
A puntito de cambiar de dígito anual y con tiempo para reflexionar, he echado la vista atrás y me he dado cuenta de que uno lleva en esto de las crónicas monteras casi un cuarto de siglo.
Fascinación por la caza mayor desde niño
Recuerdo de niño, visitar la peluquería un poco más a menudo de lo habitual, con la excusa de ojear todas y cada una de las revistas del sector, empapándome de lo que allí se contaba, fascinándome desde siempre la caza mayor.
Aquella era mi biblioteca de la cual iba adquiriendo como una esponja todo cuanto mis ojos vislumbraban, nombres de fincas, organizaciones, resultados y se iban creando sueños de que, algún día, las podría visitar e incluso cazar en ellas.
Hoy día, podría decir, que la mayoría de los sueños de aquel niño se han cumplido a lo largo de estos veinticinco años, no sin esfuerzo ni dedicación, pero si con agradecimiento a todos cuanto han confiado en mí para transmitir lo acontecido en tantas y tantas jornadas de caza.

Hoy se montea prácticamente todo, mientras que antaño eran zonas concretas
Pero, echando la vista atrás me he dado cuenta de la evolución que ha tenido la caza en este cuarto de siglo, además del cambio en la forma de transmitir al público.
En cuanto a resultados, nada tiene que ver las monterías de hoy día con las de antaño, gozando actualmente de una salud infinitamente mayor a la de entonces, con resultados mucho más abultados y mucha más caza, a pesar de los pronósticos catastrofistas de algunos medios ecologistas.
Hoy se montea prácticamente todo, mientras que antaño eran zonas concretas donde la tradición había ido transmitiendo el buen hacer montero, quizá, mucha culpa de ello la tenga la poca salud de la caza menor, habiendo basculado a gran parte de sus aficionados a la mayor, propiciando así la aparición de numerosas organizaciones de caza que luchan entre ellas por las mejores zonas de caza y cuando no las hay, las inventan, dado que la expansión de la población de jabalíes principalmente y venados en segundo plano ha sido totalmente favorable para ello.
Hazañas
Pero, vamos a afinar un poco más el tiro y vamos a lo que de verdad quería reflejar en estas líneas.
Recuerdo, con mucha nostalgia, las grandes hazañas que se narraban en las crónicas monteras de antaño, donde no importaba tanto el cuánto, sino el quién y el cómo.
Me acuerdo de grandes hazañas como el lance con el mejor jabalí, récord de España, por parte de Tomás Higuero, o el doblete de venados de Leopoldo Castillo monteando Claverías.
Recuerdo monteros ilustres que acompañaban a peñas ya desaparecidas, como La Caracola de Oro con sus hazañas tras venados y jabalíes.
Eran crónicas con nombres y apellidos donde el cronista te metía dentro de la mancha, te ponía nervioso con el trepidar del monte mientras la ladra encendida se acercaba a la postura, e incluso te manchaba de sangre la ropa tras el estruendo del disparo a bocajarro de aquel gran jabalí que se zafaba de los perros.
De cronista a estadístico
Todo eso ha ido desapareciendo para irse convirtiendo en una lectura plana, donde lo importante es el número de puestos y los animales abatidos, donde se ha ido despersonificando al personaje en beneficio de la estadística.
Por eso me atrevería a decir que hemos pasado de cronistas a estadísticos.

Por mi parte intentaré que la resistencia del sabor de antaño se siga manteniendo
Los únicos reductos donde se pueden encontrar aquellas hazañas de las de antaño es tristemente en las redes sociales, aunque, eso sí, manchadas de una egolatría atroz y donde reina el «yoismo», que cuenta en pos de una única versión los hechos, reales o no, de lo acaecido en esa jornada de caza.
En fin, con esta reflexión os quería dejar, no sin antes indicaros que al menos por mi parte, y a todo lugar cuanto asista, intentaré que la resistencia del sabor de antaño se siga manteniendo y que al menos en esas líneas queden inmortales las hazañas con nombre y apellidos, para que, dentro de un cuarto de siglo, esos personajes, sigan vivos, al menos sobre el papel o la pantalla del lector.
De cronista a estadístico; texto y fotografías: Carlos Casilda Sánchez



