A quejarse… al maestro armero

antonio-mata-foto-portadaEs socorrido, en el cierre de edición, momento exacto en el que se escriben estas palabras que mes a mes, querido amigo lector, llegan a sus manos, buscar un culpable habitual, causante de los muchos males que nos asolan, cargar las tintas sobre sus costillas y… arrearle sin compasión. Suele dar resultado. Otros optan, con frecuencia, por loar sus mensuales logros para atraer a la concurrencia. Pocos, alguno apenas, y más de ‘en vez’ que de ‘en cuando’, optan por hacer examen de conciencia, purgar sus pecados y cumplir la penitencia, aunque nunca se arrepienten y vuelven a las andadas. Es casi habitual que en esta página digamos aquello muy nuestro de «allá cada cual con su conciencia… si es que la tiene», pero cierto es que algunos usan, y abusan, de su buenisma conciencia para obtener réditos y ventajas, a veces con el público peculio, y que tiempo es, debería serlo, de poner su castellano nombre a las cosas. Poco a poco, y paso a paso, habrá que buscar los conceptos en la RAE y asignarle a cada uno el que le corresponda.

Y si hubiese que buscar un primer destinatario para alguno de esos conceptos, nada más socorrido, de nuevo, que echar mano de los que, erre que erre, cual perro con su hueso, siguen empeñados en aquello de «tú serás duro, pero yo no tengo prisa». Nos referimos, como otras tantas veces –ya casi aburre–, al ecologismo radical que, en el momento que huele a caza –y estos días, y a Dios gracias, huele mucho y huele bien– eriza las cerdas, bufa y reparte navajazos a diestro y siniestro con la futil esperanza de rascar en alguna faltriquera, de las pocas que, en estos tiempos, aún no tienen telarañas. Y siguen con los viejos temas de siempre.

Con el lobo, y se van a Bruselas a decir que queremos exterminarlos (¡hay que ser idiotas!). Con la media veda, pasada, y van y denuncian en Castilla y León. Con la caza en parques nacionales, y se niegan, y lo plantean, ¡hasta que cace la guardería para realizar gestión…! No es que den risa, es que hay temas que sólo se le pueden ocurrir al que asó la manteca… Y cuando no tienen donde rascar bola, buscan un chivo expiatorio y hasta que no acaban con él es que no paran, jodiendo, eso sí, al que más tiene que perder, que no es otro que el que dispone de menos posibles.

El pasado mes de septiembre la tomaron con las dos monterías sociales celebradas por nuestro querido Ayuntamiento de Los Yébenes –en el que hace apenas un mes (como pueden ver en el reportaje que les mostramos más adelante), celebramos nuestra gala de entrega de galardones de la XXIX edición de los Premios Caracola, con el apoyo a la caza de autoridades de todo el territorio nacional–. Utilizando ciertos medios generalistas –que eso, hay que reconocerlo, saben hacerlo a la perfección– y arremetiendo cual guarro herido, denunciaron a los cuatro vientos la adjudicación ‘ilegal’, según ellos, por parte de la Junta, de las monterías de Quinto de Don Pedro (ganadora, por cierto, de la Caracola a la mejor montería social) y Cardeñosa, acusando, incluso, al Ayuntamiento de adjudicación de los puestos a dedo y por invitación según su conveniencia.

Cuando desde el propio Ayuntamiento se desmintió públicamente todo esto –presentando los pliegos de condiciones y las convocatorias para apuntarse a las monterías, incluso los precios sociales de las mismas–, no les quedó otra que atacar a la Consejería y a la Junta, acusando de haber perdido unas cantidades absurdas de dinero público por no haber sacado las monterías a concurso. Jamás se les podía haber ocurrido a estos… tontosdelhaba, o de la baba, que es lo mismo, defender los intereses del pueblo, el que a la montería fuesen a trabajar los parados –como así fue y demostrable es–, que los pocos beneficios que produjo –era social, como dicho queda– fuesen a parar a los que más lo necesitaban: a trabajadores, establecimientos, bares y otros negocios locales que, como en tantos lugares de este país, están sufriendo en sus carnes los navajazos de la crisis. La consecuencia se la pueden imaginar: la Junta no volverá a adjudicar las monterías y los que no tienen recursos, los que no pueden cazar en otro sitio, se quedarán sin montear. Y los parados sin trabajar, los establecimientos sin ingresos y la caza en el monte para que, con nuestros impuestos, con lo poquito que nos queda, tengamos que pagar a la guardería para que la gestione… ¡Ah, no, perdón, si estos lumbreras han pedido que tampoco se cace por gestión…! Todo esto, que lo sepa todo el mundo, ¡gracias a Ecologistas en Acción!

Pero, ¿qué hemos hecho para merecer todo esto? Dice –literalmente en la entrevista que les mostramos unas páginas más adelante– nuestro querido amigo Tomás Burgos: «Necesitamos dirigentes, ampliamente respaldados por los cazadores, que nos representen
con firmeza…». Mientras seamos lo que decimos, y no seamos lo que hacemos, cualquier cosa que nos pase nos estará bien empleada. Y a quejarse al maestro armero… nosotros, los primeros.

 

Por A. Mata.

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