

La reciente actuación del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil en el municipio malagueño de Álora, donde fueron intervenidos nueve trofeos de caza mayor cuya procedencia legal no pudo ser acreditada, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que el sector cinegético lleva años denunciando: el furtivismo es uno de los mayores enemigos de la conservación de la naturaleza y de la gestión sostenible de la fauna silvestre.
Desde la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales queremos expresar nuestro reconocimiento a la labor desarrollada por la Guardia Civil y, especialmente, por los agentes del SEPRONA, cuya profesionalidad y dedicación son fundamentales para perseguir este tipo de conductas ilícitas.
Del mismo modo, mostramos nuestra más absoluta repulsa hacia cualquier práctica relacionada con el furtivismo, una actividad que nada tiene que ver con la caza legal, ética y responsable.
La intervención de varias cabezas de jabalí, corzo, gamo, muflón y cabra montés, junto con tablillas con colmillos de jabalí sin la correspondiente documentación acreditativa ni los precintos obligatorios, demuestra la importancia de la vigilancia, del control administrativo y de la colaboración ciudadana para combatir este tipo de delitos e infracciones.
Detrás de un coto de caza existe un enorme trabajo que dura todo el año
Es importante que la sociedad comprenda que detrás de un coto de caza existe un enorme trabajo que dura todo el año.
La gestión cinegética no consiste únicamente en salir al campo durante la temporada de caza. Muy al contrario, supone una labor permanente de conservación del medio natural.
Los titulares de los cotos, las sociedades de cazadores, los propietarios de las fincas y los Guardas Rurales invierten importantes recursos económicos y humanos en mejorar los hábitats, mantener caminos, instalar y conservar bebederos y charcas, sembrar parcelas para alimentación de la fauna, realizar desbroces preventivos contra incendios, controlar enfermedades, efectuar censos de especies y mantener una vigilancia constante sobre el terreno.
Un esfuerzo que puede verse seriamente perjudicado por la actuación de los furtivos
Todo ese esfuerzo puede verse seriamente perjudicado por la actuación de los furtivos.
El furtivo no invierte un solo euro en conservar el campo.
No participa en la mejora de los hábitats.
No respeta los planes técnicos de caza.
El furtivo no cumple los cupos autorizados.
No respeta las vedas.
No colabora con la conservación.
Simplemente pretende obtener un beneficio personal aprovechándose del trabajo y del esfuerzo económico realizado por propietarios, gestores cinegéticos y cazadores responsables.
El daño no es únicamente económico
Pero el daño no es únicamente económico.
El furtivismo rompe el equilibrio de las poblaciones silvestres.
Puede eliminar ejemplares reproductores seleccionados para garantizar una correcta gestión.
Altera los censos de fauna.
Compromete la planificación establecida en los planes técnicos de caza.
Y, en numerosas ocasiones, utiliza medios prohibidos como lazos, cepos, venenos o métodos no selectivos que ponen en peligro tanto a especies cinegéticas como a especies protegidas.
Por ello resulta fundamental que toda la actividad cinegética se desarrolle bajo un estricto cumplimiento de la normativa.
Órdenes de veda
Cada Comunidad Autónoma regula mediante su Ley de Caza y sus órdenes de vedas los períodos hábiles para cada especie, los cupos autorizados, las modalidades permitidas y las obligaciones que deben cumplir tanto los titulares de los cotos como los cazadores.
Las vedas no existen para dificultar la actividad cinegética.
Existen para proteger la reproducción de las especies, garantizar su conservación y asegurar un aprovechamiento sostenible compatible con la biodiversidad.
Especialmente en la caza mayor, modalidades como el rececho requieren una planificación rigurosa.
Es recomendable que el cazador vaya acompañado por un Guarda Rural de Caza o por el gestor o responsable autorizado
Es altamente recomendable y, en muchos casos, forma parte de la propia organización del coto, que el cazador vaya acompañado por un Guarda Rural de Caza o por el gestor o responsable autorizado de la sociedad o del coto.
Su presencia garantiza que el animal seleccionado es el autorizado conforme al Plan Técnico de Caza, que se respetan las condiciones establecidas en el permiso concedido y que toda la actuación se desarrolla dentro de la legalidad.
Una vez abatida la pieza, debe seguirse el protocolo establecido por la normativa de la correspondiente Comunidad Autónoma.
Precinto
El animal debe ser identificado inmediatamente mediante la colocación del precinto oficial, que constituye el documento de identidad de esa pieza de caza.
Posteriormente debe cumplimentarse toda la documentación exigida que permita acreditar su procedencia legal.
Este procedimiento resulta esencial para garantizar la trazabilidad de las capturas y evitar que animales obtenidos mediante furtivismo puedan incorporarse al circuito legal.
Precisamente por ello, cuando aparecen trofeos sin precintos o sin documentación acreditativa de su procedencia, como ha ocurrido en esta actuación del SEPRONA, resulta imprescindible investigar su origen para determinar si pudieran proceder de actividades ilegales.
La inmensa mayoría de los cazadores cumplen escrupulosamente estas obligaciones porque saben que respetar la normativa significa proteger el futuro de la caza.
Los Guardas Rurales de Caza desempeñan un papel esencial
Del mismo modo, los Guardas Rurales de Caza desempeñan un papel esencial dentro de los terrenos cinegéticos.
Nuestra labor no consiste únicamente en vigilar un coto.
Somos profesionales especializados en la protección del patrimonio cinegético y del medio natural.
Velamos por el cumplimiento de la legislación.
Prevenimos infracciones.
Denunciamos actividades ilegales.
Colaboramos permanentemente con la Guardia Civil, especialmente con el SEPRONA, con los Agentes de Medio Ambiente y con las Administraciones competentes.
Realizamos una vigilancia continua que disuade la actuación de furtivos y facilita la detección de cualquier actividad ilícita.
También queremos destacar la importancia de la colaboración ciudadana.
El furtivo no es cazador
En numerosas ocasiones son agricultores, senderistas, vecinos o los propios cazadores quienes comunican hechos sospechosos que permiten iniciar investigaciones como la desarrollada recientemente en Álora.
La protección del medio natural es una responsabilidad compartida.
Desde la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales queremos dejar claro que el furtivo no es cazador.
Quien incumple la ley, dispara fuera de temporada, elimina animales sin autorización, utiliza métodos prohibidos o comercializa ilegalmente piezas de caza no representa al colectivo cinegético.
Representa exactamente lo contrario.
Los primeros perjudicados por estas conductas son los propios cazadores legales, los propietarios de los cotos y quienes dedican su tiempo y su dinero a conservar el medio natural.
La lucha contra el furtivismo debe ser una prioridad para toda la sociedad.
Solo mediante la colaboración entre propietarios, sociedades de cazadores, Guardas Rurales, Guardia Civil, SEPRONA, Agentes de Medio Ambiente y ciudadanos conseguiremos proteger nuestro patrimonio natural.
Porque donde hay caza legal hay conservación, inversión, biodiversidad y futuro. Donde actúa el furtivismo solo hay expolio, destrucción y un grave perjuicio para la fauna, los cotos de caza y el conjunto de la sociedad.
Un artículo de Víctor Villalobos
Presidente de Asociación Hermandad de Guardas Rurales
Director de Seguridad, Guarda Rural de Caza y Técnico de Seguridad y Medio Ambiente
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