Armas y calibres para la caza mayor: qué usar para cada especie

Vamos a realizar unos apuntes sobre los calibres más comunes en las armas largas rayadas para las diversas especies de la fauna ibérica, desde el sarrio o el rebeco hasta el macho montés, el corzo, el gamo, el venado, el muflón, el arruí y el jabalí.

Incluso, en su día, las avutardas (hoy especie protegida) se abatían con rifle, siendo más que suficiente, en este caso, el uso de rifles monotiro y de cerrojo en calibres, 22 Magnum y 222 R. M., y se completaba el equipo con un bípode y un buen visor variable de campo reducido, pero de hasta 9 o 12 aumentos.

Sarrio/Rebeco

Para el sarrio o el rebeco iremos con un monotiro o con un rifle de cerrojo, también con un visor variable de campo reducido, con aumentos de hasta 9 o 12, y si nos consideramos un buen tirador, sin bípode, para aligerarnos de peso en todo lo posible, por las dificultades del abrupto terreno a batir.

Los calibres a usar serán más que suficientes con el .222, .243, 6´5, 7×57 e, incluso, el .270.

Tenemos que portar un arma lo más ligera posible, pues las caminatas son duras y en pendiente.

Macho montés/Arruí

En el caso del macho montés, repetimos la misma historia que para el rebeco e, incluso, afinaremos más en el peso de los pertrechos, pues, aparte de tener que librar grandes pendientes, nos deslizamos entre rocas y con suelos resbaladizos, a veces con hielo. Por eso, no olvidemos un calzado adecuado.

Los calibres que usaremos estarán en consonancia tanto con esta especie (que es mayor que la anterior), como con distancias mayores en los lances, como a las corrientes térmicas del entorno.

Al arruí también le vamos a incluir dentro de la modalidad del macho montés, porque, aunque se mueva en terrenos algo menos escarpados, guardan semejantes características sus abates y al ser un animal de tamaño superior, utilizaremos los mismos calibres.

Es importante reseñar que para esta especie, igual que para todas las anteriores, nunca tiraremos a pulso, sino muy bien apoyados, e incluso conteniendo la respiración.

Corzo

El corzo se suele cazar en las épocas de celo, en la modalidad de rececho o espera, pues en las monterías es un animal tan escurridizo, gracias a su habilidad y destreza, que en su huida es difícil de abatir, de ahí el sobrenombre de ‘tragabalas’ que se le da. Su aspecto físico le permite tener una gran mimetización con el entorno, apareciendo y desapareciendo con suma facilidad entre la maleza, y así en el argot cinegético se le denomina también como el duende del monte.

Es un animal extremadamente astuto, con una vista privilegiada con respecto a sus congéneres rumiantes y antílopes, llegando a ser muy difícil cazarlos fuera de la época de apareamiento, moviéndose siempre en malezas medianamente ralas, de entornos y querencias reducidas, gran observador del ambiente en sus movimientos, con paradas de pocos segundos de caminar, incluso cuando está comiendo. Al ser un animal solitario, aunque siempre esté emparejado, tiene que controlar muy mucho su seguridad, cuestión que no ocurre con los que conviven en colleras o manadas, donde siempre está alguno de ellos alerta.

Para esta caza en rececho, lo principal, más que la clase de arma y el calibre, es un buen visor de gran nitidez y amplio campo, para que nos sirva a su vez de prismático, pues tenemos que tener en cuenta que nos movemos con una fauna muy variada de tonalidades de vegetación, así como a horas de penumbras y ocasos, de amaneceres y atardeceres.

En cuanto al rifle sería más que suficiente un monotiro o uno de cerrojo en calibre 30-06 o similar.

Montería

Gamo, venado, muflón y jabalí los agrupo juntos para la montería ‘a la española’, porque, saunque no siempre estén todos ellos en la misma jornada, suelen coincidir algunos.

En el caso de la montería, en la que está casi siempre el jabalí, distinguiremos en qué lugar está el puesto: si es en cortadero, entre maleza medianamente abierta, o en ladera (balcón).

En el primer y segundo caso, la mejor arma será un express en calibre .300 R.M., .300 H. H. y .375 R. M.

Es conveniente usar grandes calibres, porque, al ser un tiro a tenazón, no podemos precisar bien la puntería en sitios específicamente vitales, e interesa un impacto de gran parada. También podríamos usar una escopeta de dos cañones cilíndricos o, en su defecto, la recortamos sus cañones de 8 a 10 centímetros de su punta para eliminar el choque, calibre 12×70, con balas Remington o de las series Acelerator, punta de acero, que, dicho sea de paso, ésta nos servirá para la caza del conejo en monte cerrado. Escopeta de trombón o corredera, específicas, con cañón de 50 a 60 centímetros de largo, y miras abiertas de rifle.

