La escurridiza huella del lobo

Fuente: diariodeleon.es

 

El lobo, ese animal escurridizo y versátil que ha sabido adaptarse a un medio hostil de escopetas, veneno, vehículos y carreteras para sobrevivir, sigue reinando en los bosques leoneses. Para conocer cuántas manadas existen y dónde se localizan, la Junta ha encargado actualizar el censo autonómico, una labor que se repite cada diez años, pero que, en esta ocasión, aprovechará los conocimientos in situ de los agentes forestales y celadores de las reservas de caza de cada comarca.

 

La búsqueda de huellas, rascaduras y excrementos acaba de comenzar en León y se extenderá hasta junio por los 15.581 kilómetros cuadrados de la provincia, dividida en cuadrículas de 100 kilómetros cuadrados para facilitar las tareas. Los 140 agentes asumen el compromiso de ‘peinar’ a pie cada una de esas cuadrículas, sean de monte o vega, efectuando varias rutas estratégicas que deben sumar, como mínimo, 20 kilómetros.

El agente medioambiental jefe de la comarca de Astorga, Julián García, explica que en su zona «antes de establecer las rutas, realizamos un barrido donde hay constancia de la presencia habitual o esporádica del animal, bien por avistamientos, daños a ganado u otros indicios. Fijamos 47 recorridos, más amplios en las zonas boscosas y más cortos en las vegas, e intentamos evitar las extensiones de campeo del ganado, donde se mueven perros, para no contaminar las conclusiones». En sus veinte años de trabajo sólo ha visto al lobo una docena de veces.

Los nueve agentes de esta comarca ya han localizado tres grupos de interés, uno en El Teleno, otro a caballo entre El Bierzo y la Maragatería y el tercero en las lindes de la Cepeda y El Bierzo, además de varios lobos solitarios, que denominan como dispersos.

Como el resto de sus compañeros, dejan constancia de las pistas que encuentran en el monte sobre estos depredadores en una ficha itinerario, donde escriben las personas que lo efectúan, la cuadrícula que se inspecciona, la hora de inicio y finalización, cuántas heces, rascaduras y rastros de huellas vieron. Los datos se trasladarán después a una estadística que coordina una empresa privada vasca.

Los itinerarios a pie se repetirán por segunda vez en julio y agosto para recoger nuevas evidencias que el lobo haya dejado sobre el terreno. En septiembre y octubre, intentarán, además, confirmar la presencia de estos carnívoros con esperas al amanecer o al anochecer en las zonas donde aparecieron los indicios más claros, y con escuchas mediante aullidos espontáneos o provocados para comprobar si hay individuos jóvenes y crías de este año, objetivo principal del censo.

El trabajo de campo, condensado en fichas de itinerarios, estaciones de avistamiento y escucha, junto con las fichas complementarias de evidencias, se remitirán a la consultora a través de la sección de Vida Silvestre para que extraiga conclusiones y dé forma al censo a final de año.

García considera «importante» la actualización de los datos sobre el lobo y asegura que estos mamíferos «son como los humanos, prefieren desplazarse por los caminos y cordales, porque les resulta más fácil. Por eso nos movemos por muchas pistas de tierra y cortafuegos siguiendo sus pasos y nos fijamos, especialmente, en los cruces de caminos y colladas, donde se restregan, dejan rascaduras y heces para marcar su territorio». El contenido de pelos de corzos o jabalíes en los excrementos también es un indicio claro del paso del lobo en una zona.

El censo autonómico se inició el año pasado al sur del Duero, donde la especie está protegida. Este año se centra en las poblaciones al norte del río donde el lobo se considera un animal cinegético. La población de lobos se expande como una mancha de aceite, si se detectan animales en una zona nueva es porque la contigua estaba ya saturada. La presión popular sobre estos mamíferos hace que los grupos sean de 6-7 lobos o de sólo la pareja. Llegar a «determinar el número exacto de ejemplares es imposible. El trabajo no es contar lobos, sino conocer cuántos grupos hay y cuáles son reproductores», matiza Pedro Díez, presidente de la Asociación de Agentes Medioambientales de León.

La organización apuesta por la coexistencia del lobo con la ganadería en extensivo, que realiza una labor «impagable de limpieza» de los montes y ayuda a evitar incendios. Creen que ganaderos y ecologistas deberían tender puentes para compatibilizar el necesario desarrollo de la ganadería con la supervivencia del lobo como especie, y rechazan el uso de venenos.

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