Equipo y archiperres para la caza del corzo

El corzo es una especie adictiva como pocas, ha creado alrededor un grupo de cazadores que tienen en este pequeño cérvido su pieza fundamental. El equipo comienza entonces a especializarse, pues las características de su rececho se apartan de lo convencional.

No hay duda que se puede optar por ‘algo para todo’, siendo conscientes, eso sí, de las limitaciones que tendremos en ciertos momentos.

Vamos a ser claros: si usted se equipa, por ejemplo, con un cerrojo del .300 Winchester Magnum, le monta un visor de 3-12×56 y tira con puntas semiblindadas de 150 grains, no tendrá ningún problema para cazar corzos, rebecos, venados, cochinos. Hecho el apunte, es sencillo adivinar que alguna pega ha de tener una decisión como ésta, pues, si no fuese así, no compensaría al corcero equiparse específicamente para su modalidad. Peso, tamaño, retroceso, potencia excesiva o canales desmesurados con mucha pérdida de carne, son algunas de las desventajas. Queda claro que cartuchos suaves del rango de los .22 de fuego central, de los 6 mm, .25”, 6,5 mm o incluso .270 y algunos 7 mm son la mejor opción.

Óptica

Las ópticas, dado el horario tan madrugador y a la vez tan trasnochador que tiene este ‘elemento’, son de obligada calidad, necesariamente con un gran objetivo y bastantes aumentos, no hay que olvidar el pequeño tamaño de la pieza.

Cuando al caer la tarde vea por fin ese corzo que tanto se le resistido, esos 200 metros de distancia que le separan de él necesitará aumentos y luminosidad, si queremos tener opciones de éxito.

Elija siempre campanas grandes o incluso muy grandes, de 50 o 56 mm, todo será poco cuando tengamos que vernos en el trance de disparar casi sin luz. Haga extensivo esto considerando también a los prismáticos. Pero esta vez no trataremos tan a fondo las generalidades sobre arma, visor y cartucho, y centrémonos en esos otros complementos específicos, algunos de los cuales se pasan el resto del año guardados en un armario.

Si puede añada peso a su mochila con un catalejo. Evite los grandes de 85 milímetros de objetivo, con 65 milímetros le sobrará. El corzo tiene un trofeo pequeño y muy metido entre el pelo, entre las orejas. La diferencia del valor del trofeo está sobre todo en el tamaño y grosor de rosetas y cuerno. Aunque tengamos unos buenos prismáticos, conseguir catalogarlo correctamente a cierta distancia es muy difícil, sencillamente porque no se ve. En este trance los aumentos del telescopio terrestre nos disipan todas las dudas.

Recuerde, no obstante, como siempre les digo, antes de fijarnos en detalles, observar al corzo entero y establecer, primero, una comparación del trofeo frente al total de la pieza, objetiva, deje para después la concreción del detalle.

Vestimenta y calzado

Con instintos muy desarrollados, la caza del corzo requiere una especial discreción. El camuflaje se impone y en ésta, como en ninguna otra modalidad, tiene sentido su uso. Ropa cómoda, silenciosa y poco más.

Tratar de estandarizar la vestimenta con unas condiciones climáticas tan cambiantes a lo largo de la temporada del corzo, es casi imposible, más si los cazamos por toda nuestra geografía. No es lo mismo recechar corzos en primavera en las Villuercas que hacerlo en otoño en Picos de Europa. Ropas ligeras y frescas frente a forros polares y chubasqueros.

Está claro que de recechar caminando a hacerlo en espera, o en un combinado de ambos, va una distancia tan grande que las sensaciones térmicas pueden ir del frío a la sudada monumental.

Como norma, siempre gorra o un sombrero de bastante ala; piense que cazaremos en horas en las que el sol sale o se va, con una posición muy baja. Una buena estrategia para pasar desapercibidos es tapar manos y cara, partes que más destacan, muy reconocibles como amenaza poniendo en alerta al corzo.

