¡Joder! que se nos encadenan…

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¡Anda que ya les vale! ¡A grandes males, grandes remedios! Ahora los paranyers amenazan con encadenarse para poder cazar. Y yo que soy aficionado a la liria desde que era un chiquillo, viendo sus barbas afeitar estoy preparando mi cadenilla. Y volvemos con otro asunto tratado desde la Administración con la más absurda de las ignorancias y la más vil de las incompetencias.

La caza del parany es, como otras tantas, una forma de caza tradicional que debe conservarse aunque solo sea por cultura. Ahora bien, si hay que regularla que se regule de forma razonable. Yo propondría que cada paranyer pueda capturar por día la misma cantidad de zorzales que puede abatir un cazador de escopeta. ¿Que veinte zorzales? ¡Pues veinte zorzales y ni uno más! ¿Que durante la jornada de caza se captura alguna especie no cazable? pues se le limpia la liria con gas-oil mezclado al 50% con aceite de oliva y ¡a volar! Así de simple.

Yo soy liriaor desde hace cuarenta y cinco años (ahora nos llaman silvestristas), y capturo todos los años los ejemplares que la Administración me permite, actualmente once por temporada entre las tres posibles plumas, jilguero, pardillo y verderón. Los tengo que tener anillados, las capturas tienen que hacerse valiéndonos de un arbolillo artificial y cada vez nos ponen más pegas con el único objetivo de cargarse una forma de captura tradicional.

Ya cuando nos pusieron aquello de silvestristas empezó a oler a quemado. Yo que toda la vida había sido pajarero (porque lo que cazaba eran pájaros) o liriaor  (porque lo que utilizaba era liria) me veía siendo silvestrista por ese afán de los progres de cambiarle el nombre a todo.

No me tranquilizó mucho saber que el maestro de mi hijo era la «entidad educativa emisora», y me jodió bastante que el niño fuera «entidad educativa receptora». Con lo sencillo que hasta ese momento había sido ser profesor y alumno. Basta que te cambien el nombre para que después te quieran cambiar la vida. Y así fue. A mí, al poco de ser silvestrista me cambiaron los cupos y a mi hijo le pusieron como asignatura obligatoria Educación para la ciudadanía.  Que por cierto, tampoco tenía nada que ver con el nombre, ya que en realidad debería llamarse «adoctrinamiento stalinista e invasión de competencias de los padres».

Y hablando de invasión de competencias, creo que aquí viene el problema. A ninguno con vergüenza y con una educación normalita se nos pasa por la cabeza meternos en los juzgados a denunciar cualquier cosa, con tal de figurar en cualquier sitio, pero a los progres de salón les mola mil entorpecer el normal desarrollo de la Administración, denunciando, por ejemplo, a los paranyers porque cogen pájaros. Con esto se inicia una campaña que conduce a que el Administrador no solo no administra, sino que deja que le administren. Desde el desconocimiento más cruel de la materia hace lo que le dicen que haga los que más chillan, bajo la amenaza del notevoto o del temontounpollo. Los que nos enseñaron de otra forma y chillamos menos, damos menos miedo y nos hacen menos caso. Y así nos va.

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