Receta de callos en la casa encantada

Estamos en la Ronda de las Cuestas de Paracuellos del Jarama, desde la que se divisa un  amplísimo paisaje que va desde el aeropuerto de Madrid  hasta la sierra de Guadarrama. Huele a humo y a pueblo. La gente tiene nombre propio y aquí se vive bien, da la sensación de que sus habitantes han encontrado su lugar en el mundo.

La casa de Paloma esta situada sobre un altozano que domina Madrid, en un terreno limítrofe entre la ciudad, que se desmigaja en luces,  y la vega del Jarama, por la que aun saltan conejos y se pueden oír  disparos de  cazadores.

Divisando todo este panorama, el artista Juan Castro ha remodelado la  antigua casa familiar de Paloma Levenfeld , creando una serie de espacios, en los que la arquitectura juega con el paisaje  y el diseño. Buscando siempre la luz y el horizonte.

 La casa está esta decorada con  antiguos muebles  familiares, que se adaptan perfectamente con el nuevo y moderno diseño  arquitectónico y conviven con importantes cuadros   firmados por buenos  pintores como : Verdes, Castro o  Alicia Téran. El ambiente  es creativo, cálido y amable… la vida  fluye con facilidad.

Paloma, nos ha convocado   para asistir a la preparación de la comida, que tendrá lugar al día siguiente,  a la que ha invitado a un grupo de amigos, entorno a un plato especialidad de la casa: unos suculentos Callos.

Para cocinarlos cuenta con la ayuda de Sole y  entre las dos nos enseñan a prepararlos  y nos dan sus trucos  adquiridos tras años de práctica.

La cocina es grande y cómoda  y en ella podemos asistir a la creación de tan suculento guiso, propio para fríos días de invierno. Acompañamos  la tarea, con unas copitas de vino y un aperitivo ¡Gracias a las dos!

Como por arte de magia ya han pasado las horas. La mesa está perfectamente puesta y los amigos sentados alrededor. Comenzamos por unos esplendidos aperitivos traídos, especialmente desde Cáceres  por José María Morales: Morcilla patatera del Cañaveral, Jamón de la Aliseda… queso de Alagón…La comida promete, aunque intentamos dejar sitio para  los magníficos callos.

La conversación transcurre  tan generosa como la comida, animada por   buenos contertulios como son,  la propia  Paloma nuestra anfitriona,  José María Morales, Juan y Alicia Castro, Gloria de Posada Venero, Gustavo y  Sol , Mª paz  y  una que suscribe.

Aunque el día está fresco, aprovechando el sol de poniente, nos sirven el Café en un salón-terraza que, abierto  a la arboleda que rodea la casa,  es el escenario perfecto para rematar la tarde.

 Buen día… buenos amigos…magnifica comida… Tanto que ya estamos pensando en  repetir.

  

Callos en casa de Paloma

Ingredientes

 -1 Kg de callos de ternera (pedimos en la carnicería que nos los limpien)

-1 pata de ternera, pedimos también que la deshuesen y que aparten nos -den los huesos.

-1 cebolla

-3 dientes de ajo

-2 chorizos asturianos.

-1 morcilla asturiana

-2 cucharadas de harina

-1 cucharada de Pimentón de la Vera

-1 hoja de laurel

– ½  guindilla fresca

-Aceite de oliva virgen extra

Elaboración

Después de bien lavados en varias aguas y troceados, se ponen a cocer los callos , la pata  y los huesos en agua fría, un poco mas que cubiertos, durante hora y media. Junto con el chorizo y la morcilla, media cebolla, laurel, tres dientes de ajo,1/2 guindilla fresca y la sal.

 Este tiempo  de coción, esta calculado para una olla a presión de las de pesa, si lo hacemos en una olla rápida o en  una tradicional, tenemos que cambiar los tiempos y vigilar el agua.

Una vez cocidos y destapada la olla, se cuelan y se reserva el agua.

En una sartén y con un poco de aceite, se ponen a rehogar la  otra media  cebolla y los tres dientes de ajo, todo muy picadito. Cuando ya este trasparente se le añade la harina, cuando esta coja color, se le añade el pimentón dulce, con cuidado de que no se queme y se incorpora un poco del agua de cocer los callos, para finalmente añadir los callos y la pata troceados. Con todo ya incorporado, debe hervir durante unos 10 minutos.

Se sirven muy calientes en fuente de barro precalentada.

Como tantas comidas, está más rica de un día para otro. Ni que decir tiene que estos suculentos callos se merecen un buen vino tinto .

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