El calzado más de lo mismo, lo marcará el terreno y el clima. Desgraciadamente, el corzo se ha convertido en una de las piezas más habituales, duela a quien duela, simplemente por la comodidad de su caza. Ya sé que hay excepciones, pero está claro que las pistas y los todoterrenos han conseguido que la condición física del cazador no tenga importancia en muchas ocasiones, y he visto a alguno en castellanos y vestido igual que para ir a tomar cañas, pero como no he utilizado en ningún momento la palabra “cazar”, nosotros, a lo nuestro: botas de montaña en terrenos de montaña, de goma, si llueve y botas ligeras en el resto.

Apoyos y otros archiperres

Y ahora, más que nunca, la vara, un bípode o un trípode. Especialmente si recechamos en siembras nos veremos con la necesidad de disparar de pie. La altura del cereal nos impedirá, en general, hacerlo tumbados. Elija para este terreno bípodes o trípodes. Llegado el lance y más tratándose de una pieza de poco tamaño, o somos capaces de dar alta estabilidad a la puntería o nos quedaremos sin ella. Si el corzo es de montaña, la cosa cambia: una horquilla será suficiente, ayudará a caminar y en algún lance en el disparo, aunque, por lo general, nos sobrará con la mochila.

La carne del corzo bien preparada es muy sabrosa. Tras el abate llega el momento de la preparación. Una cuerda, un árbol, cuatro bolsas y una navaja. Para desollar y trocear una pieza como ésta no hacen falta grandes cuchillos. Con una hoja de apenas diez centímetros será suficiente. En este tema los centroeuropeos nos dan la pista de como son las herramientas adecuadas, tanto en cuchillos como en navajas. Limpie bien la carne y, en bolsitas al congelador, verá como cuando lo prepare quedará como un todo un chef frente a sus invitados.

Pues, mire, aunque he utilizado el reclamo en alguna ocasión, lo que se dice éxito, jamás lo he conseguido con él. Admiro a quienes han conseguido esa maestría en el uso para atraer a los corzos con el Buttolo o los Nordik, pero, sinceramente, a mí para lo único que me ha servido y me sirve es para pararlos cuando arrancan. Así todo no dejaré de intentarlo, tal vez algún día consiga hablar en su ‘idioma’.

Nuestro perro de sangre

Es para el recechista más que un complemento, un amigo. Bien adiestrado, conseguiremos un nivel de eficacia en el cobro del corzo herido muy alto. El problema está en lo de “bien adiestrado”, una tarea que requiere, además de constancia y tiempo, mucho conocimiento. Debemos comenzar a temprana edad. Respeto a quienes dicen que no hace falta tan pronto, pero los que mejor me han respondido son con los que comencé más jóvenes, aunque eso depende del individuo: si no hay de donde sacar, nada podremos hacer, pero si nuestro cachorro viene de una línea de trabajo sólida, con cuatro o cinco meses ya lo podemos estar metiendo en faena. Tras perder mi teckel concentré mis esfuerzos en hacer uno a mi medida. Harto de nombres y afijos, busqué un padre y una madre sobresalientes. Y nació la camada y elegimos al cachorro, ni el más grande ni el más pequeño, ni el más guapo ni el más feo: el de espalda recta y apoyos perfectos, el de la nariz en el suelo, el amable y cariñoso. Primero, a los tres meses, una pata de venado recién cazado en berrea; luego, un poco de piel, 5, 10, 30 metros… Un poco de sangre con piel, un poco de sangre solo, y así día a día. Cada nuevo rastro artificial más difícil; para el perro, un juego. Dilatar en el tiempo el seguimiento del rastro marcado se convierte entonces en casi obsesión. El ejemplo de ello es que mi perro, Guisante, que con cinco meses seguía rastros de más de 50 horas, pero, claro, con un entrenamiento constante de al menos dos rastros por semana.

Conseguido al fin que nuestro perro canalice su capacidad de rastreo natural para ayudarnos a cobrar la pieza que escapó herida tengo que contarle un secreto. Lleve siempre a su perro consigo, no pretenda rastrear los corzos heridos al día siguiente. ¿Por qué? Pues porque aunque en alguna ocasión tenga suerte, una pieza tan pequeña deja muy poca sangre, muy poco rastro, y si encima usted caza en zonas secas, menos aún.

