Swarovski Optik. Óptica para cazar.

358 - Punto de mira (6)

Que te llamen para preguntarte si te apetece ir a cazar a Austria y, de paso, conocer Swarovski, no necesita mucho tiempo para pensar la respuesta. Llevaba tiempo con ganas de visitar la fábrica de esta marca por motivos evidentes y si además echábamos unos días de caza por el Tirol, pues ya me dirá. Uno, que se pasa la vida probando equipos, disfruta especialmente cuando tiene la oportunidad de ver como se hacen. Swarovski no hay duda que es una de esas pocas ópticas que están a la cabeza, demostrándolo sobre el terreno una y otra vez. Tanta fiabilidad obedece siempre a un proceso meticuloso desde el momento mismo de la idea hasta la llegada a las manos del usuario.

Eso era lo que tanto deseaba conocer, el mimo, el espíritu que dan estos austriacos a sus productos para haberse convertido en lo que ahora son.

Swarovski Optik

El grupo Swarovski aglutina a diferentes empresas entre las que destaca Swarovski Crystal, un gigante conocido a nivel mundial y dedicado a la fabricación de cristal tallado para moda, arquitectura o iluminación. Tal es su potencial que ha llegado incluso a la construcción, en la ciudad de Wattens, del Swarovski Crystal World, el museo del cristal integrado en el paisaje y que es actualmente, tras el castillo de Sisí Emperatriz, la segunda atracción más visitada de toda Austria. Todo comenzó en 1895 cuando Daniel Swarovski se traslada desde la Bohemia, actual Republica Checa, al Tirol, portando con él una nueva y revolucionaria máquina para cortar cristal. Pero no es hasta 1935 cuando su hijo, Wilhelm Swarovski, un enamorado de la caza y de la observación de estrellas, comienza a producir unos prismáticos 6×30.

Catorce años después, en 1949, se funda Swarovski Optik, dedicada únicamente al desarrollo y fabricación de aparatos ópticos de larga distancia. Su sede actual está en Absam, en pleno Tirol, los Alpes, uno de los paisajes más bonitos que el amante de la montaña pueda soñar. Cruzar la puerta y el silencio. Sorprende al latino un clima de trabajo como este, acostumbrados al griterío habitual. De allí a recorrer la fábrica, parando en primer lugar en las dos áreas dedicadas a la enseñanza. En Swarovski Optik se imparte formación profesional en dos ramas, Óptica y Óptica Mecánica, con asignaturas que van desde el diseño asistido CAD 3D, hasta el mecanizado. Muchos alumnos, cómo no, entran a formar parte de la empresa cuando terminan sus estudios. La verdad es que quedé perplejo al ver el trabajo de fin de curso del primer año. Xavi, aparentemente se sorprendió de que me hubiese impactado tanto, claro, él ya está acostumbrado a ello. Pues nada, que los chicos hacen un reloj, un señor reloj de pared, perfecto, impecable… Viendo eso, ¿cuál puede ser el siguiente reto? «Muy sencillo –como me dijo Xavi–: hacer un visor». Y tras este baño de precisión por parte de los aprendices, continuamos recorriendo la fábrica, sólo visitable en determinados puntos. Swarovski presume de trabajar con los mismos materiales que el resto de la competencia. Su diferencia dicen, no está en el material, está en la forma única de trabajarlo. Volcados de lleno en la precisión más absoluta, utilizan incluso las mismas máquinas que el resto, pero customizadas personalmente para que el trabajo realizado cumpla estrictamente los requerimientos de precisión de la marca. Con ello consiguen precisiones de 0,001 mm en los mecanizados, bajando en los trabajos sobre ángulos de prismas por debajo de 0,001 pulgadas.

358 - Punto de mira (4)
(1). Con el corzo cobrado y Maimfel, el guarda que me acompañó al rececho. (2). El espectrómetro que por fin da magnitud a la precisión en la ejecución de prismas y lentes. (3). Sobre estas líneas podemos apreciar un primer plano de un visor Swarovski Habicht 3-12×50 y los binoculares EL Range 8×42. (4). El trabajo de fin de curso de los alumnos de Óptica Mecánica es un reloj… Sí, sí esos relojes… Lo siguiente, un visor.

Especial hincapié nos hicieron en los ángulos rectos, aquellos encargados de partir en dos la luz, utilizando para ello un pulido conjunto sobre parrilla en base a una pieza calibrada que sirve de soporte. Y es que mientras en mecánica se puede medir fácilmente, en óptica no es tan sencillo y, por ello, Swarovski cuenta con un espectrómetro que es capaz de dar la magnitud de la precisión de la construcción de prismas o lentes. Instalado sobre una mesa de piedra, y ésta a su vez sobre una gran losa de hormigón, necesita para trabajar total estabilidad, siendo sensible a cualquier movimiento externo. El láser, que atraviesa el prisma tallado, es analizado por un soporte informático dándonos, ahora sí, una magnitud real de la precisión óptica. Finalmente, entramos en la nave de mecanizados, maquinaria alfanumérica trabajando aluminio y magnesio, pulidos que acaban pasando al anodizado… y es que en Swarovski se realiza el trabajo completo, nada se encarga fuera, desde comienzo a fin, desde el diseño y desarrollo, hasta el mecanizado y empaquetado. Está claro que estamos ante un producto de máxima calidad Made in Austria.

Cazando en el Tirol

Despertar corcero, a las 4:30 h. de la madrugada en pie. Cuando me quiero dar cuenta estoy con Maimfel, el guarda que me ha correspondido, vigilando un enorme prado, verde como una lechuga, que da a granjas y carreteras. En la mano tengo unos El Range 8×42 con el denominado Bino Guard, una especie de solapa para proteger los oculares, fabricada en tela y con plástico por dentro, que se mostró tremendamente cómoda y práctica.

