


EL RINCÓN DEL DECANO
Cuando la berrea y la ronca chocan en el Castillo de Viñuelas
Texto y fotografías: Cesáreo Martín / @Cesareo Martin
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Ocurre a veces que los relojes biológicos de los ciervos ibéricos (Cervus elaphus hispanicus) y los gamos (Dama dama) se acompasan hasta hacer coincidir sus respectivos celos.
Cada vez son más los espacios de la Península donde venados y gamos comparten territorio. Dos especies en expansión, más abundante el venado, sí, pero con el gamo ya asentado en amplias zonas.
La llegada del gamo a la España peninsular se pierde en la historia, hasta el punto de que, a todos los efectos, puede considerarse una especie autóctona.
Comentaba antes que ambas especies coinciden ya en muchos lugares, fincas, cotos, tanto abiertos como cercados.
Como decía, ambas especies coinciden ya en numerosos lugares, tanto abiertos como cercados. Pero hay zonas donde está documentado que llevan siglos compartiendo espacio, como Doñana o los montes mediterráneos, en parte adehesados, situados al norte de la Meseta Sur y extendidos por el piedemonte meridional del Sistema Central. Es el caso, por ejemplo, de algunas cotos de la actual Comunidad de Madrid, como El Pardo o el Castillo de Viñuelas.

Castillo de Viñuelas, historia de la caza en España, historia de España
En la actualidad, la finca de Castillo de Viñuelas ocupa más de tres mil hectáreas dentro del término municipal de Madrid, rodeadas por un cercado de mampostería.
Una señora tapia de dos metros de altura, cuyo perímetro quedó completamente cerrado a finales del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos IV.
Viñuelas ya era entonces un monte extraordinario, tanto por su riqueza natural –que conserva hoy– como por su importancia cinegética, que también perdura.
El lema de la web de la finca lo dice todo y resulta de lo más acertado: «Paraíso cinegético desde el siglo XVII».
Yo me atrevería a decir que incluso desde antes. Y lo mejor es que ha sabido conservar ese carácter a lo largo de los siglos, gracias a una gestión acertada, adaptada a cada época.
Por aquel entonces, los gamos y los ciervos ya eran especies emblemáticas de la caza mayor.
Viñuelas es historia cinegética y, valga la redundancia, historia con mayúsculas. Así lo reflejaba, por ejemplo, el brillante cronista de la caza y de la vida social Julián Settier en el último tercio del siglo XIX (Sanz Rueda, A.; El gamo en Madrid, antiguo y grande; Catálogo de trofeos homologados por la Comisión de Trofeos de Caza Mayor de la Comunidad de Madrid 2005-2020, Madrid, 2021, págs. 198-200).

Berrea versus ronca
En la zona centro casi no había llovido desde finales de marzo, aunque el invierno había sido extraordinariamente lluvioso. Después, medio año de precipitaciones escasísimas.
Por eso, me las prometía muy felices el pasado 7 de octubre, con motivo de mi habitual excursión fotográfica a Castillo de Viñuelas.
La inesperada tromba de agua caída en Madrid el día anterior podía haber hecho reverdecer la berrea, que hasta entonces andaba algo endeble. Por otro lado, quizá hubiera situado la ronca en su punto álgido. Berrea y ronca a tope y a la vez. ¡Ilusión!

Se les habían mojado los lomos a venados y gamos al mismo tiempo. Aunque, si me preguntan, creo que son más bien las ciervas y las gamas las que se ponen «altas» cuando se dan las circunstancias adecuadas; entonces, unos braman o berrean y los otros roncan.
La climatología podía propiciar que coincidieran los relojes biológicos de ambas especies. Con la llegada del otoño, los ciervos entran en celo si las condiciones son favorables, mientras que los gamos lo hacen unos días después.
Por eso, no es extraño que, en los lugares donde conviven estos dos cérvidos, la berrea y la ronca se solapen.
Pero tener la posibilidad de disfrutar de ambos celos en su momento culminante, y hacerlo en un escenario como Viñuelas, son palabras mayores.


