Crónicas monteras: hacienda somos… casi todos.


Que nuestro sector debe de estar regulado, como el que más, a ninguno nos cabe la menor duda… Que, posiblemente, sea bueno para todos que de una vez por todas se conozcan las cifras reales de la riqueza que producimos –y no las que repiten los políticos como papagayos en cuanto les dan un micro en cualquier mesa redonda–, estamos de acuerdo. Que estamos, en algunos aspectos, extremadamente regulados (tanto que a veces nos tienen manía persecutoria) y que en otros se nos ha dejado un poco de la mano de Dios… pues también es cierto…

Pero lo que no se puede permitir, se pongan como se pongan, es entrar a rompe pellejo –ahora, cuando les place o cuando necesitan desesperadamente nuestros ‘duros’ para tapar otros agujeros– a querer arreglar un desaguisado que, sobre todo, y esto es lo importante, necesita tiempo y regulación, mucha regulación.

Cualquiera, del sector que sea, que genere réditos con una actividad tiene que pasar por caja, ¡todos y no los mismos de siempre! Pero al que nos quiera convencer de que en el gancho de la sociedad de cazadores de Villatempujo se generan beneficios como para pagar ierrepeefes, ¡hay que pararle los pies!, y decirle que busque soluciones a sus cuitas en otras faltriqueras, que en las de nuestras sociedades, en las de muchísimos de nuestros rehaleros y en las de nuestro personal auxiliar de monterías y otros muchos, ¡sólo van a encontrar telarañas!
A los inspeccionadores, a partir de enero, a lo mejor hay que darles el rifle o la escopeta y decirles: «¡Qué cacen ellos!»

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