Panorama montero

Bosques y Caza y Monterías Riquelme organizan la montería perfecta a gamos

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Bosques y Caza y Monterías Riquelme organizaron la montería perfecta a gamos, o simplemente la montería perfecta.

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CRÓNICA

Fue el pasado 12 de octubre, Día de la Virgen del Pilar, patrona de España, cuando varios factores convergieron para que se diera la montería perfecta.

La propiedad, la finca, las organizaciones (fueron dos), monteros en forma y los ariscos gamos, además de algunos –bastantes– muy pero que muy grandes.

Evento montero

Ese 12 de octubre de 2023 José Ricardo Colorado López (Bosques y Caza) y Jesús Ildefonso Rodríguez Riquelme (Monterías Riquelme) aunaron fuerzas para que sus equipos conjuntamente con el de la finca organizaran este evento montero para 25 privilegiados cazadores.

Ambos son amigos míos personales, por lo que me alegré mucho de que organizaran juntos una montería en un coto de tantísimo prestigio.

Evento (RAE): «Suceso importante y programado, de índole social, académica, artística o deportiva».

Lo resalto porque personalmente utilizo en contadas ocasiones el vocablo ‘evento’.

El cupo era de dos gamos, se podría ampliar según una cuota complementaria.

Alejandro desde Melilla y reencuentro con Chucho

Fue una alegría enorme encontrarme allí con Alejandro Suárez, el cazador melillense con el que coincidí en La Ribera Alta, allí compartía puesto con su paisano y tocayo Alejandro Estrada, y con los que tan buenas migas hice.

En esta ocasión le acompañaba su hijo Darío, morralero con muchísima afición, excelente maestro tiene.

Alejandro tenía muchísimo interés en conseguir un buen gamo, especie que aún no había cazado en montería.

Tiene mucho mérito, cruzar con su vehículo con el ferry a la Península, y desde Málaga recorrer el largo trecho hasta en centro peninsular para, una vez acabada la montería, volver a Málaga a dormir y al día siguiente a casa. Eso es afición.

Alejandro me ofreció ir con él al puesto, le agradecí de corazón el ofrecimiento, con él me encuentro muy a gusto.

Alejandro con su hijo Darío, ¡qué alegría más grande volver a encontrarme con él!

Siempre prefiero hacer los reportajes en un lugar aislado, donde no moleste, y me presto a acompañar al puesto a contados monteros, ‘los Alejandros de Melilla’ son dos de ellos.

Otra alegría enorme fue encontrarme a Jesús Nuñez, Chucho, hoy jubilado y que fuera un artista de la taxidermia, allí estaba por su estrecha amistad con Pepe Colorado.

Es muy buena gente, sabe muchísimo de caza y es de charla sobresaliente.

Pepe y yo somos muy amigos desde hace muchos años, cuando éramos muy jóvenes, y él me lo presentó.

Otoñada, sorteo y a los puestos

La mañana estaba fresca, la otoñada intensa cubría de verde el suelo de la dehesa.

El sol ya anunciaba su presencia, no hacía aire, buen día para montear.

Desayuno del Catering Grupo Hospederías de Almagro, de otro gran amigo, Álvaro Franco, a la altura del evento, todo buenísimo y abundante, migas incluidas.

Muchas tablas tienen ya Pepe y Jesús, y organizaron con mucha rapidez todo, sin agobiar, ya que se quedó temprano, antes de las ocho ya daban al alimón las normas, incidiendo, claro está, en la seguridad.

Lo de siempre con los cupos: «Hay gamos muy grandes, muchos de ellos medalla, pero oros para todos no hay».

A las ocho y media ya se había sorteado.

Todos me indicaron que el puesto que le correspondió a Alejandro era ideal para hacer el reportaje.

«Bueno, la verdad es que como casi los otros 24», me comentaron.

Además, haría las veces de secretario el guarda mayor, Manuel Casado, un auténtico fenómeno, que era el postor de la armada en la que Alejandro ocupaba el último puesto, el 10.

Ya iba calentando el sol y la mañana no podía ser más agradable e ilusionante.

A las nueve y media Alejandro ya tenía a tiro un grupo de gamos.

Dehesa y fresneda en una mancha preciosa

La mancha, bastante extensa, de 600 hectáreas, es en gran parte una extraordinaria dehesa, con fresnedas y más monte en las laderas de los arroyos.

En todo caso preciosa.

En la parte con más monte se podía encamar algún cochino, con el trasiego de los gamos no dieron la cara.

Puestos en general con buenos tiraderos, incluso algunos con extraordinarios tiraderos, muy lejos unos de otros y seguros.

Pero ojo, nada fáciles, los gamos, gregarios ellos, entran normalmente en grupos a todo correr y pegando unos elegantes saltos a modo de springboks.

Y un gamo es bastante más pequeño que un venado.

¡Ponte a elegir el mejor y después acierta!

