La noche

Qué bien huele la primavera, el campo y el mundo. Qué bien huele cuando de cualquier tomillo salta una collera de patirrojas, levantas una liebre o arrancas una bocanada de aire que te endulza hasta el alma…

 

Qué bien huele el monte cuando de lejos oyes los cencerros de las vacas, el baleo de las merinas o ves alejarse a los pastores tras un día de paridera duro y complicado. Qué bien huele el mundo cuando hasta dos martillazos te recuerdan que Ángel no ha sido capaz de cambiar la rueda del tractor, que los barbechos están rotulando la tierra y que ya mismo, tal que mañana, comienza la siega del verde.

Pero no va a estar todo en armonía, como el ambiente. No. Las siembras las tienen devoradas, hasta veinte camas me ha chivado el de la cosechadora que tiene la siembra que anda segando para heno. “Niño, eso lo llevan a hecho”. No me cantes más. Ya mismo le pongo freno. Y allá que voy.

Qué rabia que el Mañanero ya no esté, me cagüen la mar. Mira que dejarse matar por un gorrino pendejo en tierras de Cuenca… Bueno, en el ofició cayó y no hay mejor muerte. Elijo dos chatos fuertes y una punta de lanza. El sol se está poniendo… Afilo el cuchillo en la nave. Me voy a cenar hasta que bien tarde sea…

Qué silencio, Dios mío. Y es que la noche protege y hasta impone a la vez. El cuco acompasa cada segundo. La tranquilidad de los cencerros del ganado dormitando me da algo de sosiego. Pero es que el nervio que gasto se ve crecido con el de las tres alimañas amarradas que me acompañan. Son nuevos y no pueden ir sueltos, aunque el Balilla ya ha rondado conmigo y tira de la correa como un loco. Hasta me cuesta darles castigo para frenar su celo. Me recuerda a lo capones que me llevaba de mi maestro cuando me precipitaba por mi juventud. Qué ganas de rondar…

Silencio. La ronda se hace en silencio. No llevo caballo, por la multitud de cercas. Hoy a pie. A ver qué pasa. Y a ver qué se siente. He visto una piarilla de cochinas que no me han dado mucho tirón. Además las piaras se atacan mal y más aún si llevo perros novatos que no centran el tiro. A rondar, se aprende rondando. Y a cantar, cantando. Pero ambas labores requieren lentitud y preparación. Busco un objetivo solitario, sereno y en campo abierto. Doy dos tirones firmes y secos a las correas. Los chatos se sientan. El Fecha parece que lo que tiene de chico lo tiene de listo. Sabe que estoy buscando un objetivo… Y al oír la alambrada quedé quieto como una piedra, como mis perros, todos amparados por la sombra de un chaparrete. Este satélite, sí… Dejémosle meterse en el raso, ya pateado y confiado por la piara de hembras que se aleja al sentirle… Amén, Jesús.

Está entretenido, removiendo todo, calles hechas por la máquina y espigas que aún se mantienen en pie. A qué espero. Basta de mutis. Hasta mis perros me lo están pidiendo con razón. Al baile que vamos. A ver qué tal se pela este pavo. Me aseguro de tener el cuchillo, siempre lo hago. Mi medalla de la Virgen de Guadalupe, también. Suelto colleras. Y me encomiendo a la noche, a la luna y a Dios.

Van los tres pegados al suelo, directos. Ligeros y callados. Como lobos. El Balilla ha dado dos bocanadas de aire y sabe dónde tiene a su presa, por ello encabeza el grupo. Tamames, también. Y uno de las orejas y otro de la nalga izquierda. Y el Flecha lo muerde de los pechos. El cochino, que sin quererlo ni saberlo, se ha visto preso. Corro con decisión y silencio, desenfundo, subo a su lomo mientras le apreso de la cresta y le meto el acero hasta los gavinales

Voy camino de la nave para dejar atados a mis tres fenómenos. He hecho bien en sacarle las tripas al marrano, en caparlo y en dejarlo boca arriba para que, con los calores de la carne, no se cueza. He dejado el jersey al lado para evitar que algún raposo le meta las uñas antes del amanecer. No es enorme, por ello creo que se puede hacer una caldereta. Voy feliz y un poco jadeante, como mis perros. La luna se está tapando y, muy de lejos, se adivina que el nuevo día va a comenzar. Los cencerros siguen meciendo sus badajos ajenos a una batalla silenciosa y mortal… 

Qué tendrá la noche y el monte que a los novios encandila….

 

 

M. J. ‘Polvorilla’ 

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