Un buen rifle de palanca tipo Winchester, como es el Marlin 444 Magnum, es magnífico, pero por sus deficiencias técnicas de arma demasiado ligera respecto a la potencia del calibre, adaptaremos un contrapeso amortiguador y reductor de retroceso en el interior de la culata, más un freno de boca en el cañón.

Estas dos últimas armas son ideales porque almacenan en sus depósitos bastantes cartuchos, con una acción de carga de repetición muy rápida.

Para puestos de campos ralos, a medias distancias de hasta cien metros, recomiendo rifles de cerrojo con visores desmontables de punto rojo, tipo Aimpoint, o láser, sin campo visual, para poder disparar con los dos ojos abiertos.

En el caso de puestos en laderas o balcón, habremos de usar calibres de balística tensa para largos alcances y gran parada energética, como son los
7 mm R. M., con proyectiles de 200 grains o, simplemente, un .300 R. M., pero eso sí, con un visor variable de 3 a 9, de gran campo óptico .

Siempre recomiendo que en las armas con visores éstos vayan montados (aunque sean desmontables), portándolos en los transportes motorizados en estuches rígidos, hasta la colocación de la armada.

Entre los calibres que recomiendo hay muchos más que cumplirían las prestaciones requeridas, pero hay que pensar en los más populares para su adquisición y, en los casos de ‘emergencias’ de campo, podríamos conseguir prestados.

Como observaréis, hasta ahora no he mencionado las armas semiautomáticas, tan usadas habitualmente, ya que considero que, además de ser poco deportivas, tienen muchas dificultades, pues, aparte de que se encasquillan, no tienen la precisión ni la potencia de las otras, debido a que sus proyectiles son mermados en su velocidad inicial a consecuencia de que parte de sus gases se tienen que dedicar al retroceso del cerrojo para el siguiente disparo.

El cazador ha de estar mentalizado y convencido de que su puntería es infalible y descartar el hecho de tirotear al ‘bicho’ para derribarle. Y, aún menos, portar dos armas al puesto de estas características, ¡e incluso hay quien se lamenta de no poder llevar tres!

Aún considerando la variedad de fauna a batir en esta modalidad y aunque algunos, como venados y muflones, sean más grandes que el cochino, éste tiene un poder vital superior, tanto por su piel como por su adrenalina, y usaremos los mismos calibres para todos ellos, siendo los 7 mm y .300, pasando por el 30-06, más que suficientes, usando sólo rifles de cerrojo con visor desmontable o sin él, de amplio campo, dependiendo del tiradero.

Y como solución al problema de no disponer de un arma para cada situación, si tenemos un calibre pequeño, para distancias cortas usaremos proyectiles de 180 a 220 grains, y si las distancias son largas, balas de 150 grains. En el caso de gran calibre, es indistinto el peso del proyectil, pero siempre con punta expansiva o de plástico.

Jabalí

Respecto al uso de calibres en los abates de las especies y particularmente al jabalí, tengo que advertir, que no es lo mismo derribarlo en montería que en espera, pues depende mucho del estado ‘de ánimo’ del animal en cada momento. Todo ello es producto de la carga circunstancial de adrenalina en el lance.

En las esperas nocturnas, con baja visibilidad o con luna, nos tenemos que proveer de equipamiento especial de visores nocturnos tipo infrarrojos o amplificadores de luz o, en su defecto, un visor tradicional de gran nitidez, aparte de foco o linterna de largo alcance. Todo ello siempre y cuando la legislación del lugar nos lo permita.

Para el jabalí que se nos presente en el puesto, que siempre viene sumamente relajado, serán más que suficientes entre los calibres 7×57, .270, 30-06 y 7 mm, y siempre y cuando el impacto sea en un punto vital, caerá ipso facto, por muy grande que sea.

Esto no sucede en las monterías, pues aún un tiro de bala de escopeta del calibre 12 y traspasando su cuerpo por el medio del corazón destrozado, correrá, mínimo, sus cincuenta metros, agrediendo a su paso lo que encuentren, por muy pequeño que sea.

Como anécdota respecto al calibre 7×57 Mauser (7 mm Spanish) es uno de los calibres (si no el que más) que más elefantes ha abatido en África, pero para esta modalidad de caza montera resulta un poco insuficiente.

Hoy en día el tema de las armas deportivas es un mundo tan versátil, que en la montería y para cualquier circunstancia del puesto que nos toque, portaremos una sola arma –que en muchas ocasiones es lo reglamentario– lo más polifacética posible, con una amplia gama de proyectiles en la canana. CyS

Por Juan Andrés Sánchez (www.cuchillosjas.es)

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