Abrumador
Con el campo encharcado y los caminos embarrados por la lluvia del día anterior, pronto dejé el vehículo a buen recaudo y decidí empaparme de campo…
Eran poco más de las ocho. El cielo estaba muy encapotado, llovía y todavía reinaba la oscuridad. No había luz suficiente para utilizar el teleobjetivo: tendría que hacer las fotos de oído.
Abrumadora, fascinante, cautivadora… Pongan ustedes el adjetivo que prefieran a aquella sinfonía de bramidos y ronquidos al unísono.
Por todas partes. Varios a la vez.
Ya tenía el «trabajo hecho». Ensimismado, tan satisfecho, me había olvidado por completo de la sesión fotográfica y que estaba calado hasta los huesos.
Cuando fui despertando de aquel maravilloso letargo, la luz empezó a ganar terreno, el día mejoró algo y los galanes fueron perdiendo ímpetu.

Turno para el decano reportero
Ahora sí, turno para el decano reportero.
Escuché el característico entrechocar de las cuernas de dos machos enzarzados en una pelea. Después de tantos años, y curiosamente, tenía fotografías de gamos enfrentados en plena lucha durante el celo, pero no de venados.
Hubo suerte. Conseguí una secuencia de dos venados de buenas hechuras, muy parejos, enfrascados en una denodada lucha por hacerse con el harén o, cuando menos, ganarse el favor de alguna cierva.

También fotografié venados de mucha categoría y gamos también encelados y con trofeos magníficos. Y a ambos al viso.
Un venado joven e inexperto se sumó a la fiesta fotográfica. Quizá, cuando los grandes machos se retirasen más adelante a lo más espeso, intentara aprovechar su oportunidad…
Y, cómo no, también hubo hembras que, a medida que avanzaba la mañana, parecían vivir ajenas a todo aquel despliegue de furor.
A las diez se hizo el silencio, como si no hubiera pasado nada.


Las inmensas posibilidades cinegéticas de Castillo de Viñuelas
Las posibilidades cinegéticas del coto madrileño son inmensas.
En lo que respecta a las dos especies protagonistas de este reportaje, Viñuelas alberga trofeos de muchísima calidad, tanto de venado como de gamo. Hay medallas de oro de alta puntuación en ambas especies, aunque los gamos pueden llegar a ser realmente soberbios.
Para que se hagan una idea, esa cazadora excepcional que es Marichu Cabanyes cazó un gamo extraordinario, homologado con 214,13 puntos CIC, el 11 de noviembre de 1953. A día de hoy, continúa siendo uno de los mejores trofeos cobrados en España, y todavía se abaten en Viñuelas ejemplares de categoría similar.

Fotografía gentileza de doña Marichu Cabanyes Pineda.
Y hay más. En Castillo de Viñuelas se pueden cazar ambos cérvidos a rececho, incluso el tercero en discordia, el corzo, cuya población llegó de manera natural. La gestión ejemplar, marca de la casa, ha permitido que hoy puedan cazarse algunos ejemplares de esta especie.
Es lo que mi compadre Adolfo Sanz Rueda llamaría el Viñuelas Spanish Cervidae Grand Slam, o algo parecido.
También existe la posibilidad de realizar caza selectiva a rececho, tanto con rifle como con arco, además de practicar esperas al jabalí.
En cuanto a la caza menor, se pueden disfrutar ojeos de perdiz y las reconocidas, con razón, tiradas de paloma torcaz.

Monterías
Y, por supuesto, también se dan monterías: tanto de jabalíes y hembras de gestión como de trofeos.
La de jabalíes y hembras de gestión es una montería divertidísima con cupo de cuatro jabalíes y ocho hembras, se celebrará el próximo 14 de febrero.
Mientras que la montería de trofeos, se celebrará, Dios mediante, el próximo viernes 16 de octubre. El cupo será de dos gamos y cuatro jabalíes.
Allí estará este decano reportero para contárselo. Porque la cita promete ser, como se dice vulgarmente, un monterión.


«Eran poco más de las ocho. El cielo estaba muy encapotado, llovía y todavía reinaba la oscuridad. No había luz suficiente para utilizar el teleobjetivo: tendría que hacer las fotos de oído.
Abrumadora, fascinante, cautivadora… Pongan ustedes el adjetivo que prefieran a aquella sinfonía de bramidos y ronquidos al unísono»
Cesáreo Martín es el decano de la prensa de caza y pesca de nuestro país, presidente de ANTAI y autor de libro ‘La perdiz roja española’
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