Caza y conservación. El borrico jubilado

Waterbuck, conocido en el África portuguesa como burro do mato. Sigue existiendo, en gran número, porque se caza, el otro burro está en riego de extinción en Portugal.

En los últimos tiempos, las redes sociales, y no sólo en ellas en particular, las propuestas de un partido político contra la caza en la Asamblea de la República, hicieron que la caza fuera cuestionada.

Después de haber leído y oído innumerables disparates sobre este tema, tanto por los ‘ecologistas del día’, como también por parte de algunos cazadores, pienso que es hora de aclarar con hechos por qué la caza es la mejor herramienta de gestión y conservación de la vida silvestre que existe.

Este mes haré una introducción a este tema, prometiendo que en los próximos números hablaré sobre casos concretos de caza y conservación de diversas especies y ecosistemas, un poco por todo el mundo, y que nadie puede desmentir.

Sé que, desafortunadamente, estos artículos serán leídos por pocas personas que no sean cazadores, la comunicación social rara vez publica algo positivo sobre caza, la censura a los cazadores es una realidad, pero al menos sirven para que los cazadores estén más informados.

Ésta no es sólo una tentativa de defenderla o, mejor, de presentar grandes argumentos para que se cace, es también mi pequeña contribución para preservar la vida salvaje. Nosotros, los cazadores, podemos estar orgullosos de ser los mayores guardianes de este patrimonio y la garantía que seguirá existiendo para las generaciones venideras.

En las sociedades urbanas actuales existen ideas completamente erradas sobre el papel de la caza en la conservación de la vida silvestre. Muchas personas ven la caza como el gran enemigo de la vida salvaje, la antítesis de la conservación, el cazador es un destructor. Creen que pueden proteger la vida salvaje, retirándole el valor económico que la caza sostenible genera. Nada menos cierto.

Como cualquier defensor de los derechos de los animales, también quiero que los animales sean bien tratados, no me divierte infringir sufrimiento a un animal.

El problema de la mayor parte de las organizaciones de los derechos de los animales es cuando su política traspasa ese ámbito y pasan a querer obligar a toda la gente a estar sujeta a que sus ideas pasen a ser leyes sobre conservación de la naturaleza.

Mientras los derechos de los animales, están al nivel del individuo, la conservación de la naturaleza está al nivel de la especie, como colectivo, de los ecosistemas y de la biodiversidad. Lo que puede proteger un animal o un pequeño grupo, podría ser contrario a la supervivencia de una especie o a la preservación de la biodiversidad a largo plazo.

Véase el ejemplo del asno en Portugal, sí el de cuatro patas. Cuando los burros fueron sustituidos por los tractores y las furgonetas, supuestamente vieron su calidad de vida mejorada, al no tener que trabajar de sol a sol en el campo. En el caso de este ‘borrico jubilado’, que ya no tenía que trabajar ‘obligado por un ser humano’, pasó a vivir mucho mejor, pastaba y comía paja placenteramente.

Pero la especie perdió su valor para los agricultores y por eso dejaron de criarlos.

Hace algunas décadas, los burros existían en gran número en nuestras comunidades rurales, hoy son rarísimos. Fue necesario crear incentivos y subsidios para que no desaparecieran por completo.

La gran verdad es ésta, los animales que no tienen valor económico, o que tienen menos valor que otras opciones, acaban por desaparecer o existir sólo en núcleos de protección diminutos. Desgraciadamente, estos pequeños núcleos no garantizan la supervivencia de una especie a largo plazo.

Los derechos de los animales son importantes, pero para la vida salvaje estos derechos tienen que ser conjugados con políticas de conservación para toda una población, especie, o ecosistema. La caza ética y sostenible es, en este sentido, una excelente herramienta para la conservación y gestión de la vida silvestre, al generar valor y dinámicas que sirven para ese fin.

Hay que evitar, quitar, la parte sentimental de la ecuación de la conservación de la vida salvaje, si queremos proteger verdaderamente la naturaleza tenemos que considerar hechos científicos. De la misma manera que los cazadores no pueden cazar todas las especies indiscriminadamente, sólo porque les gusta cazar, los defensores de los derechos de los animales tampoco pueden prohibir la caza, sólo porque están en contra de la caza y creen que todos tenemos que ser como ellos.

Hablaremos de ejemplos concretos de cómo la caza y la conservación son inseparables.

Hasta entonces… ¡disfruten de la naturaleza con mi deseo de buenas cacerías! CyS

PS: Si desean contactar conmigo, envíe un e-mail a: [email protected] o visite mi página de Facebook: João Corceiro, Caça e Conservação

Por João Corceiro / presidente del SCI Lusitania Chapter 

Fotografía: Licinia Machado

 

 

 

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