Los animal-list@s del siglo XXI

 Tras tanta información y protestas en contra de la caza, de la tauromaquia, etc., esta mañana me he despertado con una gran curiosidad: entender qué se les pasa por la mente a estos individuos, entender su forma de proceder, sus ideas, sus razonamientos, su modus operandi, cómo financian sus “movimientos”, etc. Todo ello, aplicando una de mis máximas que es la de “conocer antes de hablar”, para que mis comentarios tengan una base más o menos sólida.

 Así pues, al levantarme, me he puesto manos a la obra hurgando en Internet, en foros de animal-list@s, en páginas de ONGs de estas personas, para tener conocimiento del asunto en cuestión. Sorprendentemente, he descubierto varias cosas:

1) Una, grata: les guste o no, los cazadores tenemos unos fines muy similares a los de ellos en cuanto al conservacionismo de especies protegidas, al conservacionismo de la naturaleza e interés en la gestión correcta del medio natural, al no maltrato de perros (en particular, los galgos) y al no maltrato y crueldad hacia el resto de las especies animales. Creo que en eso coincidimos, repito, les guste o no.

2) Otra, sorprendente: hablan sobre la naturaleza, sobre las especies animales que viven en la naturaleza, desde un absoluto desconocimiento de las mismas, de su comportamiento, genética, costumbres, etc. Hablan de ellos humanizándolos, como si se tratara de películas de Walt Disney y la “naturaleza” fuese lo que uno ve cuando se sienta a ver El rey león, Bambi, El libro de la selva, etc. Vamos, que para ellos un ciervo les habla, un león se hace amigo de los impalas, los gorriones y ruiseñores son testigos de boda y le llevan la cola del vestido a la novia, etcétera.

3) La siguiente, surrealista: tratan de aportar ideas de gestión poblacional, de gestión del medio natural, basadas en comportamientos animales y en situaciones totalmente alejadas de la realidad que, analizándolas desde una perspectiva real, rozan el ridículo y el esperpento, y desgraciadamente, hasta la carcajada. Para muestra, este artículo publicado por la asociación de animal-list@s Liberalia: http://www.liberaong.org/nota_actualidad.php?id=2228

En donde, con “un par”, el presidente de la organización, un tal Carlos López, frente a la problemática de un exceso de densidades de cochino en Collserola, propone lo siguiente (sic): “La castración, junto con la colocación de árboles que den frutos en lo alto de la montaña de Collserola, permitiría no sólo evitar poblaciones tan grandes, sino también que los jabalíes bajaran hasta la zona habitada a buscar comida [sic]”.

Así pues, este señor anticaza, conservacionista, y supuestamente con conocimientos exhaustivos del medio natural y del cochino, propone montar una serie de capturaderos de jabalí y un hospital de campaña para, tras dormir a los cochinos capturados, hembras incluidas, operarlos “como a humanos” para hacerles unas ligaduras de trompas o unas vasectomías (porque, claro, al ser tipo Pumba, no se les puede castrar con un método tradicional, hay que operarlos como a humanos…), con el posterior tiempo de convalecencia en donde se les podrá visitar y llevar bombones. Mientras, hay que plantar árboles frutales (ya creciditos e injertados) de temporada, para que den frutos en verano e invierno, en lo alto de las montañas y, tras enseñarles su nuevo hogar, vivan en feliz comunión por los siglos de los siglos allí arriba y, supongo, colocar alrededor del pueblo un control de aduanas para los nuevos que pudieran venir, para avisarles que tienen que pasar por el hospital para proceder a su esterilización antes de penetrar en el paraíso frutal de las montañas…

¡Con dos cojones, señor López, con dos cojones! Y se habrá quedado usted más ancho que largo después de decir esto. Y, con seguridad, el resto de sus fieles e ilustrados seguidores hacen suyas sus palabras y se manifiestan exigiendo esto.

Tras leer este artículo, he estado (creo) como diez minutos con los ojos como Candy Candy, no dando crédito a lo que acababa de leer, por lo que tuve que releerlo. Después, me he sentado delante del ordenador, con un café, y he continuado mirando páginas y páginas sobre el tema, sorprendiéndome más y más hasta llegar al paroxismo de la estupidez humana.

