La sarna en el Parque Natural de Redes

Los montes del Parque Natural de Redes apestan a podrido. Los cadáveres en descomposición de venados se reparten por su territorio, víctimas de una epidemia que acabó con los rebecos y ahora, que empiezan a recuperarse, está arrasando con ciervos, corzos y zorros. La sarna sarcóptica, una enfermedad cutánea producida por un ácaro, acaba por matarlos después de una terrible agonía. Desorientados por la fiebre, bajan a morir a huertos, caminos, regueros e, incluso, a pueblos.

Constantemente llegan al Ayuntamiento peticiones de retirada de los vecinos que los encuentran en sus propiedades o cerca de sus casas. Las competencias administrativas saltan entonces a escena. Por lo visto, nadie sabe a ciencia cierta a quién le corresponde retirarlos: ¿Consejería o ayuntamientos? Estos últimos, arrendadores al Principado de sus terrenos, convertidos en reservas de caza, son los responsables finales de la sanidad en los concejos. Por su parte, la guardería, que dice no contar con medios suficientes, llegado el momento se ve obligada a arrastrarlos fuera de carreteras o caminos, dejándolos allí sin enterrar o quemar, convirtiéndose en un nuevo foco transmisor. Lo cierto es que muchos vecinos han sido contagiados ya al manipular sin protección venados muertos, a pesar de que se nos vende que este tipo de sarna no se contagia al hombre.

Entre tanto, la sociedad asturiana permanece ajena al drama que se está viviendo en Redes. Muy cercanos a él, desconocen que la mayoría de los venados, enormes cérvidos de más de cien kilos, se acaba por pudrir en cursos de agua, regueros y ríos de montaña. Son éstos, precisamente, los que llenan la reserva hidráulica del Principado, los pantanos de Tanes y Rioseco. Es el agua que beben las grandes ciudades del centro de Asturias. Quienes prohíben el uso de piraguas en estas presas para no alterar, según ellos, la calidad de las aguas, esconden la epidemia a la opinión pública. La transparencia que tanto pregonan es una mentira mayúscula. Recientemente, llamé a la persona encargada de las necropsias. Tras dos intentos de concretar una cita para informarme, me llaman directamente de Consejería para decirme que esa persona no está autorizada para hablar de este tema, que no dejan de ser casos aislados y excepcionales. Usan conmigo el más puro estilo de las políticas dictatoriales: de esto aquí no se habla, aquí no ocurre nada y punto.

Es evidente que al Gobierno del Principado no le interesa que se sepa lo que está pasando con los venados, con la fauna en Caso. Es mejor el silencio, que la sociedad siga ajena al problema, no vaya a ser que pidan responsabilidades. Mientras tanto, los llamados a sí mismos defensores de la naturaleza, los grupos ecologistas, permanecen mudos ante tal desastre ecológico. Ellos, que tanto calor dan a lobos y tanto daño hacen al mundo rural con sus absurdas reivindicaciones, callan sobre un tema tan importante como éste. Su silencio pone en evidencia su carácter oportunista, sus siempre interesadas actuaciones. No hay subvenciones, no hay donde sacar dinero en este tema y, por tanto, a los venados, si les pica, que se rasquen.

A todo ello se une que la riqueza socioeconómica que representa la actividad cinegética en Redes desaparece por momentos. Atacados posiblemente por una de las epizootias de sarna en cérvidos más agresivas que se conocen, nuestras reservas pierden interés para el cazador. Caso, por ejemplo, recibe anualmente 140.000 euros por este concepto. ¿Están nuestros ayuntamientos en disposición de prescindir del dinero que la caza les reporta? Radicalmente, no. Entonces, ¿por qué se tapa? Cuesta creer que no se pueda hacer nada más por los venados que verlos morir.

 

 

Publicado el día 4 de junio en La Nueva España (www.lne.es)

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