se calcula entre seis y siete millones de ejemplares, de las cuales, entre cinco y seis millones, son de origen europeo (Díaz, M., Asensio, B. & Tellería, J. L.,1996).

Las torcaces migratorias llegan a la Península y Baleares entre octubre y noviembre, y permanecen hasta febrero o marzo (Purroy, 1988). La entrada o pasa la realizan por el Pirineo occidental; el regreso o contrapasa lo realizan por una ruta más oriental (Bernis 1966-1971; Purroy, 1988).

Al ser un ave diurna, la paloma torcaz realiza los vuelos migratorios por el día, afirmándose que son capaces de recorrer 600 kilómetros en una sola jornada; en todo caso, su vuelo es potente, y los migratorios los suelen realizar a buena altura. A la vez que las torcaces pasan a los predios ibéricos y baleares la paloma zurita, los zorzales, la becada y otras muchas aves migratorias, mientras que unas lo hacen de día y otras lo realizan de noche (Mesón & Montoya, 2009).

Texto y fotografías: Adolfo Sanz

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