Haciendo un inciso y volviendo al asunto de la esterilización de jabalíes y la plantación de árboles frutales, pienso yo: estos individuos, efectivamente, equiparan y “dotan” al animal el pensamiento racional del hombre, los sentimientos humanos y el concepto “humano” de muerte, por lo que cazar a un animal por control de densidades, etc. es como matar a un hombre, evidentemente, pasándose por el forro todos los estudios científicos que, desde hace decenas de años, dicen que el único ser racional de la naturaleza es el Homo sapiens sapiens y, por tanto, el único que está dotado con capacidad de racionalizar las situaciones y el concepto “muerte” es el hombre. Pero, qué más da la ciencia, ¿no?

Bien, pero si ellos lo creen así, porque realmente tienen pruebas concluyentes de que la ciencia se equivoca al respecto, pruebas científicas que estamos todos deseando ver (y en las que fundamentan toda su argumentación) y para controlar unas poblaciones excesivas en número de jabalíes que interfieren con el normal funcionamiento de un ayuntamiento y de un pueblo (y su interacción con otras especies animales de la zona) aconsejan y recomiendan que lo que se debe hacer con estos animales/personas es esterilizarlos y sembrarles frutales, digo yo, que verían válido y recomendarían a los gobiernos de todos los países africanos y asiáticos este mismo método para controlar las poblaciones de personas que, sin tener comida y agua, traen al mundo criaturas que se mueren de hambre todos los días. O sea, señor Carlos López, usted sería partidario, como lo es con los jabalíes/personas de esterilizar a toda la población de los países subdesarrollados y posteriormente sembrarles frutales. ¿No es así…? ¡Qué bien! Seguro que Manos Unidas, la ONU y el mundo en general aplaudirá su maravillosa propuesta…

Otra ONG de éstas, PACMA, en un artículo, suelta otra perlita: http://www.pacma.es/cazaypesca. Habla de nuestros argumentos (los de los cazadores de verdad) versus los argumentos de los animal-list@s:

a) Argumento “los cazadores cuidamos el equilibrio de las especies”: según ellos, hablamos de las especies como “entidades abstractas” que ni sienten ni padecen, olvidándonos que los individuos que conforman estas entidades “sí sienten y padecen y sí les importa su vida”. Argumentan que si cogen un arma y matan a dos personas, a la especie “humana” no afectan dos bajas, pero a los dos que hemos matado sí y que, por tanto, con este argumento, dicen que “anteponer los intereses de una especie a la de los individuos que la componen es una aberración ética humana”. A ver, hombre, a ver, para empezar el único animal que tiene conciencia real sobre la muerte es el hombre (está demostrado científicamente) por lo que ya empezamos rollo Bambi; en segundo lugar, el control de una “especie”, el control poblacional de ella, se realiza sobre individuos, claro, pero no sobre “cualquier” individuo. Y este control, realizado de forma selectiva sobre individuos viejos, enfermos o sobre el marco poblacional que en ese momento sea recomendable, permitirá a los demás individuos de esa especie vivir mejor, con más alimento y de una forma mucho más sana y saneada. Y comparar esa gestión del medio natural a coger una escopeta y matar a dos personas, en fin… Es descontextualizar la realidad del asunto a tratar y, por tanto, toda la base argumental queda anulada.

b) Argumento “los cazadores amamos a los animales. A veces no cazamos nada y simplemente disfrutamos de la jornada”: dicen que esto es un argumento místico (el de castrar a unos gorrinos y sembrar frutales en una montaña no es místico, claro…) y dicen que los maltratadores de mujeres y niños también afirman amar a sus víctimas. Frente a semejante argumento, ¿qué se puede decir? Creo que el solo hecho de comparar ambas es, en sí, no tener argumentos. Aparte de ser una afirmación quizá interesante para presentar en un juzgado.

