El rincón de Polvorilla: ‘La alternativa’, por Lolo de Juan

El destino es como un duende que salta de piedra en piedra, se esconde bajo las setas del bosque, juega al pilla pilla con la suerte, su hermanastra por parte de padre y prima hermana de la locura.

Ellos tres, destino, suerte y locura, corretean por el mundo, sin ton ni son, sin obedecer a criterio lógico, ni camino alguno, ni carta de ruta marcada…

Mi caballo sabe de sobra que algo grande acontece. Lleva varios días de duro trabajo y por la tardes masajeo sus remos con alcohol de árnica y romero. Talibán ha visto cómo se engrasaban cueros y la otra tarde escuchó el esmeril de una piedra de afilado contra el cuchillo de remate que nos acompaña los días de jaleo.

Nota la tensión que se masca, pues aunque no entiende qué es lo que hay en juego, me ha oído hablar en alto, disgustado o serio a veces. Pensativo y suspirante siempre. Por ello –y porque a un caballo no se le puede engañar– lleva unos días mostrando su fuerza y nobleza sin dar lugar a sumar preocupaciones a su amo que parece que va a estallar.

Bonita umbría de castaños, robles y chaparros. Bonita y áspera.  Bonita y mala. Tan bonita como dura. Tanta apuesta sobre la mesa te llevará a la ruina o a la Gloria eterna… Pero sólo se gana mucho cuando puedes perderlo todo… Y a las 10:15 h. soltamos las veintitrés recovas. Sí, veintitrés. Aquella sierra tan hermosa, testigo del paso de miles de acontecimientos a lo largo de los años, sumó una hazaña más en su haber. Pues a las 15:00 horas había sobre el cemento una cantidad de animales tan disparatada como necesaria. La abundancia de cervuno ha desplazado –casi eliminado– al corzo. Me duele ver tantos cuerpos sin vida… Pero más me duele ver las dehesas abandonadas a su suerte y a la caza salvaje, sin salvajismo ni gestión.

Los monteros han cumplido sobrados, el día ha brillado como brillan las cosas que tienen luz propia. El Dehesón nos abrió su entraña y no perdimos la oportunidad de vestirlo de gala.

Pero no, no vamos a detener nuestra andadura ahora. Si la suerte nos guiña un ojo vamos a llevárnosla al catre, o al menos intentarlo. Navalconejo nos recibe con un sol propio de la sonrisa de una joven el día de su puesta de largo. Perros fuera de los camiones a las 10:10, a esa hora de verdad. Ese castañar tejido de alcornoques no iba a dejarnos indiferentes a ninguno. Ensalada de tiros, ladras, lances… La sierra se viene abajo. Mi caballo no da de sí para acudir a todas las ladras para sacar a los testaduros cochinos…

Ladra el Rompe a parado, lleva un rato. Y se le han sumado una docena de canes más. Pero la ladra está quieta, no avanza. Talibán envela, sabe lo que toca. Se lanza a galope en mitad de la sierra al barullo. Siguen latiendo. Avanzamos… Y lo veo: el precioso venado tiene un tiro en una mano, no quiere dejar su derrota barata y agacha cuernos y mete riñones contra todo el que se arrima. Talibán bufa. Los perros sienten mi amparo… ¡Ahí con él, valientes! No hubo opción a fallar, todos se lanzaron a por él, al unísono, mientras Talibán hacía entrada como un elefante por una cacharrería, a pecho descubierto, a poner la guinda a la tarta de un fin de semana donde, menos dormir, se ha hecho de todo…

No mentían los rocíos mañaneros donde la caza salía por el río buscando el perdedero… Hicimos bien en cortar esa salida temprano, antes del alba, de la misma manera que hicimos mejor en cazar a contramano, como se hace cuando la caza viene revuelta de otra montería en la linde, hace pocos días…

En la alternativa se cortaron dos rabos, excesivo éxito para una joven y humilde organización… Pero reconozco, ahora que nadie me oye, que la tensión acumulada, los nervios y la locura se fueron cuando se escucharon los aplausos de todos los presentes dando a Umbrías y Solanas la enhorabuena por el resultado obtenido. Gracias a todos de corazón.

Por Lolo De Juan

 

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