África ya no seduce: los furtivos comienzan a asaltar zoos

En los últimos años se ha experimentado un boom del turismo cinegético en todo el mundo. El cazador deportivo visita destinos nacionales o extranjeros donde se permite la caza de fauna silvestre en su entorno natural. En algunos países, este segmento tiene un gran impacto económico y ha permitido el desarrollo de zonas aisladas o rurales creando empleo, informa tourinews.es.

África es el continente que goza de mayor popularidad entre los aficionados que acuden a las regiones en busca de ‘los cinco grandes’: los leones, los elefantes, los búfalos, los leopardos y los rinocerontes. Cada estado protege el entorno y controla el número de ejemplares que pueden capturarse cada año. World Wildlife Fund (WWF) considera la cacería deportiva como “una herramienta legítima de manejo ambiental y un incentivo para la conservación”, pues de no existir no sería posible la supervivencia de algunas especies frente a otras debido a la falta de alimento para todas.
Sin embargo, no todas estas actividades están reguladas. De manera paralela al auge del turismo cinegético, se ha incrementado la presencia de furtivos que se saltan la normativa para matar a animales protegidos y vender sus partes más valiosas en el mercado negro.
Según datos del gobierno de Sudáfrica, en la nación se abatieron de forma ilegal un total de 1.054 rinocerontes en 2016. También en el África Subsahariana los datos son poco alentadores: sólo quedan 25.000 ejemplares de leones y rinocerontes.
El subdirector ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha destacado la amenaza de las actividades ilegales en el sector, sobre todo en África: “Sigue siendo un desafío global, pero África está más afectada que otras regiones. Los rinocerontes y los elefantes siguen estando muy perseguidos por los grupos criminales”. De hecho, el comercio ilegal de vida silvestre alcanza la cifra de 18.760 millones de euros al año.

África ya no es suficiente
A pesar de los grandes beneficios que generan estas acciones, parece que el continente africano ya no es suficiente. En los últimos meses los furtivos han comenzado a asaltar zoólogicos de varios países con el fin de matar a los ejemplares en cautividad:
Primer caso en Europa: los furtivos asaltaron el Thoiry Zoo en las afueras de París a principios de marzo y asesinaron a uno de sus rinocerontes. Los delincuentes consiguieron llevarse uno de los cuernos. El segundo apareció parcialmente cortado.

En América Central, también en marzo, unos asaltantes atacaron al animal más emblemático del Zoológico Nacional de El Salvador, el hipopótamo Gustavito, que murió por heridas provocadas por armas punzantes. Los veterinarios del recinto encontraron heridas de gravedad en el cuello y la cara del mamífero.

En Canadá, diversión en la red:  en agosto de 2016 un estadounidense decidió matar a un oso con una lanza, grabar el suceso con varias cámaras, una de ellas colocada en la propia jabalina y dejar al animal agonizando en un bosque al norte de Alberta, en Canadá. Las imágenes fueron subidas a Youtube y causaron controversia en la región. De hecho, el Ministerio del Medio Ambiente y Parques Naturales de Alberta afirmó que prohibirían la caza con lanza en otoño.

Furtivo junto al cadáver de un oso matado con lanza en Alberta, Canadá/Captura Youtube

¿Negocio o adrenalina?
Abatir de forma ilegal un solo ejemplar no reporta grandes beneficios si lo comparamos con el gran número de animales que se pueden encontrar en plena sabana, pero sí constituye un nuevo estímulo para aquellos que buscan un riesgo mayor al ofrecido hasta ahora. En un zoológico en medio de la ciudad no hay posibilidad de morir bajo las garras de una bestia, pero sí existe la amenaza de ser interceptado por las autoridades y enfrentarse a multas y penas de prisión. El peligro siempre ha sido una de las experiencias más excitantes para el ser humano y la delincuencia, en consecuencia, uno de los mayores estímulos.
Ante esta tendencia estos parques urbanos han comenzado a tomar medidas contra los furtivos. Por ejemplo, el zoológico Pairi Daiza, de Bélgica, ha cortado los cuernos a sus rinocerontes como método de prevención, tal y como se hace en Zimbabue. Los entornos que antes eran seguros para la fauna, ahora tendrán que blindarse.

Fuente tourinews.es.

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