c) Argumento “los cazadores fomentamos la economía del medio rural”: dicen que hay otras maneras de fomentar esta economía que no sea matando a seres inocentes. ¿A Bambi, a Pumba? Ya lo vuelven a sacar de contexto. Dicen que hay muchas formas de dejar ingresos a los pueblos, con el piragüismo, la escalada, visitas históricas, talleres de aprendizaje de la naturaleza, etc. que también dejarían dinero. A ver, varias cositas: cójanse ustedes las cuentas por comunidades autónomas del dinero que se dejan los cazadores en los pueblos, el dinero que mueve la caza y el dinero que mueve el piragüismo, escaladas, etc. y díganme ustedes, a la vista de ambos documentos, cuál es el que tiene más peso económico. Por otro lado, si están en contra de una política invasiva de los montes, ¿qué hace más daño: un tío cazando con una escopeta al hombro por un monte o un batallón de gente arriba y abajo, gritando, dejando mierda por el monte (que luego el cazador recoge, como yo lo he hecho en incontables ocasiones), pisando brotes, arrancando arbolitos, molestando en los encames a los animales que tranquilos se encuentran en su hábitat, montando fiestas hippies en mitad de un robledal e incordiando la paz del campo, etc., etc.? A ver, ¿ qué molesta más a la naturaleza? Yo he estado sentado en una peña, a 500 metros de un nido de águila real, viéndola tan feliz, y he visto llegar a un grupo de estos individuos, se han encaramado al árbol y se han puesto a sacarle fotos al nido y a los polluelos con grititos de “¡Ay, qué bonitos son!”. A lo mejor, después de eso, la madre abandona el nido y los polluelos mueren; a lo mejor nunca vuelve a anidar allí… Pero no pasa nada y está bien hecho. Eso sí, un cazador que a 300 metros del nido cace un conejo o un jabalí y no vuelva por la zona en tiempo, ése sí, ése molesta gravemente a la nidada…

A ver, señores, ustedes nos comparan con gente que “podríamos pegarle dos tiros a dos personas y no pasaría nada”; nos comparan con maltratadores de mujeres y niños, y no pasa nada.

Frente a toda la ignorancia escrita por ustedes en sus webs en relación con la caza, el campo, los cazadores, la gestión del medio natural, el nulo conocimiento del comportamiento de los animales en estado salvaje y demás… ¿qué podría decir? Llamarles subnormales no me parecería bien, porque sería faltarle al respeto a personas enfermas con una patología muy complicada. Llamarles ignorantes sería meter el dedo en la llaga de las últimas leyes de educación que se han aprobado en este país. Así que, como decía Forrest Gamp en su película, les llamo, simplemente, tontos, porque tonto “es el que dice tonterías” y ustedes no paran de decirlas y, además, se sienten orgullosos de ello.

Así como me he molestado en leer y tratar de comprender sus argumentos, les aconsejo que acudan a cursos de gestión del medio natural organizados por biólogos, veterinarios y cazadores, en donde podrán aprender de verdad “de qué va” la naturaleza y cómo poder colaborar en su gestión de forma eficaz y positiva. Y después, con un conocimiento real, opinen lo que quieran. Porque, como dicen ustedes, no todo vale. Y el “no todo vale” es bidireccional.

No vale mezclar a maltratadores de niños y mujeres con cazadores de verdad; no vale mezclar una caza selectiva y racional de control poblacional con “pegarle un tiro a dos personas”; no vale afirmar que molestamos a los animales con tiros mientras aplauden excursiones multitudinarias por los campos de Dios gritando, reventando nidadas, encames de animales y dejando basura por todos lados; y no vale vivir del cuento con subvenciones de las Juntas y comunidades autónomas para financiar estas excursiones, los panfletos y demás cosas absurdas, en vez de, como nosotros, rascarnos nuestro bolsillo en comprar alfalfa, maíz, siembras, comederos, aportes de sales y vitaminas para cuidar, mantener y mejorar las calidades de esas poblaciones de animales y, por tanto, de sus individuos.

