‘Navas de la Condesa’ con Gescaza, una montería diferente y muy especial. ¡Estuvimos allí!

CRÓNICA

Por la mañana, durante las migas y antes del sorteo, un hormigueo recorre el estómago del montero. Nervios, son los nervios propios de la incertidumbre de que se avecina una cacería que puede ser importante, esa maravillosa incertidumbre propia de la montería. Ilusión.

‘Gescaza Team’, una familia bien avenida.

Hotel El Coto, en Almuradiel, un lugar cómodo por de más, y muy cerca de la mancha a cazar, Cerro de Don Juan y Alcornocal de la finca Navas de la Condesa. Allí reunió la familia de Gescaza, porque son una familia casi más que un equipo, a los monteros para menesteres tan gratificantes como comer las migas –estaban de escándalo– y realizar el sorteo.

¿Y por qué ese aleteo de mariposas en el estómago? Porque los monteros saben muy bien que pueden tener una oportunidad única de cazar un gran venado, además, Navas de la Condesa, a pesar de estar perimetralmente cercada, tiene aromas de abierto, son casi 6.000 hectáreas, y sólo Cerro de Don Juan y Alcornocal tiene 1.200. Por no estar cercadas, no están cercadas ni las siembras, un año de pasto y al siguiente de cultivo.

Venados resabiados, de esos que saben latín, que si no van apretados por los perros continuamente están barruntando, cargándose de aire, pero si van apretados romperán a toda castaña por el lugar más apropiado para ellos y peor para el montero, buscando el perdedero con rapidez y precisión. Además cabe la posibilidad que ese ciervo sea medalla, incluso oro alto… Encima no se crean que hay muchísimos, los justos diría yo. Resumen del cervuno: cantidad correcta, calidad altísima.

Pues eso, montería, montería, incertidumbre, emoción… Por lo que no es de extrañar la demanda que tiene esta mancha y la expectación que genera, incluso entre los cazadores de la zona, conocedores de sus bonanzas; y de ahí, los nervios, el hormigueo y el aleteo de las mariposas.

Antonio Vargas describe perfectamente lo que se espera de la montería en su charla antes del sorteo, generando esa ilusión que es tan importante: “Yo tiraría al primer venado bonito que entre… En la finca se hace una caza selectiva exhaustiva, por lo que no hay venados pequeños, hay venados jóvenes… Los venados son muy grandes de cuerpo, por lo que luego nos podemos encontrar una sorpresa agradable con el trofeo, son venados de esos que cuando corren por los llanos lo hacen con la cabeza altiva y bamboleándose la panza, señal que tienen buena canal… Y no es fácil, aquí la caza corre que enciende”.

A todo esto, este cronista se lo estaba pasando pipa, además de la mujer de Antonio, Pilar Martínez, de su hijo Antonio y de su sobrino Juan Antonio, que le tratan a uno como si fuera de la familia, me encontré con Narciso Munné, Siso, máximo responsable del Grupo Rutas, y su mujer Amaya Arnal, me hizo muchísima ilusión, pues hace mucho tiempo que no le veía, y además, claro, Christian Carrasco Müller, el cazador profesional hispano suizo que encabeza Masara Safaris, y que cuando está en España es uno más del equipo Gescaza, en esta ocasión venía acompañado de su amigo Chris Randstaf, muy majo.

Sorteo. El local permitía que, una vez extraída la bola correspondiente al montero apuntado con ese número, la organización se acercaba a él para que extrajera su tarjeta de puesto. Veinte puestos con cupo de dos venados (con garantía de uno), que podía ampliarse a tres, ciervas y cochinos sin cupo, y seis puestos más sólo a cochinos y ciervas. Cada puesto tenía su nombre, pasos con ‘personalidad’ propia.

Rápidamente se organizó la salida desde El Coto a una zona ya dentro de la finca, pero alejada de la mancha a cazar. Y desde allí por orden numérico a modo de armadas y traviesas, a los puestos. Estrategia totalmente de abierto, porque la mancha podía perfectamente vaciarse si no se hacían las cosas bien. No sólo no se vació, sino que a una hora muy prudente ya estaban todos los puestos colocados.

Se cerró tan bien la mancha, que a las 11:30 se pudieron soltar las 24 rehalas. Hasta entonces pocos tiros, pero a partir de ahí…

Situado en una zona con dominio a un testero y al cruce de un arroyo seco, ideal para fotografiar, pude comprobar cómo se las gastan los venados, las ciervas y los varetos de esta finca.

El segundo venado de la collera.