Fíjense que se podían tirar gamas, cinco por puesto, y prácticamente ningún montero completó el cupo de hembras por la dificultad.

Poco antes de las nueve y media se cerró la mancha, justo cuando llegamos al puesto de Alejandro, que era el último en colocarse.

Eran las nueve y media en punto, Darío y yo nos quedamos en un discreto segundo plano, Manuel gemeleaba y Alejandro cargaba el rifle con sumo cuidado.

Chisté (que es de mala educación, pero no había más remedio), y por lo bajini dije: «Mirad allí, a la izquierda, hay cuatro o cinco gamos».

No se había escuchado ni un tiro aún…

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Dos de los gamos del primer grupo que localizamos nada más llegar al puesto, posiblemente los dos peores.

La montería perfecta (I)

Bueno, vamos a ponerle un pero, la poca variedad de especies, sólo el ‘ciervo dama’ que dirían en Argentina. De ahí lo de ‘a gamos’. A los cochinos, como ya he comentado, se los tragó el monte.

Por todo lo demás, de cum laude.

Manuel enseguida dijo: «El de más abajo es oro, Alejandro, y hay otros dos que son medalla». ¿El cupo hecho nada más llegar al puesto? ¡NO!

Los gamos que se debían haber movido por la colocación de las otras armadas, sin prisa, pero sin pausa buscaron defensa en un apretado de monte cercano. El más grande fue el primero en desaparecer.

Pero es que además Alejandro ni apuntó, prefirió que la montería tomara cuerpo, y vaya si lo tomó.

El campo seguía mudo.

La organización, con buen criterio, pretendía que se abatieran los máximos machos posibles antes de soltar, cuando con el trajín de la colocación de los puestos y los primeros tiros van entrado más tranquilos e incluso chorreados, y se puede valorar mejor el trofeo…

Como era de esperar, los primeros disparos movieron a los gamos, que algo se barruntaban, porque enseguida se organizaron en pelotas, y no entraban precisamente despacio.

Ya se escuchaban detonaciones, no tiroteo, pero sí cierta alegría. Aún faltaba para soltar.

Siete gamos, siete, irrumpían en el tiradero de Alejandro a buen paso.

«¡El quinto, el quinto!», sentenció Manuel. ¡Madre mía, cómo veía los gamos e inmediatamente los catalogaba!

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El de la izquierda es el gamo de las palas anchas, ahí ya iba pinchado.
Si parece que van cerca es gracias al potente zoom de la cámara, estaban ya al menos a 200 metros.

Secuencia del primer lance, aunque sólo se ven dos gamos iban siete

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Algarabía y alboroto… 

Ahora ya no era paso ligero, los siete volaban, y más aún después del primer disparo de Alejandro al ‘quinto’, Manuel vio claramente como le pinchaba.

Repitió el amigo melillense y el gamo, de anchas palas, cruzó ‘amorcillado’ a lo más frondoso tras el arroyo claramente malherido.

«Lo cobramos seguro», volvió a sentenciar Manuel, que me dio la impresión de que se equivoca pocas veces. No se equivocó.

De todas las formas pasaba el tiempo y no sabíamos nada del gamo herido, y eso genera siempre incertidumbre, y más sin tirar el segundo del cupo.

Gran trabajo de las seis rehalas que se soltaron.

Se animó la montería por sí misma, pero al soltar aquello fue el acabose. Gran trabajo también de rehaleros y rehalas.

Por cierto, rehaleros, rehalas, guardería, postores, secretarios, guías, prácticos de sierra, catering… todos, todos, a la altura del evento, de diez.

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El segundo gamo se resistía, incertidumbre

Mucha caza visitaba el tiradero del 10, Alejandro disparó con éxito a un zorro al que dejó cumplir con temple y a tres gamas, lo que además le servía de ejercicio para el siguiente macho.

Otro grupo de nueve gamos volaban y saltaban, cuando Manuel dijo «al penúltimo», ya era muy tarde y Alejandro no pudo tirar.

Lo que pasa además es que cambiaban de posición continuamente, y así es imposible.

El ‘penúltimo’ era un ejemplar formidable, extraordinario.

Los ‘nueve’ entran en escena

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La foto no es la mejor, pero se aprecian perfectamente las formidables palas del ‘penúltimo’.

Otros grupos de gamos pasaban por el viso, sin posibilidad, lógicamente, de tirar; uno de tremendas palas y solitario también optó por cruzar al viso.

¡Hay que jorobarse!

¡Al viso!

Por pitos o por flautas el segundo gamo se resistía, además no había confirmación de que se hubiera cobrado el pinchado, a pesar de los esfuerzos de Manuel por contactar con la mano de las rehalas que tenían que batir por donde el gamo se guareció, tenían problemas con la emisora.

