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Cristóbal de Gregorio estrena ‘Los sueños de Pispi’ con renovada fuerza para procurar mejorar nuestra naturaleza

Cristóbal de Gregorio estrena ‘Los sueños de Pispi’ con renovada fuerza para procurar mejorar nuestra naturaleza

naturaleza caza

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Cristóbal de Gregorio García-Baquero es un referente de nuestra cinegética. Cazador desde la infancia, inquieto y soñador, está especializado en la perdiz roja, en el campo y en la observación de la naturaleza.

Durante un tiempo se había tomado un descanso como escritor precisamente para eso: observar el devenir cinegético y natural, contemplar los toros desde la barrera y reflexionar sobre cuanto sucede en nuestro mundo.

De niño, su padre le llamaba Pispi.

Y en Caza y Safaris – Caza Wonke hemos tenido la suerte de que regrese al ruedo de las letras con su blog, Los sueños de Pispi, una lectura sencillamente imperdible.

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naturaleza caza

Renovada fuerza para procurar mejorar nuestra naturaleza

Hace un tiempo me tomé un descanso en aquello de escribir en los medios de la caza, de los perros, de la naturaleza… porque me apetecía ver, observar, intuir todo lo que se nos venía encima en la gestión de los espacios y de todo lo que por allí estaba viviendo desde hacía muchos años.

Durante esta ausencia he comprobado cómo muchos espacios y cotos se han quedado sin música, sin sonidos que, a mi entender me parecen MUY IMPORTANTES. Llegar a un monte, a unos parajes despejados un mes de abril y no escuchar una sola perdiz que parece desear imponer su presencia, denota que ALGO NO SE ESTA HACIENDO BIEN.

Tras aquella marea naranja de 2022, la fuerza, la ilusión y la capacidad de influencia se diluyeron no en días, sino en cuestión de horas

Creo que todos –o al menos quienes hemos participado en unas cuantas manifestaciones en defensa de la caza, de la pesca y de nuestras tradiciones– hemos tenido una sensación extraña tras lo sucedido después de aquella segunda macro manifestación celebrada en las calles de Madrid aquel 20 de marzo.

A los pocos días, quizá no tantos, las energías comenzaron a moverse de una manera curiosa. El viejo principio de «divide y vencerás», tan utilizado desde que el mundo es mundo, empezó a funcionar. No deseo restar mérito a quienes lo practican, incluso de forma natural; ¡olé sus g…!, es su trabajo. Pero existe algo llamado «PRINCIPIOS» y cada vez resulta más difícil encontrar personas que los tengan. Sin embargo, os aseguro que existir ¡EXISTEN!

La cuestión es que, tras aquella marea naranja de 2022, que según la Policía fue la segunda concentración más numerosa celebrada en Madrid después de la de Miguel Ángel Blanco, la fuerza, la ilusión y la gestión del resultado se diluyeron no en días, sino en cuestión de horas.

Un evento tan relevante apenas fue valorado por los medios de comunicación, que le dedicaron un eco raquítico, aquellos que se lo dedicaron. Posiblemente porque desde la organización no se aseguró como debía que todos LOS MEDIOS IMPORTANTES DEL PAÍS ESTUVIERAN PRESENTES Y TRANSMITIERAN LA NOTICIA CON EL RIGOR QUE LA PRENSA EXIGE.

Pero pasemos página de lo que fue y pudo haber sido, y centrémonos en lo que es.

Actualmente los Consejos de Caza son, en su mayoría, órganos consultivos y no vinculantes

A día de hoy, salvo honrosas excepciones en algunas comunidades autónomas, los Consejos de Caza son, en su mayoría, órganos consultivos y NO VINCULANTES.

¿Y qué significa esto? Pues que las partes INVITADAS por la Administración regional a ese Consejo de Caza se reúnen, exponen situaciones, problemáticas, se sugieren ideas que no sé hasta qué punto llegan a debatirse, porque el tiempo suele ser escaso. De tal manera que el resultado final apenas varía un diez por ciento respecto al borrador que los convocantes ya llevaban preparado desde sus despachos. Al menos, eso es lo que me transmiten algunas de las partes participantes.

Llevo muchos años defendiendo que estas reuniones o consejos fueran públicos, sin derecho a intervenir, únicamente a escuchar. No alcanzo a comprender por qué no se consigue. Todos ganaríamos en cultura política, en respeto hacia quien piensa de forma distinta y en capacidad para valorar el nivel de los argumentos expuestos. Podríamos compartirlos o no, pero el campo saldría beneficiado.