¿En qué estamos de acuerdo? Pues, como decía al principio, en muchas cosas. El que un galguero o un rehalero abandone o mate a sus perros por el motivo que sea es totalmente imperdonable y se debería castigar; el que se maten especies protegidas con fines lucrativos sin haber exceso poblacional justificable para esa acción debería ser cosa de cárcel; que se abandonen perros debería estar penado con cárcel, etc., etc. En todo eso coincidimos. En lo demás, en el tema caza y en sus argumentos, no sólo discrepo, sino que los rechazo de manera radical, por su completa falta de argumentos y por su radicalismo irreal y engañoso, y en una absoluta falta de conocimientos reales de la naturaleza y de su fauna y flora, que les incapacita para poder hablar sobre ello. Si no saben de un tema, cállense, prendan y no hablen sin saber, porque “tonto es el que dice tonterías…”.

Esta misma ONG, PACMA, en el siguiente artículo critica y rechaza frontalmente la temporada de caza en la comunidad de Madrid: http://www.pacma.es/n/11718/comienza_la_temporada_de_caza_en_madrid

Con las siguientes aseveraciones e imágenes:

1. Como ejemplo visual de la crudeza de la caza en la Comunidad de Madrid cuelga en el artículo la foto de un venado de cola blanca cazado; venado que no sólo no existe en la Comunidad de Madrid (salvo en el Zoo), sino que no existe en toda Europa al ser un cérvido oriundo de América del Norte. O sea, que parece ser que los cazadores madrileños nos vamos a EEUU, cazamos un venado de cola blanca y nos lo traemos a Madrid en una pick up para ponerlo en la junta de reses de una montería… O, quizá, el tío que ha escrito el artículo y que no tiene ni idea de qué es un venado de cola blanca, se ha metido en Internet y ha copiado la primera foto que ha encontrado y que ha resultado ser un cola blanca americano. Si fuese así, yo le recomendaría a este señor que le dedicase un rato a estudiar a los animales con cuernos, no sea que por error ponga a algún vecino, amigo o conocido fotografiado en su próximo artículo, lo que le puede provocar una situación un poco incómoda, máxime si el cónyuge, pareja o concubin@ de dicho cornúpet@ no se lo han puesto en conocimiento.

2. Habla que los cazadores de la Comunidad de Madrid han “asesinado” a más de un millón de animales entre conejos, perdices, becadas, becacinas, codornices, zorros, venados, gamos, machos monteses, cochinos, etc. ¿Se imagina usted, señor redactor del artículo, que con el índice de procreación de dichos animales, hubiese un millón de ellos más en la Comunidad? ¿No cree usted que si se han cazado es porque es necesario mantener un equilibrio poblacional racional y razonable, en relación a la capacidad de carga de cada zona, para los que haya vivan sanos y en armonía? ¿O los esterilizamos y les sembramos frutales? ¿Y la palabra “asesinar”, no le parece un “poquito” sobrada cuando se habla de caza, de gestión del medio natural y de equilibrio poblacional objetivo y necesario? Es como si usted, con unas copitas de más, se liga a una chica y al día siguiente le decimos que usted ha abusado y violado a una mujer porque ésta no le dio un consentimiento expreso y por escrito. En fin…

3. Dice que durante la temporada de caza se imponen en los montes los derechos de una minoría (la de los cazadores) sobre una mayoría (los no cazadores) y que estos últimos si quieren ir al monte se van, literalmente, “jugando el pellejo”. Primero, creo que usted, como progre democrático, entenderá que hasta las minorías tienen derechos… Segundo, comprenderá que para desarrollar una labor de control de poblaciones y demás, hay unas leyes y está reglado, tanto para los cazadores como para los no cazadores porque todos debemos convivir en armonía. Tercero, le agradecería que me indicase la dirección de su casa para que los cazadores le llevemos a su puerta toda la mierda y basura que los “suyos” dejan a diario en el monte (papeles, botellas de plástico y metal, papel de aluminio, colillas, plásticos varios, etc. y que los cazadores vamos recogiendo cuando vamos por el monte. Y cuarto, les conmino a que, aplicando métodos que se aplicarían a ustedes mismos (¿no son los animales iguales a las personas?) lleven el control poblacional de especies cinegéticas y protegidas durante los próximos cinco años a nivel estatal. Eso sí, con una condición: que depositen un aval de unos cuantos cientos de millones de euros para el posible daño económico que esto pueda causar a ayuntamientos, empresas relacionadas, vecinos de pueblos, etc., por este asunto, a modo de indemnización a cabañas ganaderas y a agricultores y al propio equilibrio natural, cuyo daño podría incluso llegar a ser irreparable. Así pues, se rascan todos los bolsillos, depositan diez o doce mil millones de euros a modo de aval y operan como consideren, pero, por favor, no llenen España de ciervos de cola blanca que los que tenemos autóctonos (el Cervus elaphus) ¡nos gustan mucho!

