En España no cabe un tonto más

Vamos a tener que alquilar unas hectáreas a alguno de nuestros países vecinos, porque, de verdad, en este país, el nuestro, España, ¡no cabe un tonto más!

Estamos en una situación de crisis económica que nos ha puesto a las puertas del infierno, oliendo a pelo quemado y viendo con horror cómo las cejas chamuscadas eran las nuestras.

 

Gracias a los mil y un sacrificios hechos, y los que nos quedan por hacer, hemos conseguido un poco de alivio y separadas las llamas de nuestra cancela unos pocos de metros. Respiramos.

Tenemos que reactivar la economía del país y lo más lógico para ello es hacer un severo análisis de los recursos con los que contamos que, gracias a Dios, no son pocos, y ponerlos en explotación con coherencia y conocimiento, para volver a abrir el grifo de las fuentes de ingresos, con el cuidado necesario para que los dineros por venir no se nos vayan por los desagües y vigilar especialmente que éstos no tengan botes sifónicos con el número de cuenta de algún político o algún designado a dedo, en los que se pierda un porcentaje importante del caudal principal. 

No cabe duda de que una posible fuente de divisas puede ser el turismo cinegético. Partamos de la base de que quien sale de su país, con los archiperres necesarios para poder regresar con un buen trofeo, de una especie emblemática, por lo general, no sale con una mano adelante y otra atrás. No es turismo de mochila y coca cola con dos pajitas. Es turismo de cartera de piel, que no viene a dormir en tienda de campaña ni a ducharse en el regato de un arroyo, dejando los restos del champú en el agua.

El turista cinegético, ése que viene a cazar un buen ejemplar, a disfrutar de la caza de especies singulares o gozar de modalidades de caza que sólo aquí se practican, como la montería española, no viene haciendo auto-stop.

Es un turista que, en muchas ocasiones, la mayoría, invierte en nuestro país en tres días de estancia lo que otros no se gastan en un mes. 

Decía un buen amigo mío, Pablo, director de hotel en Málaga: “¡Ése es el cliente que interesa! , invierte mucho, consume poco, se va rápido y te recomienda a otro. Sale de la habitación amaneciendo, no consume desayuno. Vuelve bien entrada la tarde. Antes de ducharse, cerveza a granel en la cafetería, después de ducharse, cubatito. Viene acompañado de amigos nuevos a los que invita generosamente, cena con buen vino, no le importa el precio si la calidad es alta, remata con otros cubatitas y se acuesta temprano y sin dar voces. ¡Cliente redondo! Hace gasto en los comercios de recuerdos, en las armerías y vuelve a la habitación con bolsas del Corte Inglés. Otros, están esperando en la terraza, con la cerveza que se pidieron en la hora feliz, a que abran el bufete, se emborrachan de vino malo, desperdician la mitad de la comida, se llevan el embutido y el pan escondido entre la ropa para hacerse bocadillos para ir al día siguiente a la playa, vuelven a la habitación con bolsas de Mercadona cargadas de latas, después se pegan dos horas más en la terraza, metiendo jaleo con una coca cola, que van mezclando con la botella de Dic, que traen escondida en el bolso, y cuando se van al cabo de siete días, en los que han consumido en la cafetería siete refrescos y siete cervezas, te roban la toalla. ¡Ésos no interesan!”.

Sin duda, mi amigo, además de un gran director de hotel, podría ser un gran director de algún organismo autónomo, con más criterio económico y con más capacidad para explotar recursos que algunos que nos toca sufrir.

Viene esto a colación de las declaraciones del director del Organismo Autónomo de Parques Nacionales, del Ministerio de Agricultura, que afirma ufano que la futura ley que regulará estos parques “no contempla permitir la caza”, “que está prohibida y lo seguirá estando”.

¿Se puede ser más necio? Uno de los recursos menos explotados y que más limpio y más inmediato pueden generar el dinero, porque todas las infraestructuras necesarias están hechas. se ignora de un plumazo. ¿La razón? Pues supongo que habrá que mantener algún reservorio de votos de esos grupos, que invaden plazas, reclaman en la calle lo que no le dieron las urnas y llenan de pegatinas los portales donde habita gente honrada, que respeta profundamente la democracia y que trabaja para intentar devolver a España la categoría que otros le quitaron.

Dice este buen hombre: “Hoy a los parques se les pide algo más, que los puedan disfrutar los ciudadanos, que actúen como motor de desarrollo y que también sirvan a la investigación científica (…). Hay que encauzar esa corriente de visitantes, aprovechar las rentas que se deriven de los servicios y poner las bases para que toda la economía que se puede generar vaya en beneficio de los habitantes, esto es la clave del éxito”.

Caza no, por supuesto. Vamos a llenar los parques nacionales de ese maravilloso turismo que se lava con champú en las fuentes naturales, que dejan los restos de papel albal hechos bolitas en las cunetas, que se cagan sin ningún pudor en cualquier monumento natural y llenan de clínex y compresas usadas los espacios que otrora fueran paraísos. Van marcando con latas vacías y con bolsas atadas a los árboles, la ruta para que los que les siguen, no se pierdan o para volver sobre sus pasos. ¿Hablamos, por ejemplo, de la Ruta del Borosa, en el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas? Mientras que fue un sitio prácticamente inaccesible, que disfrutábamos y respetábamos pescadores y cazadores, era un verdadero paraíso natural.  Ahora, tenemos pistas accesibles a quads, que te pueden atropellar en cualquier momento, motos que se saltan las prohibiciones de circulación, contenedores en cualquier rincón, rodeados de basura porque no les cabe más o porque el Kobe Bryant de turno no acertó a canasta. Y animales, que algún día fueron libres y objeto de caza, que deambulan enfermos por los cercados que se construyeron para su mejor observación por los maravillosos turistas que vocean consignas raperas, con el radiocasete al hombro a toda voz.

¡Eso sí!, gratis total, como corresponde a políticas populacheras, que en lugar de fuentes de ingresos siguen buscando fuentes de votos…¡Y así nos va!

Mientras tanto, Arias Cañete, en el que tantas ilusiones depositábamos, peinándose la barba sin acordarse del refrán que dice “Mas vale un toma, que dos te daré.”  Y los cazadores, como aquella gitana del Albaicín granaino, que con la mano extendida y los ojos negros cargados de pena, decía con fingida educación: “¡Señorito, damus argo!”.

 

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