Si existe voluntad, pueden buscarse fórmulas para que todos aquellos a quienes nos importa el medio natural conozcamos la evolución anual de nuestras regiones. Por ejemplo: ¿cómo evolucionan las poblaciones de conejos, de jabalíes? ¿Por qué desaparecen los nidos de avutarda? ¿Dónde están los sisones que antes se contaban por miles? ¿Qué sucede con nuestras perdices rojas salvajes, incapaces que no logran levantar cabeza en la mayoría de los lugares?

Liberan treinta urogallos, con un gasto de cinco millones, y sólo sobrevive uno

Vemos proyectos de reintroducción –aunque en muchos casos sería más correcto hablar de sueltas– de especies que se desea contemplar con mayor frecuencia para beneficio llamésmolo de «X», lo que es muy respetable.

En los últimos tiempos hemos asistido a la liberación de treinta urogallos en un proyecto que ha supuesto una inversión de cinco millones de euros. De esa iniciativa pionera solo ha sobrevivido uno y me temo –¡OJALÁ ME EQUIVOQUE!– que tampoco llegará a ver madurar las uvas en la Virgen de Agosto.

Lo siento por esos magníficos pájaros que, cual gallinas, han sucumbido a la realidad del medio donde se pretendía que permanecieran y se reprodujeran.

Hay muchas preguntas en el aire y una batería de respuestas que, en la mayoría de los casos, se intercambian alrededor de una cerveza, una copa de vino o un café en cualquier bar o mentidero cinegético.

Nos llevan los demonios cuando contemplamos estos desastres, que seguramente obedecen a la falta de estrategia y a una visión equivocada de lo que realmente ocurre en el campo. Porque la realidad es una depredación masiva sobre cualquier especie que pretenda prosperar, especialmente cuando se la libera con más ilusión que raciocinio.

Protección desmedida

El urogallo salvaje tiene un problema enorme en su hábitat y, mientras las administraciones no sean capaces de reconocerlo y ponerle remedio con medidas eficaces, poco futuro tendrá esta especie o cualquier otra que se encuentre en circunstancias similares.

Las actuaciones necesarias pasan, sin lugar a dudas, por revisar determinadas políticas de protección desmedida que terminan asfixiando a otras especies.

Parece que algunos han olvidado la figura del trampero, un personaje tan necesario como interesante. Estos auténticos cuidadores del medio poseen formación específica, son personas responsables que realizan cursillos del manejo de las técnicas con bastante acierto y atesoran un profundo conocimiento de las especies que gestionan.

A algunos responsables políticos se les hace cuesta arriba tomar decisiones pensando en el presente y en el futuro. Temen a las encuestas y a los votos, pero están equivocados. Deberían temer mucho más al juicio de la historia, que será quien los evalúe por no haber tenido el valor de reconocer sus errores y permitir el control de especies como los tejones, determinadas rapaces –muchas de las cuales pasan hambre por falta de recursos– y una larga lista de animales que atravesaron momentos complicados en el pasado, pero que hoy están muy lejos de encontrarse amenazados, ni tan siquiera considerados como «especie vulnerable».

Asistimos atónitos a una naturaleza desequilibrada por decisiones equivocadas tomadas no hace tanto tiempo

En los últimos años hemos visto vídeos en los que cigüeñas blancas, abundantes por miles, devoran por completo bandos de perdigones ante los desesperados intentos de la madre por protegerlos. Tanto esfuerzo de los cazadores por dejar «madre» de un año a otro, por proporcionar alimento y agua, para que en cuestión de minutos toda esa ilusión desaparezca bajo el pico de una cigüeña.

Asistimos atónitos y, por qué no decirlo, enfadados, a una naturaleza desequilibrada por decisiones equivocadas tomadas no hace tanto tiempo. Y mientras tanto buscamos, apoyándonos en estudios muchas veces muy bien remunerados, justificar la necesidad de la caza o de la pesca ante una sociedad de doble moral que nos cuestiona a cada paso, pero que disfruta sin reparos de un arroz con conejo o de cualquiera de las muchas exquisiteces que nos ofrece el campo y que tantos cuidamos con una visión de futuro tan sincera como inevitablemente egoísta.

Algunos seguimos viendo en la Naturaleza, en el Campo –llámese como se quiera–, lo mismo que vieron nuestros ancestros:

¡¡¡VIDA!!!

Renovada fuerza para procurar mejorar nuestra naturaleza,

por Cristóbal de Gregorio García-Baquero

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