Soldados de la Rep. Democrática Congo, en el punto de mira del comercio ilegal de marfil

Un popular mercado de arte en una ciudad oriental de la República Democrática del Congo (RDC) ofrece pinturas y esculturas de bronce, cobre, malaquita o madera que atraen a muchos turistas. Pero sólo los lugareños saben que también se comercia con artesanía de marfil ilegal. “A pesar de ser ilegal, el marfil atrae a los amantes del arte, en especial extranjeros que contratan intermediarios”, dijo un artesano que quiso mantener el anonimato.

 

Fuente: ipsnoticias.net

Rige una prohibición casi general para la venta de marfil desde 1989, pero el tráfico de los colmillos de elefantes de la cuenca del río Congo continúa en las grandes ciudades de este país.

El mayor John Bonyoma, juez de un tribunal castrense de Goma, dijo a IPS que los furtivos suelen ser soldados y comandantes de las Fuerzas Armadas de la RDC (FARDC).

En 2010, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) acusó al ejército congoleño de ser “responsable de 75% de la caza furtiva en nueve de los once lugares” donde este país tiene elefantes. El Instituto Congoleño de Conservación de la Naturaleza (ICCN) estima que se mataron a unos 1.000 elefantes en este país entre 2010 y 2013. La organización también cree que los jefes locales son cómplices del furtivismo.

Según el ICCN, el 70% de la selva de la cuenca del Congo está en territorio de la RDC. Un estudio del WWF publicado en mayo señala que hay unos 7.000 elefantes en este país, muy por debajo de los 100.000 de hace 20 años.

“La demanda de esculturas y curiosidades de marfil en el mercado asiático alimenta el furtivismo de elefantes”, dijo Emmanuel de Mérode, director de ICCN en la oriental provincia de Kivu del Norte, en entrevista con IPS. Un kilogramo de marfil cuesta unos 1.500 euros (más de 1.900 dólares) en el mercado negro. El furtivismo se ha vuelto una “red de crimen organizado que usa armas de guerra”, precisó. De Mérode se refería a un incidente de marzo de 2012 en el Parque Nacional Garamba, en el noreste del país. Los soldados ugandeses que al parecer pilotaban un helicóptero de combate dispararon contra 22 elefantes.

La RDC tiene nueve parques nacionales y unas 60 reservas y zonas de caza a cargo del ICCN. Esas zonas representan 10,47% del territorio de este país, es decir unos 250.000 kilómetros cuadrados, e incluye cinco áreas protegidas que figuran en la lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Pero el ICCN no puede hacer nada para detener a los furtivos fuertemente armados que suelen cruzar la frontera oriental con tecnología de GPS (sistema de posicionamiento global) y teléfonos por satélite.

La legislación congoleña también establece obstáculos para hacer responsables a quienes matan elefantes, pues permite la deportación de extranjeros involucrados en esa actividad ilegal. “La deportación socava la lucha contra el furtivismo. La ley debería aplicarse para proteger escrupulosamente a los animales y detener a los extranjeros”, señaló Bonyoma.

El programa de incentivo que puso en práctica el ICCN en 2010 para proteger los parques de la RDC es la única solución contra la matanza de elefantes. El instituto alienta a las poblaciones locales a denunciar a los furtivos y ofrece asistencia económica a las organizaciones comunitarias con proyectos económicos viables. “Al dar fondos para la agricultura de pequeña escala y para proyectos comunitarios con animales, el ICCN desalienta a los campesinos a que sean cómplices de los furtivos y terminen involucrándose en actividades ilegales”, precisó Mufuko.

El monto total que aporta depende del costo del proyecto, pero la mayoría son relativamente pequeños. “Esta campaña de concienciación ayuda a disminuir la matanza desenfrenada de elefantes en la RDC”, añadió.

Los problemas que tiene este país también afectan a otros de la cuenca del Congo como Camerún, Congo-Brazzaville, Gabón, Guinea Ecuatorial y República Centroafricana, observó De Mérode.

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