Arreciaba la incertidumbre…

En el ‘período de incertidumbre’ entraron gamos de la categoría del último de este grupo, pero pasó lejos, a toda carrera y cuando dejó el viso se tapó enseguida. Imposible tirar.

Cupo completado

Ya en el tramo final de la montería, un grupo muy numeroso y heterogéneo entraba lejos y al trantrán a ganar la sombra de unas encinas frondosas después de tanta carrera, con la suerte que el mejor macho se quedó algo rezagado, lo que aprovechó Alejandro a la perfección, ¡236 metros justos marcaba el telémetro mientras el gamo se desplomaba!

Llegaron justo en ese momento buenas noticias, Manuel por fin contactó con un rehalero que cobró el primer gamo… ¡Qué alegría más grande!

Este segundo gamo tenía la pala más estrecha, pero más larga y con más puntas que el primero.

El trofeo del gamo es el más difícil de medir, incluso teniéndolo delante, yo dudaba con ambos entre el bronce y la plata.

Manuel señaló al primero y dijo «plata», y señalando al segundo, el más bonito, afirmó «bronce».

¡Este hombre es un máquina!

Al medirlos ‘el ancho’ dio plata y ‘el bonito’ dio bronce.

Aunque eso sí, tiré al poste, porque fueron bronce muy alto, casi plata, y plata baja.

El caso es que estábamos contentos y felices, y pudimos hacer las fotografías con lo cobrado en el campo, como debe ser.

Manuel se encargó personalmente de llevar a un bonito punto de encuentro todo lo cazado por Alejandro.

Por cierto, ¡cómo se portó Darío!, se nota que está muy bien educado, y cuando las circunstancias lo permitieron, cobró el zorro o fue a rematar presto una gama con un rehalero.

Es muy satisfactorio ver que tenemos relevo generacional de esta categoría.

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Manuel, Alejandro y Darío con los dos gamos cobrados por Alejandro.

La montería perfecta (y II)

¡Vaya día más agradable! Hasta la climatología primaveral acompañó.

Se estaba de maravilla al solecito de charla con Chucho recordando viejos tiempos, mientras disfrutábamos de los manjares preparados por Álvaro y su equipo, miren que tengo buen saque, pero ya estaba saciado sólo con los entrantes…

Mientras los equipos no paraban de trabajar, cargando la caza y llevándola al plantel, que lucía espléndido.

Presentar así un plantel y con tanta rapidez también entra dentro de lo que he denominado ‘montería perfecta’.

Caras alegres, satisfacción.

No pocos monteros optaron por ampliar el cupo, de manera que hasta 67 gamos llegaron a la junta de carnes.

Enorme calidad.

Por lo ya comentado no les puedo poner la categoría de la medalla, miré con detalle uno a uno cada gamo –tenía tiempo y luz–, y les puedo asegurar que había 55 medallables y cinco con dudas de si llegaban a bronce, que mis mediciones en verde no me pudieron aclarar: montería perfecta (y II).

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ALGUNAS FOTOGRAFÍAS DE CAMPO DE MONTERÍAS RIQUELME Y BOSQUES Y CAZA

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Rumbo a casa muy satisfecho

Me despedí de Alejandro y de Darío, tenían mucha ruta por delante, no sin antes agradecer a Alejandro que me brindara de nuevo pasar una jornada tan agradable junto a él.

«Alejandro: ¡qué buenas están las pastas de tu tierra, macho!». Ven como tengo buen saque.

Me despedí de Chucho, de Álvaro y de Manuel, del que aprendí mucho de su saber hacer, me repito como el ajo, en el campo y en la caza nunca se deja de aprender.

Abracé a Pepe y a Jesús mientras les daba mi más sincera felicitación, y les agradecí que me hubieran abierto la puerta para asistir a este auténtico evento montero, cinegético.

La felicitación es extensible a una discreta propiedad que gestiona de fabula lo suyo y, cómo no, a los monteros y a todos aquellos que fueron partícipes de esta montería perfecta, que lo fue.

Con mucha luz aún puse rumbo a casa, iba muy satisfecho y con la sensación de haber asistido a una de esas cacerías que sólo se dan muy de vez en cuando.

Una crónica de Adolfo Sanz Rueda

Fotografías: Adolfo Sanz, Monterías Riquelme y Bosques y Caza

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Fotografías en sepia por el carácter seguramente histórico de esta montería.
Jesús comenta con Pepe el desarrollo de la batida.
Pepe y Jesús ante parte del impresionante plantel.

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DATOS DE LA MONTERÍA

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Organización: Bosques y Caza y Monterías Riquelme

Fecha: 12 de octubre de 2023

Finca: La Cepilla / Finca cerrada

Hectáreas monteadas: 600

Provincia: Madrid

Puestos: 25 / Cupo: 2 gamos (ampliable según cuota complementaría) y 5 gamas / Rehalas: 6

Gamos: 67 (un mínimo de 55 medallables)

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