Una decisión personal

‘Piensa. Aliméntate. Ahorra’. Éste es el lema elegido por la ONU para celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente este año, una conmemoración que conlleva una campaña para reducir los desechos y las pérdidas de alimentos, la denominada huella alimentaria. Porque parece que las prácticas asociadas a la generación de alimentos están detrás de gran parte de los principales problemas ambientales y de sostenibilidad a nivel global, como la ocupación de suelo, la contaminación, la falta de agua potable o la deforestación. Frente a ello, e incomprensiblemente, 1,3 billones de toneladas de alimentos se pierden o se desperdician en todo el mundo cada año, y sólo con la comida que se desecha en Europa en ese periodo podrían alimentarse 200 millones de personas.

 

Más allá del vértigo de las cifras, con este lema, Naciones Unidas intenta no sólo llamar la atención de la población mundial sobre la gravedad del problema, sino también incidir en la responsabilidad de los actos de cada uno de nosotros. Es más, se ha señalado que ciertas decisiones reducen el volumen de desechos, ahorran dinero y disminuyen el impacto medioambiental de la producción de alimentos. Se requiere un cambio en toda la cadena alimentaria, cuyos actores, incluyendo el productor y el consumidor, deberían modificar sus hábitos.

A menudo, frente a los grandes problemas, nos parece que todo lo que podamos hacer será tan titánico que estaría fuera de nuestro alcance. Sin embargo, es mucho lo que podemos aportar todos y cada uno de nosotros, y no sólo desde la perspectiva de los deshechos alimentarios.

Podemos utilizar mejor nuestros recursos naturales y además sabemos cómo hacerlo –’saber es hacer’, reza el lema de los forestales españoles–. Sabemos y podemos gestionar nuestros bosques aplicando principios de sostenibilidad, sin sobreexplotarlos ni desperdiciar los recursos que nos brindan, utilizándolos para generar un tejido socioeconómico y mantener el empleo en nuestras zonas rurales. Una vez levantada la presión de subsistencia que pesaba sobre ellos, nuestros bosques, a pesar de la lacra de los incendios forestales, llevan décadas de recuperación y de extensión, cuyos frutos podemos aprovechar ahora. Y podemos hacerlo con todas las garantías, como acredita el más de medio millón de hectáreas de la Comunidad que cuentan con certificado internacional de gestión forestal sostenible.

Y en este caso, como insiste Naciones Unidas, el concurso de todos es importante. Nuestras decisiones, las de todos, por sencillas que parezcan, comportan otras consecuencias mucho más allá de lo que podamos ver. Para bien o para mal, estamos en una cadena global. En la mano de cada ciudadano está calentarse con biomasa forestal renovable, comprar muebles de madera de Castilla y León o construir con ella, demandar derivados de resinas naturales, valorar el corcho, la castaña o el piñón. Al final, en su decisión estará el parado que encuentra empleo, el medio que se gestiona, la economía que se sostiene.  Está en su mano también colaborar con las administraciones para evitar los incendios forestales, o para identificar y detener a aquellos que los causan, como acaba de suceder con el responsable del que hace apenas dos semanas ha arrasado más de 600 hectáreas en los montes cercanos a la ciudad de León. Al final, de su decisión de colaborar o no, porque también nuestras omisiones son decisiones, estará el bosque verde o la negrura abrasada.

Y a las administraciones, por supuesto, nos toca más. Nos corresponde fomentar, organizar y dar ejemplo. Por eso mismo,  desde la Consejería de Fomento y Medio Ambiente estamos lanzando un Programa de Movilización de Recursos Forestales y vamos a impulsar la construcción con madera regional y el uso de materiales certificados con gestión forestal sostenible. De lo más ambicioso a lo más cotidiano, porque como se apunta en el día del Medio Ambiente el concurso de todos, y a todos los niveles, es importante. Es imprescindible. Es fundamental.

Pero no sólo hablamos de los bosques. Todo nuestro territorio, toda nuestra biodiversidad, lejos de constituir una amenaza, se erige como una oportunidad para posibilitar desarrollos alternativos o complementarios ligados al medio rural, a la naturaleza, al turismo fotográfico u ornitológico o a la actividad cinegética. Es más, hoy sabemos que nuestros espacios naturales son además espacios de salud.

 

Hay que entender que nuestro medio ambiente no es un obstáculo al desarrollo, sino una oportunidad y una garantía, además de un patrimonio y un orgullo. Aprovechémoslo porque es nuestro deber para con el mundo hacerlo de forma respetuosa y sostenible. En la mano de todos está.

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