Cuesta abajo y sin frenos

Acabo de leer, en su totalidad, el informe de Fedenca sobre los efectos de los plaguicidas en la población de perdiz roja Española. Es demoledor. Me jode recomendar la lectura de algo así, porque se te queda el cuerpo como cuando lees en la prensa la esquela de un conocido. 

 

Pero, no obstante, creo necesario que todos los cazadores y todos los que presumen de no serlo, conozcan este informe para saber cuál es la realidad de nuestros campos y, sobre todo, para difundir y dejar claro que la única y más aberrante causa de la desaparición de la perdiz roja es la utilización de plaguicidas y el uso indiscriminado que de ellos se hace. 

Las llamadas semillas protegidas acaban con la vida de muchas aves esteparias y a las que sobreviven les provocan tal desarreglo en su metabolismo, que casi las inhabilitan para la reproducción. Los huevos pierden grosor en sus cáscaras y los embriones no cuajan porque se hielan o sus protecciones se rompen antes de llegar a eclosionar. Los pocos pollos que nacen, lo hacen debilitados e incapaces de sobrevivir. 

Los principales causantes de este desastre son dos plaguicidas que se siguen comercializando sin control: Tiram ( fungicida) e Imidacloprid (insecticida). Estos son los más letales a cualquier dosis, pero hay otra gran cantidad de marcas y productos que destruyen más lentamente pero de forma implacable.

Desde esta sección he defendido en más de una ocasión que ni los cazadores ni las repoblaciones han sido las causantes de la muerte y desaparición de la perdiz roja, como tampoco lo han sido del alcaraván, de la alondra, de la totovía, de la calandria, o del triguero. Ahora, la primera fase de un estudio científico amparado por la Fundación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza y la Caza, ponen sobre la mesa la realidad de los envenenamientos masivos.

Lamentablemente, desde Bruselas siguen muy preocupados en aplicarnos la Directiva de Aves (según sus criterios y sin tener en cuenta los nuestros), apoyados, encima, por gente como la ex ministra Narbona que, para colmo de males, se permite el lujo de decir públicamente que los cazadores han sido el lobby del que ha recibido más presiones, tratándonos como si fuéramos un grupo mafioso.

Lo que ocurre, Sra. ex Ministra, es que llevar al Parlamento leyes contrarias a los usos populares y a las costumbres y raíces de los pueblos, con el único interés de buscar el voto de los ecolegetas, perroflautas y antisistemas, es algo demasiado atrevido para no ser respondido como es debido. 

Los cazadores de España expresamos nuestro desacuerdo en una manifestación que todavía se recuerda por el ambiente festivo mostrado, por la educación empleada para defender nuestros intereses, y por la organización y capacidad demostrada para no provocar ni un solo incidente.

Los cazadores exigimos públicamente nuestros derechos, sin perseguir a la Ministra hasta la puerta de su casa, sin intimidar a sus hijos ni a sus familiares, sin amenazarla ni llenarle de pegatinas su portal. 

Recorrimos La Castellana con educación, con respeto, con alegría y con la capacidad necesaria para demostrar que después de recibir muchas patadas, podemos levantarnos contra el que nos oprime y ocupa cargo sin capacidad para ello, pero nos erigimos contra su cargo, no contra su persona.

Eso sí, nuestra manifestación fue el detonante que le costó el sillón a quien actuaba como si, en lugar de ser un empleado público, fuera la reina del cuento de Alicia en el País de las Maravillas: ¡Qué les corten la cabeza!

Ahora, todavía resentida, nos califica del mayor lobby de presión que tuvo que sufrir durante su mandato.

Quizás, Arias Cañete debería de poner un poco de más énfasis en defender los intereses de los cazadores, que no son otros que los de la conservación de la naturaleza y sus especies, haciendo que la agricultura sea sostenible.

Ya está bien de tirar a los pudrideros miles de kilos de productos agrícolas           (para regular el precio mientras la gente pasa hambre) y seguir pidiendo subvenciones. 

Lo que hay que hacer es no sobreexplotar la tierra a base de productos químicos, para luego desperdiciar lo que produce. Hemos hecho la prueba y los resultados han sido catastróficos para la naturaleza y para la agricultura.

Posiblemente, el camino sea primar las subvenciones para los cultivos ecológicos y suprimirlas para los que siguen aumentando sus producciones a base del empleo de productos químicos que provocan la muerte de las especies animales y vegetales que no interesan al bolsillo de los intermediarios. 

¿Tiene sentido regalar dinero público (subvenciones) a quien tira al pudridero la mitad de lo que produce y, además, siembra la tierra de veneno?

Para aquellos que estén interesados en leer el informe de Fedenca, les dejo el enlace: http://www.fecaza.com/images/stories/I.-_Efectos_Plaguicidas_en_la_P.R._03-_2010-_03-2011.pdf

 

 

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