Marruecos lleva a cabo una campaña nacional para controlar la proliferación de jabalíes

El jabalí, un animal tan maldito como el cerdo en el mundo musulmán, también prolifera en los bosques y montes de Marruecos, y también se caza en monterías, pero con una salvedad: los cazadores desprecian su carne.

El Gobierno marroquí lleva a cabo estos días una campaña nacional de batida de jabalíes para controlar la proliferación de este animal y reducir su daño a los cultivos.

En Marruecos, a diferencia de los países occidentales, la caza del jabalí, un mamífero de la familia de los suidos al igual que el cerdo (en el dialecto marroquí se llaman del mismo modo: “haluf”) tiene fines exclusivamente deportivos o sanitarios, ya que el consumo de su carne o su comercialización están prohibidos en el islam y su carne se considera impura.

Por eso, los ocho jabalíes cazados en la batida del pasado domingo con la que se inauguró oficialmente la campaña contra el jabalí, fueron enterrados en el campo debido a que ninguno de los monteros demostró la intención por llevarse su botín, mientras que algunos asistentes ni siquiera se atrevieron a tocar las piezas y se acercaban a ellas con asco.

En Marruecos, son muy pocas las tiendas y restaurantes que venden la carne de este animal y de cerdo en general, generalmente con clientes turistas y expatriados, y solo algunos marroquíes “laicos” comen su carne.

En países árabes con minorías cristianas, como en Egipto, se pueden encontrar granjas de cerdos e incluso crianza de puerco en casas en algunos pueblos y barrios populares, pero en Marruecos es algo imposible.

Además de que la carne porcina está prohibida explícitamente en al menos cuatro versículos diferentes del Corán, existen luego explicaciones en la sabiduría popular marroquí para justificar esa prohibición religiosa.

“El cerdo puede ser ‘halal’ (autorizado), pero incluye una pequeña parte que es ‘haram’ (prohibida), aunque no sabemos donde está. Por eso se prohibió entero”, dice un joven de los asistentes a la montería de este fin de semana, repitiendo una idea común que nadie sabe de dónde procede.

Entre los musulmanes, es creencia común que el cerdo (y el jabalí, que por cierto es una palabra árabe y significa “montañero”) son transmisores de enfermedades y que esa es la razón de que el Corán lo prohíba.

También está muy arraigada la creencia de que es un animal promiscuo y que vive y come entre la basura, y que consumirlo hace al hombre impuro.

“Yo cuando cazo un jabalí no me lo llevo, porque no lo como -explica a Efe Nabil Fenjiro, uno de los participantes en la batida del pasado domingo-. Me gusta cazar el jabalí y la perdiz, y cazo en campañas oficiales, como la de hoy, o en batidas privadas que se desarrollan en bosques que alquilamos”

Para el Gobierno marroquí, las batidas contra los jabalíes tienen un fin más bien profiláctico: se trata de “controlar la proliferación del jabalí, la preservación de la diversidad ecológica y el equilibrio del ecosistema natural”, según explica Abdelalim El Hafi, Alto Comisionado de Aguas y Bosques, organismo que regula estas batidas.

“Debido a su fisiología, su proliferación es rápida, y ante la desaparición de sus depredadores naturales (como el león o el chacal), está proliferación está causando daños, sobre todo, a los cultivos agrícolas”, agrega El Hafi.

Esa campaña representa la continuación, por sexto año consecutivo, de operaciones de caza de jabalíes, y en los últimos cinco años ya se han organizado 9.909 batidas que han supuesto la eliminacion de 53.856 jabalíes.

Está previsto que en el resto de este año se celebren un total de 1.115 batidas.

Los jabalíes tienen una media de vida que alcanza los 27 años, los machos pesan unos 150 kilos y las hembras unos 80 kilos y pueden dar a luz hasta diez jabatos.

Suelen habitar en zonas boscosas y montañosas y causan grandes daños en los cultivos agrícolas colindantes.

Fuente: lavanguardia.com/EFE

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