‘Al maestro Basarán’, por M. J. Polvorilla

Plena su vida, como pleno su paso por las sierras de los mortales… Destrozado está mi espíritu y mi caballo anda torpe en sus andares manchegos…

Como un general de caballería te has ido con todas las batallas ganadas, con las botas puestas y con cien legiones de guerreros dispuestos a seguir tu estela.
No necesitas presentación ni despedida. Pues todos te adoran y respetan. Todos sin excepción.
Un placer, querido maestro, un honor y una suerte haberte conocido. Sigue cuidando de todos desde la Armada del Cielo, ésa a la que nunca dejaste de rezar por los que nos antecedieron.
Suenan las caracolas en una de las sierras del Altísimo. Suenan más largo y tristes de los normal. La muerte es parte de la vida. Y la tuya fue auténtica. Auténtica en toda la extensión de la palabra.
Hasta siempre, querido tío Paco. Hasta siempre, Basarán.

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