Querida doña Ana, ¿dónde está la genética del cazador?

Querida doña Ana:

A día de hoy no es que vaya a descubrir las Américas y tampoco es que sea un lince en las artes de la caza; pero, la verdad, que de cazador a cazadora, no sé a dónde navega este barco cinegético, el cual parece que viaja con rumbo a lo desconocido comandado por más capitanes que marineros. No lo sé y espero que no, pero este viaje no va a buen puerto.

Como cazadora que fue, estamos en un país que no lleva unas pautas ni unas marcas para seguir un camino donde se establezcan y estrechen una serie de lazos entre cazadores, gestores y propietarios cinegéticos, para conseguir que todos caminemos en una misma dirección. 

Es tal el revuelo que hay hoy en día a nivel nacional entre trofeos homologables, genética y origen de muchas sangres cinegéticas, que parece que nadie sabía nada o tal vez se hacían los sueco, porque ya se sabe que a río revuelto ganancia de pescadores y divide y vencerás.

En fin, tal para cual, pero cuentan las malas lenguas que algunas especies de ciervos y jabalíes que habitan nuestra Península y que pastan en diferentes granjas cinegéticas, provienen más allá de los Montes Urales y que muchas de ellas son desparasitadas, vacunadas y hormonadas para conseguir los grandes monstruos que cuelgan en muchas chimeneas.

Maldito doblón de oro, culpable de circos y monstruos, éste ha hecho que no se disfrute de la forma de cazar de nuestros ancestros, pero es la realidad, la búsqueda de tan ansiado metal dorado ha provocado controversias y diferencias dentro de los cazadores.

La mejora de la calidad del ciervo y del jabalí ha provocado mediante la introducción de subespecies de otros países la mezcla de sangre entre individuos ibéricos y europeos, y ahora se pretende y se crítica, desde muchos puntos de la Península, recuperar los trazos sanguíneos de las subespecies ibéricas, aquéllas que habitaban y habitan en su gran coto de Doñana.

Extraño su presencia y su sabiduría, querida doña Ana, pero sé que en estos momentos nos sería de gran ayuda, porque tanto usted como yo, al igual que otros muchos cazadores, llevamos en nuestra sangre la pureza de la caza, la genética del cazador, cosa que otros muchos presumen de ella y se asustan y se mueren cuando ven una jara.

Todo esto es culpa del maldito doblón de oro y por la genética del cazador, pero, allá donde esté, doña Ana, me gustaría preguntarle: 

¿Cómo se pretende luchar por recuperar las subespecies ibéricas si se pretende galardonar con él más distinguido premio nacional a organizadores y fincas cuya sangre de muchos de los trofeos capturados son europeos?

¿Por qué los trofeos de macho montés, rebeco macho y hembra, sarrio macho y hembra, lobo y arruí cuando procedan de terrenos cercados no podrán optar a ser récord nacional de su especie? Será que al estar encerrados tendrán la sarna o piojos, o juegan a las cartas entre ellos… Quizás hablan en nuestro lenguaje y no lo sabemos…

¿Cómo podemos permanecer unidos si cada autonomía establece sus propias normas y principios, y cada cual navega hacia sus propios intereses?

No es descabellado, pero cómo podemos estar a una, como los de Fuenteovejuna, si cazamos como felinos sedientos de sangre en vez de permanecer unidos como una manada de lobos.

En definitiva, usted vivía en una España donde prevalecía la genética del cazador frente al doblón de oro; pero, si lo que queremos es el matrimonio de sangre y oro, de monstruos y pesetas, pues, como dijo el cura: “¡El que tenga algo que decir, que hable ahora o calle para siempre!”.

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