De ferias y concentraciones

images_wonke_opinion_felipe_vegueSe habrán dado ustedes cuenta de la proliferación de ferias de caza, llamémoslas rurales, y concentraciones rehaleras, una realidad que aumenta todos los años y un fenómeno digno de estudio. Se habrán dado cuenta como este tipo de eventos se realizan con pocos medios, que se sustituyen por una alta dosis de entusiasmo y esfuerzo por parte de los organizadores, que casi siempre están incluidos en la parte más débil de la cadena cinegética, como los propietarios de rehala, que, con pasión y afición a toda prueba, rinden dificultades y sacan adelante unas magníficas manifestaciones que, además, son comprendidas y aplaudidas en el mundo rural, siempre necesitado de acciones de cualquier tipo que le saque del ostracismo.

Se habrán dado cuenta, si buscan reseñas de alguna de estas ferias, como la prensa especializada del sector cinegético las ignora o, en el mejor de los casos, les presta una minúscula atención. ¿Qué ocurre, sólo interesan los safaris o el alto standing de afamadas citas monteras?, o los artículos tan repetidos como cazar con… que, ciertamente, aburren. Las empresas y orgánicos del sector las ignoran sin más y sólo en contadas ocasiones alguna federación autonómica les presta un poco de apoyo.

En una docena de estas concentraciones, celebradas en un radio de acción no superior a 300 kilómetros, y en las cuales he estado colaborando en la medida de mis posibilidades, he encontrado altas dosis de agradecimiento y satisfacción, tanto por participantes como de público, encantados con las diferentes modalidades y demostraciones que se celebraban y en donde se les permite interactuar con animales, en exhibiciones y pruebas deportivas, viviendo y experimentando, con tantas evoluciones en directo, todas las disciplinas contenidas en la caza. Puede que no en la línea de negocio requerida y puede que necesaria en ‘ferias comerciales capitalinas’, donde el éxito o el fracaso se miden por la venta del suelo destinado a los estand y las subvenciones arrancadas a las instituciones.

Estas otras concentraciones más modestas están rodeadas de gente entusiasmada y deseosa de dar a conocer su mundo, su rehala, sus aptitudes, que el público conozca sus perros o la modalidad de caza que practican, que les pregunten y hablen con ellos, siempre deseosos de trasmitir sus conocimientos, día de fiesta con un sentido ritual, incluso, como en las antiguas romerías, con las mismas pretensiones: honrar nuestra afición en un grato día de campo y en el entorno que mejor se nos conoce y donde desarrollamos nuestra afición, gratos días en compañía de amigos, donde estrechar lazos, olvidar, si las hubiera, cuitas y rencores, y valorar el esfuerzo de los participantes, adiestradores o cetreros en la ciencia de su cometido. Aquí es donde, de verdad, se realiza una difusión de la imagen del cazador, mostrando y hablando de caza en su sentido más puro.

Las aportaciones que suponen estas manifestaciones al mundo cinegético deberían ser tratadas con mucha más atención. Hay una parcela imprescindible y demasiado desconocida en la montería española, como es la de los perros, sus razas y cruces, que además contribuyen a crear un primer escalón en futuros aficionados y en los que se incorporan a la montería, además de mantener activa y económicamente a muchos, en una actividad que, de no existir el perro de rehala, no celebraríamos. Existe una simpatía y atracción hacia el mundo de los perros que capta la atención de personas muy críticas con los cazadores y que descubren en estas manifestaciones una realidad que desconocían, contribuyendo, y mucho, al conocimiento cinegético y utilidades que pasan desapercibidas, sin más, por el mundo urbano, donde existen demasiadas tendencias de humanización, lujo y compañía hacia los perros, la mayoría de los cuales son de raza cazadora, apartándoles de la utilidad y valor real que tienen.

Considero que la apatía y desconocimiento del entorno cinegético, la prensa y medios de la Red, en estas ferias y concentraciones, no es merecida. Hay que despertar de este cómodo letargo a tantos medios que buscan, sin obtener respuestas positivas, cómo difundir y explicar la caza hacia el gran público, quejándose de los excesivos costos que soportan en suelo, estancias, montajes y transportes en las ferias comerciales, ignorando los esfuerzos de estos aficionados que con poco se conformarían: con la reseña de su feria y alguna cita que les diera ánimos para poder continuar. Los aficionados que acuden a estas concentraciones también adquieren las revistas del sector. Las comerciales precisan de otro nivel de rentabilidad que, tal y como están montadas, las lleva a grandes fracasos: la fórmula no es viable, no salen rentables ni para empresas ni para nuestros rehaleros o aficionados.

Creo, a mi juicio, que estas manifestaciones reúnen la esencia de lo que fuimos una vez y que hacen más por la difusión de la caza que otros grandes proyectos o ferias comerciales. Aquí la entrada es gratis y se innova en cada uno de los certámenes.

Mi apoyo a estas personas que, con dignidad, pocos recursos y con un enorme esfuerzo y pasión (que a esto no se pone precio), están contribuyendo al mantenimiento de la esencia más natural de la caza, la amistad y su difusión.

 

Por Felipe Vegue.

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