De la mar, el mero; de la tierra, el carnero; y la becada, del cielo

El capítulo de Catalunya del SCI siempre ha procurado estar a disposición de sus socios y al servicio de la caza bien de forma directa o indirecta.

Una de las piezas de caza más codiciadas por los aficionados es la becada. Cazar becadas no es fácil ni sencillo y son varias las razones que sustentan tal afirmación.

 

En primer lugar, como ave de paso que es, debe viajar hasta nuestro país y a ello contribuyen muchos factores que hacen que algunos años lo sean de becadas y otros por el contrario brillen por su ausencia.

En segundo lugar, el cazador debe disponer de un coto donde aterricen las becadas ya que hay extensas zonas en donde no tienen presencia o su presencia es testimonial.

En tercer lugar, habiendo llegado las becadas al coto, el cazador debe disponer de un can que las encuentre, teniendo en cuenta que no todos aceptan el reto.

Y, en cuarto lugar, si ya coinciden todas las anteriores circunstancias, han llegado las becadas a nuestro coto y tenemos al perro de muestra ante una de ellas, entonces amigo cazador hace falta que presencies como la becada levanta su vuelo ya que si solo la intuyes por el batir de sus alas tendrás que esperar a mejor ocasión.

Pero imaginemos que has presenciado la arrancada; entonces, es el momento de vencer a la emoción que se ha ido gestando en tu espíritu por tan emocionante lance y sin precipitarte, pero sin pausa, debes apuntar y apretar el gatillo de tu escopeta becadera.

Lo que viene a continuación, como bien sabes, es un acto de cara o cruz. La becada sigue su vuelo efectuando la célebre curva o por el contrario se desploma sobre el mullido suelo permitiendo acto seguido que nuestro auxiliar dé con ella no sin una meritoria labor en algunos casos.

Tu fiel compañero de caza te entrega la becada y acariciándola para ponerle las plumas en su sitio, extraes el trofeo, guardando celosamente las plumas de pintor para después deslizarla en el viejo calcetín sin fondo que tantas becadas ha abrigado.

Ya tenemos nuestra becada en el morral. La función no ha terminado. Tan sólo ha concluido un acto de esta obra.

Partiendo de la base de que toda cacería empieza cuando se prepara, lo cierto es que no concluye en el mejor de los casos hasta que se dá cuenta de la pieza cazada al calor de un hogar, alrededor de una mesa, junto a animada tertulia de amigos y después de un buen yantar.

Es, por tanto, el momento concluida la jornada de trasladar la becada del calcetín a un envoltorio de papel de periódico y al congelador.

Es de todos sabido que la becada no se comercializa.

Si quieres comer una becada no tienes otra solución que cazarla o bien que sea un cazador quien te la facilite para ser cocinada.

Aquí es donde empieza la labor de nuestro capítulo de Catalunya que anualmente, desde hace ya más de diez años, gracias a las donaciones de algunos de sus socios, permite que una vez al año todos aquellos socios y amigos que no tienen la posibilidad de cazar becadas, por lo menos puedan degustarlas, que no es cuestión baladí, entregándolos a nuestro admirado chef Toni de Can Sala para que nos las prepare con su inigualable maestría.

Y esto es lo que ha sucedido el pasado día 7 de marzo de 2013 en que ha tenido lugar la reunión de socios y amigos que así lo han querido, coincidiendo en Olost de Lluçanés, para degustar becada por barba, previos los patés especialmente preparados por Toni, la viera trufada y los canelones de faisán.

Desde aquí damos las gracias a nuestros socios que cada año destinan unas becadas para nuestra tradicional jornada cinegética en el curso de la cual se nos permite saborear la mejor y más exquisita de las aves que surcan nuestro cielo.

De la mar, el mero; de la tierra, el carnero; y la becada, del cielo.

Salvador Rusticola

 

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