Con la primera luz empezamos a ver corzos. Vamos recorriendo granjas y pequeños pueblos, rodeando prados y tierras de labor, maizales, todo ordenado, impecable. Con cada nuevo macho siempre el mismo protocolo: prismáticos y luego catalejo extensible para mirarlo con detenimiento. Por fin, junto a una iglesia que desafía al cielo con su torre punzante, aparece el ejemplar que puede servir.

No llevo rifle, cazamos con el rifle personal del guarda que nos corresponde, sin probarlo antes, hemos de confiar plenamente en el buen hacer de estos profesionales incluso en el reglaje del visor.

Mire, usted que ya me conoce bien sabe que soy un maniático con este tema, pero, en este caso, confío plenamente en que esté hecho correctamente.

358 - Punto de mira (5)
(1). Los EL Range 8×42 traían como complemento al Bino Guard, una solapa protectora de los oculares que se mostró como muy práctica y cómoda. (2). Trabajando sobre un prismático antiguo en el departamento de reparaciones. (3). Una comprobación más… (4). De izq. a dcha., .222 Remington, .222 Rem. Magnum, 5,6×50 R Magnum, 5,6×50 Magnum, .224 Weatherby Magnum y .22-250 Remington.

El mío es un Blaser R-93 Luxus montando, cómo no, óptica Swarovski, en este caso una Habicht 3-12×50, potente y luminosa, perfecta para recechar en malas condiciones de luz. Lo sorprendente del equipo es el cartucho para el que está recamarado, el 5,6×50 Magnum, un veintidós de fuego central más conocido en nuestro país en la versión con reborde, vamos, corazón centroeuropeo en todo el equipo. La carga utilizada son RWS T-Mantel de 63 grains, un conjunto perfecto para el corzo.

El macho pasta tranquilamente al borde del monte con su compañera. Aún hay muy poca luz, pero la óptica me trae una imagen perfecta.Me apoyo bien y, a unos 120 metros, reposo la cruz detrás de la paleta, buscando la salida por el brazo opuesto. Tenso y suena el trallazo. Como todos estos cartuchos la sensación de retroceso es nula y el estampido pequeño. Al tiro el corzo se encoge y de dos saltos se pierde en el monte cercano. Le doy un ok al guarda que me responde con otro igual. Sé dónde tiene el tiro y ésa es la reacción. Sorprendentemente, no vamos a por él y seguimos cazando.

Agotamos todos los prados y siembras del valle de asomada en asomada, viendo mucho corzo joven y hembras, tomando, entonces, rumbo a los altos. Por una pista que trepa un desnivel de vértigo, primero entre inmensos pinares, luego sobre brezo, llegamos a las praderas de Heidi. «¡Chamoix, chamoix!», allá arriba, cerca de la nieve, está la hembra de rebeco alpino, enorme de cuerpo y cuerna, preciosa. Esta vez no toca, esperemos que pronto volvamos para medirnos con ellos.

Registramos todas estas inmensas praderas, pero nada, ni un solo corzo. Bajamos, entonces, de nuevo al valle dispuestos a cobrar la pieza. Dentro del monte y a menos de diez metros del tiro está el corzo. El disparo entró justo donde apunté, con una buena salida, un canal óptimo para piezas de este tamaño y peso.

Tras colocarle una ramita de haya como último bocado, Maimfel moja otra en la sangre del corzo y, quitándose el sombrero, me la ofrece tras el correspondiente apretón de manos. Se lo agradezco y encantado la cuelgo de mi gorra. El respeto que muestran con la pieza abatida es algo que me encanta de estos cazadores, dignifican la caza y no estaría de más que nosotros también lo potenciásemos…y comienza a llover. Parece que estoy en Asturias. El cielo gris encima, muy cerca, y el agua que no para.

La tarde ya la pasamos en torreta. La visión que se consigue desde allí es perfecta. Vemos de nuevo corzos jóvenes y hembras. La mañana siguiente se da igual, viendo aún menos caza que permanece refugiada en los montes y siembras ante tal diluvio. No me importa, cazar es cazar, conocer estas costumbres y lugares está muy por encima del disparo. Lo dije entonces y ahora lo repito, tengo una auténtica borrachera de caza… Cazar en el Tirol es como cazar en un cuento.

358 - Punto de mira (2)
(1). En Absam, en pleno Tirol austriaco, delante la fábrica Swarovski Optik con Xavi Esteller y Antonio Orcera. (2). En la sección de los famosos Swarovski EL podemos ver el recorrido de la luz a través de ellos.

La reflexión

Tras eviscerar in situ y hacer las fotos de rigor, llegamos al coche. Maimfel hace una llamada y al instante suena el teléfono. Me lo pasa y quedo boquiabierto. Céntrese un instante. Es domingo y son las nueve de la mañana y al otro lado tengo a doña Carina Schiestl-Swarovski, directora de Swarovski Optik, para darme la bienvenida y felicitarme por el éxito de la cacería. Analícelo. ¿No le parece tremenda esta forma de trabajar?

Como en todos sus productos no se permite el mínimo fallo, se cuida el detalle en extremo, de arriba abajo, aquí todo encaja con precisión, desde la piedra que encontramos en la pista y el guarda coloca con cuidado en la cuneta, hasta la tolerancia de milésima de milímetro en los mecanizados ¿Ahora entiende por qué Swarovski es lo que es?

 

Por Miguel Coya.

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