No ande dando vueltas, si hiere un corzo meta al perro, si hay poca sangre aún habrá mucho olor y nuestro amigo podrá seguirlo sin problema.

Cuando lo encuentre no olvide nunca dejarlo morder, separándolo finalmente de la pieza con las manos, hablándole, felicitándole, nunca tirando de la correa, debe ser para él un premio, se lo merece tanto o más que el cazador.

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PIES DE FOTO

Foto 1.- De izquierda a derecha: .22 Hornet, .222 Remington, 5,6×50 R Magnum, 5,6×50 Magnum y 5,6×57.

Foto 2. De izquierda a derecha: .222 Remington, .222 Remington Magnum, 5,6×50 R Magnum, 5,6×50 Magnum, .224 Weatherby Magnum y .22-250 Remington.

Foto 2 b.- De izquierda a derecha y comparados con el .22 LR y el .22 WMR, al principio, y un .30-06 Sprgf, al final: .222 Remington, .223 Remington, .222 Remington Magnum, 5,6×50 R Magnum, 5,6×50 Magnum, .224 Weatherby Magnum, .22-250 Remington, .220 Swift, 5,6×57 y 5,6×61 SE VH.

Foto 3.- De izquierda a derecha: 6,5×57 Mauser, 6,5×55 Swedish Mauser, 6,5-284 Norma, 6,5×65 RWS, 6,5×68 y .264 Winchester Magnum.

Foto 4.- Cartuchos muy potentes pueden producir destrozos excesivos en una pieza de un tamaño tan pequeño. En la imagen corzo recechado con un .300 Winchester Magnum cargando RWS Speed Tip de 165 grains.

Fotos 5 y 6.- Tanto los prismáticos con telémetro incorporado como los dos aparatos por separado, nos facilitan enormemente concretar la distancia en el momento del disparo, evitando errores de altura si la distancia es larga. Piense que el tamaño no permite mucho error de colocación.

Foto 7.- Los visores de rececho para corzo deben tener muchos aumentos y grandes campanas. De este modo consiguen trabajar con éxito a las horas con poca luz a las que habitualmente se mueve.

Fotos 8 y 9.- Objetivos grandes y aumentos entre 8 y 10 son la mejor combinación para el prismático de recechar corzos. Mucha potencia en malas horas de luz y bastantes aumentos para ver un trofeo de pequeño tamaño.

Foto 10.- Óptica luminosa, grandes diámetros tanto en visores como en prismáticos, muchos aumentos y cartuchos ligeros, rápidos, precisos y muy expansivos. Ese es el equipo ideal para cazar corzos. El autor con un corzo tirolés.

Fotos 11 y 12.- Elija catalejos con campanas de 65 mm. Piense que siempre debemos optar por equipamientos compactos, de otra forma se pueden volver un estorbo mas que una ayuda.

Foto 14.- Las diferencias climáticas tan importantes entre los diferentes cazaderos, unido a lo largo de su temporada, hacen muy difícil concretar un vestuario tipo para su caza.

Foto 15.- Un buen apoyo es algo imprescindible. En montaña la mochila será suficiente en la mayoría de las ocasiones, en siembras de cereal contar con un bípode o un trípode significara la diferencia entre el éxito o el fracaso del lance.

Foto 16.- Cazando corzos en montaña el peso ha de ser medido con la misma meticulosidad que cazando otras especies. Todo peso superfluo acabará haciéndonos mella, mermando nuestras fuerzas.

Fotos 17, 18 y 19.- Hojas de pequeño tamaño y bien afiladas. Desollar y trocear un corzo es una tarea sencilla, no ocupa mucho espacio en el congelador y la carne es de máxima calidad, exquisita.

Foto 20.- Los reclamos son de gran ayuda si conseguimos dominarlos. En mi caso solo me sirven para frenar la carrera del corzo que nos ha descubierto y huye.

Foto 21.- Guisante llega a la pieza, esta vez ha sido un rastreo sencillo de apenas 100 metros… y con mucha sangre.

Foto 22.- El Satur, el perro de mi amigo Daniel tantea la pieza recién abatida. Este es su premio, hay que dejarlos disfrutar de ello.

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