Tres ciervas volaron para cruzar el arroyo. Dos varetos, uno ya con alguna punta, muy buenos, se colaban ágiles por la cuerda que coronaba el testero. Un poco más tarde era una collera de venados, ya importantes, de calidad, los que iban ‘encendidos’ por el mismo sitio por el que pasaron los varetos…

Dentro del todo el trajín, que fue mucho, destacar, que los venados ‘no grandes’, porque no eran tampoco pequeños, que vi, eran, efectivamente, jóvenes. Dos colleras curiosas: un venado delante con una cierva detrás, no recuerdo haberlo visto nunca. Uno de estos venados seguido de cierva era muy bueno y seguía el camino de los varetos y la collera anteriores. Ciervo y venada, volaban, más que corrían, pero de pronto el venado giró noventa grados y se metió en una zona de monte, entonces, se paró, y tomando todas las precauciones del mundo, se cargaba de aire barruntando cualquier posible peligro. Por cierto la cierva, siempre cauta y siempre detrás.

El venado grande con su escudero.

Más cosas. Tres varetos juntos, muy buenos, especialmente el último (con longitud de varas y hechuras de venado de primera o incluso de segunda cabeza), que hocicaba y pegaba a los otros dos para que tiraran por delante. La finca tiene madre. Por esa misma ruta, tres venados, uno muy bueno, muy grande, de preciosas cuernas. Cuando llegaron a la zona de monte más cerrado, fue un espectáculo. El venado mediano, que se había agregado al dúo, se amagó y allí se quedó, pero el grande y el escudero siguieron, paso a paso, mata por mata, el grande o bien se quedaba atrás enmontado o apremiaba al escudero para que diera la cara, fueron unos instantes maravillosos. Ese venado no se cazó.

¡Qué disfrute!

Antonio a las 15:30, viendo que ya se habían tirado a 265 carreras, mandó recoger las rehalas: ¡la montería había terminado! Ahora los nervios eran para ver lo que se había cazado.

Uno de los venados del puesto de La Testera.

Por ejemplo, el puesto 23, La Testera, tenía un venado de 18 puntas, ¡qué era el pequeño!, y otro larguísimo, bonito y más grande de 16. Muy destacable el puesto 11, Las Terrizas, que decidió aumentar el cupo y se hizo con tres venados, un oro con seguridad y los otros u oro y plata o plata ambos.

Aunque también, como es lógico por todo lo comentado con anterioridad, hubo dos puestos que podrán cumplir su garantía de venados en la siguiente montería de la finca que se celebrará el próximo 20 de febrero.

Emilio, el guarda encargado de ese cuartel de la finca, me llevó a la junta. Entonces entendí otro de los secretos de este coto, cuanto sabía y cuanta valía profesional. Le enseñaba fotos de los venados, y yo creo que les tenía puesto hasta nombre.

En primer plano uno de los venados cazados en el puesto de Las Terrizas (el 11).

Antonio recorría las distintas mesas preparadas por el catering de El Coto informando: “Se ha soltado a las once y media, a las tres y media, cuando se llevaban 256 carreras tiradas –ya saben porque antes tenía tantos datos y tan precisos–, he decidido parar la montería porque ya se había movido mucha caza. Se habrán cazado cerca de 40 venados y como media docena de cochinos”.

La sopa de cocido era prácticamente un cocido entero, después entrecot, pero era tal la expectación que casi no lo termino para ir a ver la caza cobrada, y eso que no podía estar más rico todo, y que además la tertulia con Pilar, Amaya y Siso no podía ser más agradable, por cierto, Siso se hizo con un venado en el nº 14 (Las Marañas), largo y grueso, que literalmente les cargó, si no le para con el último tiro hubiera pasado prácticamente por encima de Amaya, un susto que no pasó a mayores.

Más que expectación, aquello era una aglomeración para ver lo cazado, de tal manera que los remolques con la caza tuvieron que salir del patio acondicionado como junta de carnes para que se despejara y poder colocar los venados y cochinos.

El tapete final fue de 38 venados y siete cochinos. Había 28 venados que, sin duda alguna, eran medalla, con varios oros, pero dejemos que cintas métricas y balanzas hagan su trabajo para dar las cifras exactas.

No tengo duda de que el pasado 26 de enero fui participe de una montería especial, diferente, con mucho sabor y con mucho encanto.

Crónica y fotografías: Adolfo Sanz Rueda

Christian con Antonio.

DATOS DE LA MONTERÍA

Emiliano, administrador de la finca, y Antonio con un larguísimo y precioso 16 puntas (estaba en la tercera fila).

Organización: Gescaza

Fecha: 26 de enero de 2019

Finca: Navas de la Condesa

Mancha: Cerro de Don Juan y Alcornocal

Finca cerrada

Hectáreas monteadas: 1.200

Término: Almuradiel, Ciudad Real

Puestos: 20 a venados, jabalíes y ciervas + 6 sólo a jabalíes y ciervas

Cupo: 2 venados (ampliable a 3). Jabalíes y ciervas sin cupo

Rehalas: 24

Venados: 38 (un mínimo de 28 medallables)

Jabalíes: 7

GALERÍA FOTOGRÁFICA EN DESAYUNO Y JUNTAS

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