La ética y la estética en la caza (II)

Rezando la Salve montera.

Capítulo 2. La ética

Mucho más peliagudo es hablar de la ética, porque es menos visual y, aunque acabe viéndose, es más difícil de captar.

Es absurdo hablar de una ética, porque cada persona, o familia, o micro grupo, practican la ética de una forma diferente. Creo que es algo simple, pero que a los cazadores nos cuesta entender.

Participo en un entretenidísimo macro chat de cazadores de WhatsApp de unas 100 personas, en el que aprendo todos los días. En él he podido ver que, ni los cazadores con ética tenemos un mismo criterio de esa ética. Vamos, como en la vida normal.

A muchos les preocupa que haya divergencias en esa ética, como si esto pudiera ser una causa de profunda crisis de la ética en sí misma. Yo disiento; el problema de futuro es pretender una unificación completa hasta tal grado de negar la natural diferencia e individualidad entre humanos. Al igual que en la estética, que el amor por nuestra afición no nos lleve a negar nuestra propia naturaleza.

Con ello no quiero decir que no defienda una ética cinegética, sino que ésta debe centrarse en lo absolutamente irrenunciable, en lo que diferencie a los impresentables del resto. Como ya voy cumpliendo años, me voy dando cuenta de que la excesiva polemización sobre lo accidental, además de aburrido, se convierte en radicalismo. Y cada vez estoy más harto de predicadores de morales y éticas, lo que no es contradictorio con que libremente podamos, siempre dentro de la normalidad y naturalidad, expresar nuestras preferencias e ideas. Por poner un ejemplo, hace muy poco hablábamos en ese chat sobre las fotos de trofeos; a mí, particularmente, no me gusta aparecer en ellas con una copa en una mano y con un puro en la otra, por un particular criterio sobre un respeto casi taumatúrgico a la pieza cobrada. No obstante, me enfrentaré a quien quiera demonizar a quien sí lo haga, porque lo que defenderé siempre es la libertad y la normalidad. De igual forma que no me gusta aparecer con una copa en la mano en fotos de la vida ‘ordinaria’, de mi trabajo o de mi vida diaria, no me gusta hacerlo en la caza. Pero a nadie le he visto criticar a otros por lo contrario en el día a día.

Volvamos a los ejemplos; la famosa salve de Foxá me parece lo peor que el creador de Solitario nos regaló, pero no se trata de fabricar facciones pro y contra salves monteras. Hay quienes lo recitan con una devoción cuasi mística y hay (como yo) quienes creen que es empalagosa y recargada; pero eso no es ética montera, sino simples gustos y preferencias. Algo parecido ocurre con la consideración de las delanteras como elemento identificador del ‘alma montera’, o como simple artilugio de gran utilidad para entrar a romper jaras y que estas no te rompan los pantalones.

Ojo, que nadie crea interpretar en mis palabras absoluta laxitud en el criterio de ética, porque yo mismo he negado el rito del noviazgo a quien se creía merecedor de ello, pese a haber transgredido todas las normas de respeto y educación en el puesto. Lo único que quiero decir es que hay que dejar la ética para lo fundamental. Quizás desde esta autolimitación podamos empezar a encontrar afinidades que unan, en vez de criterios de diferencia entre este colectivo tan atacado desde el exterior.

Por Antonio Conde Bajén

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