En fin, que leídos estos grandísimos artículos y comentados (no quiero aburriros con más artículos vistos) llego a la conclusión de que estos señores “animalistas” y “ecologistas” no tienen ni pajolera idea de naturaleza ni de los animales que se supone defienden ni de su interacción ni de su control ni de nada de nada. Simplemente, montan un circo, van de progres y tratan de chantajear a los gobiernos (otros que tal bailan) a base de votos, para seguir teniendo subvenciones y no dar un palo al agua con la excusa del “proteccionismo” mal informado, mal conocido y mal desarrollado. ¿Qué hay que acabar con los que no cuidan a sus perros como se debe? Totalmente de acuerdo. ¿Qué hay que acabar con la caza furtiva? Totalmente de acuerdo; que hay que cuidar a animales en peligro de extinción? Totalmente de acuerdo.

Si se dan cuenta, en eso coincidimos ellos y los cazadores. En el cómo, en el porqué y en el resto de las cosas, no. Es imposible, porque nosotros sabemos de campo, de gestión y de animales, y ellos de porros, de cubatas, de gritos y de descalificaciones.

Teniendo, como tenemos, puntos en común, ¿no sería más razonable que se instruyeran de verdad en la gestión natural y, después, sin radicalismos que denotan tintes “nacional socialistas y marxistas”, nos sentemos todos a buscar soluciones viables a esos problemas que todos comprendemos, sabemos que existen y que todos queremos erradicar?

Yo estoy deseando ver un artículo de un “animalista” de éstos en donde, tras realizar un estudio exhaustivo y real de las necesidades de un área de monte, de sus poblaciones animales, de su capacidad de carga, etc., diga que para que este ecosistema sea sostenible tiene que haber un número máximo de “n” jabalíes, “n” conejos, “n” venados, etc. Y, teniendo en cuenta la capacidad de procreación de cada una de las especies, hay que tener un máximo de tantos individuos sanos de cada especie para que el ecosistema funcione y esté saneado. Y que, a partir de ahí, aporten soluciones a esa necesidad de control de densidades, ya sea la caza o una alternativa real. Porque la caza, señores, no sólo logra ese control sino que, además, deja dinero en esa comarca, crea puestos de trabajo y los animales cazados sirven de alimento a gente de la zona (no se quedan tirados en el monte).

Si ustedes hacen todo esto que digo y encuentran soluciones reales (ojo, pensando como piensan que los animales son como las personas en todos los sentidos) tras un estudio de verdad, serio y responsable (lo que equivaldría a un plan técnico de caza bien hecho), ¡chapeau! Si su solución es la que ha propuesto el tal Carlos López o pasa simplemente por criticar, insultar y rozar la coerción y la amenaza, qué les puedo decir… Que, efectivamente, los animales son muy parecidos a ustedes, no al hombre, sino a ustedes. Y, por tanto, ¡acabarían teniendo razón! Pero, al contrario que ustedes dicen con sus amenazas, nosotros no vamos a realizar un control poblacional de la especie Cretinae animalae porque no somos ni asesinos ni violentos y, al igual que le echamos alfalfa a los venados, corzos y demás, al igual que ponemos comederos o siembras para que coman, les seguiremos pasando una subvención pagada por todos, para que, al menos, tengan con qué comer y alimentarse, como animales y animalistas que son y demuestran ser. Para que luego digan que los cazadores ¡no hacemos gestión!

Emilio Sanz-Pastor Rivas

 

One Comment

  1. Buenos días Emilio. Soy ecologista y activista desde hace algunos años. Efectivamente, creo que somos subnormales y tonotos. Estoy convencido de nuestra ignorancia y me apeno terriblemente por ello.Tengo 37 años. Estoy, personalmente de acuerdo con la filosofía que propone en relación a la gestión de los recursos cinegéticos actuales, tanto de actividad deportiva como control de poblaciones,… pero de igual manera creo firmemente en la gestión medioambiental con fines educativos y culturales con el fin de recuperar y mantener el valor de los ecosistemas, su cuidado y su respeto por parte de los ciudadanos porque suspendemos de largo. Envidio a muchos países europeos en los que este equilibrio sostenible es posible, donde la convivencia entre propietarios y ciudadanos es sorprendentemente ejemplar. Lugares como Noruega donde los vallados son inexistentes y los ciudadanos pueden disfrutar plenamente de lugares que, incluso son de ámbito privado. Sé que estamos muy lejos de conseguir ese equilibrio (por no decir que aqui es una quimera), ese nivel de tolerancia y debo admitir que, al carecer de una cultura medioambiental, se carece del respeto a lo ajeno, casi como en nuestra cotidianeidad. He podido compartir travesias y viajes con gente joven, como yo, que provenia de paises como Alemania, Suiza, Austria y se sorprendian de la belleza de nuestro pais,…y de la basura que se acumulaba en el monte o los arcenes de las propias carreteras. La naturaleza es una moda más hoy en día, me arriesgaría a admitir, hay una masa enfervorizada por perseguir utopias sin ninguna base lógica, sin haber compartido opiniones ilustrativas con puntos de vista inicialmente opuestos. Pero, hoy por hoy, cuando visito el monte y me encuentro un candado donde no debería haberlo, se me parte el alma. ¿Justos por pecadores? La libertad, el reencuentro con una emoción casi ancestral que nuestros antepasados poseían de forma permanente en su vida cotidiana, esa unión, ese vínculo entre naturaleza y hombre durante milenios y de cuyos Montis Marianis fueron testigos es absolutamente indescriptible. Si cada día soy mejor persona es por buscar un atisbo de aquello. Así, es como, muchas personas, entre ellas, un servidor les gustaría sentirse en lugares como Valmayor conviciendo, como bien dice en su artículo, en armonía. Miro desde el Pico Bañuela con añoranza el Camino de Valmayor-Andujar por solana de Valmayor. o el Camino de Valmayor-Andujar por Hontanillas, ambos públicos; no vislumbro la vereda del valle que pronto, según tengo entendido, será deslindada y amojonada y no alcanzo a entender que, un lugar tan hermoso se levante una muralla, se cierre incondicionalmente y de manera no regular a personas que amamos la naturaleza, a personas que amamos Sierra Madrona , pero no como un amor estival adolescente, impulsivo o irresponsable, la amamos responsable y de manera comprometida. No nos enfrentamos a lo que no nos gusta de ella, ni destruimos o intentamos cambiar las cosas que, de manera natural, ha poseído siempre. Cambiamos o , al menos intentamos cambiar, lo que nos entristece de ella. Valmayor nos entristece a muchos. Yo conozco el Valle, pero me gustaría que mis hijos (si los tengo) lo conocieran algún día sin que tuvieran que esconderse detrás de mis piernas mientras un guarda intratable nos indicara la puerta de salida. Y pienso que el respeto a aquellos propietarios, gestores cinegéticos, cazadores, guarderías,… es imprescindible, que esa convivencia no- simultanea es necesaria, que existe una misma ilusión por el monte cuando llega la temporada de caza o la otoñada, y acudimos henchidos de ella a la sierra. Siento terriblemente los enfrentamientos, los litigios que, por mucho que se alarguen, solo traen disputas, resentimientos, pues al final, el desenlace es el que debe ser, es cuestion de tiempo. No pretendo convencer a nadie, solo es un pequeña reflexión, unas palabras al aire, un desahogo por el ahogo que sentimos ante la opresión del cable que cierra los montes que son de más de uno. Al menos un camino desde el que contemplar y sentir la belleza.
    Y si me he atrevido a escribirle estas líneas ha sido únicamente porque he leído sus líneas igual de apasionadas que las mías al hablar del campo. Un saludo cordial.

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