Conejo de monte, algo más que vacunar

Menor conejo

Es bien sabido por todos y recogido en cientos de textos, científicos y divulgativos, que el conejo de monte es la base principal de la cadena trófica en nuestros queridos y maltrechos ecosistemas mediterráneos, siendo base, casi única, en la dieta de especies tan amenzadadas como el águila imperial o el propio lince.

Desde un punto de vista cinegético no es menos importante, al representar, junto con la perdiz, los máximos exponentes en lo que a aficionados a la menor se refiere, sin olvidar tampoco que ha servido durante muchos años como especie capaz de derivar la presión cinegética en beneficio de la patirroja, aspecto que ha supuesto un pilar clave en la conservación de ésta y que quizás ahora pueda incluso estar en entredicho en algunos cotos complicando si cabe aún más sus censos.

Tampoco es nuevo que la situación de alarma en la que nos encontramos por la aparición, ya por el año 2011, de la nueva variante del virus de la enfermedad hemorrágico vírica, preocupa sobremanera tanto a cazadores como a conservadores e, incluso, a las propias administraciones públicas y federaciones de caza. Ojalá sirva entonces este momento, de una vez por todas, como punto de partida para un trabajo coordinado y conjunto de recuperación serio de la especie, por el bien de todos. No nos olvidemos que este acuerdo no se ha producido nunca, aún a pesar de los numerosos episodios críticos, tanto para bien como para mal, en que se ha visto involucrado el conejo a lo largo de las últimas décadas.

La situación actual

En realidad, aunque esta nueva variante es capaz de liquidar una población cunícula casi hasta el fin en pocas jornadas, la situación del conejo en España se puede considerar irregular, entre otras cosas por la propia biología de la especie. Podemos encontrar noticias coincidentes en fechas en diferentes medios de comunicación en los que unos aseguran en unas zonas que el conejo desaparece y otros denuncian daños y solicitan acciones urgentes en otras.

«Acuerdos con agricultores de la zona, reserva de parcelas, siembras para la caza, reducción del uso de herbicidas en determinadas zonas o desbroces y clareos en otras… son actuaciones imprescindibles si queremos recuperar el conejo».
«Acuerdos con agricultores de la zona, reserva de parcelas, siembras para la caza, reducción del uso de herbicidas en determinadas zonas o desbroces y clareos en otras… son actuaciones imprescindibles si queremos recuperar el conejo».

Ante este panorama, en ambos extremos, no son pocos los que demandan remedios a las federaciones, cazadores, conservadores y a la propia Administración. Sin embargo, por desgracia, son algunos menos los que demandan el trabajo de profesionales capaces de echarles una mano cercana, real e inmediata en su coto.

En cualquier caso, no encontraremos, a pesar de que algunos las intenten vender, soluciones mágicas que ajusten las poblaciones de conejos en este país de diecisiete países con ideas, normas, costumbres y hasta intereses dispares, a las densidades que cada uno le gustaría tener. Para conseguirlo sólo tenemos una herramienta, la gestión, apoyada siempre en la experiencia y en el sentido común de aquellos que llevan años trabajando, sin olvidar tampoco que no es instantánea, sino que requiere de años para ver los resultados. Además, estas medidas que necesita el conejo de monte en España no son generales, sino que requieren adaptarse a las condiciones particulares de cada coto, reserva, finca o área de expansión y cría del propio lince.

Por otro lado, el futuro del conejo de monte probablemente no se solucione, ni para bien ni para mal, con la aparición de una vacuna, que llenará titulares, será de gran utilidad sin duda para cunicultores domésticos y explotaciones cinegéticas y menos para los cazadores que, a buen seguro, encontrarán notables dificultades para aplicarla y muchas más para garantizar que esa aplicación sea efectiva.

La gestión pasa por planes de actuación reales, serios y constantes cuyo objetivo no sea otro que consolidar las poblaciones, de manera que consigan, como lo han hecho ya en otras épocas, superar y adaptarse a esa nueva y temida variante y adquirir una inmunidad natural que no conseguirán si el resto de factores y agentes del entorno no colabora.

Es verdad que la situación en muchos cotos es muy grave, casi dramática, pero en esos casos encontraremos dos situaciones: una en la que nadie ha hecho nada y otra en la que aún haciendo algo o incluso mucho, no se ha conseguido nada. En la primera no quedará otra que actuar cuanto antes y, en la segunda, tampoco habrá más opción que revisar las formas de actuación y pensar en cambiarlas o mejorarlas para tratar de que empiecen a funcionar.

¿Qué hacer?

Dicho esto, muchos estarán pensando lo fácil que es recetar en casa del vecino; sin embargo, aunque la gestión del conejo de monte podría dar para escribir un libro, sí nos gustaría dar siquiera algunas pinceladas de las claves y también de los errores más comunes que, desde nuestra experiencia de campo, han demostrado ser determinantes para la recuperación o no de poblaciones maltrechas, que quizás es lo que más nos podría preocupar en este momento. Entre estos aspectos cabe destacar los siguientes:

-Gestión del hábitat: una de las causas fundamentales de regresión de las poblaciones no sólo de conejo de monte, sino también de perdiz roja y otras muchas especies cinegéticas y no cinegéticas, es la destrucción del hábitat. Concentraciones parcelarias con destrucción de linderos y sotobosques o, en el otro extremo, reforestaciones masivas o recuperación del monte por el abandono de los usos tradicionales, están provocando una pérdida evidente de zonas de ecotono y, en definitiva, de hábitats de calidad para todas las especies de caza menor. El trabajo, en este sentido, será esencial para conseguir recuperar las poblaciones cunículas en España y tendrá que basarse en la creación de linderos, sotobosques o zonas de margen intercaladas con parcelas específicamente sembradas y cuidadas para la menor. Acuerdos con agricultores de la zona, reserva de parcelas, siembras para la caza, reducción del uso de herbicidas en determinadas zonas o desbroces y clareos en otras… son actuaciones imprescindibles si queremos recuperar el conejo.

Parece difícil, aunque, si nos paramos a pensar, existen muchas soluciones que pueden beneficiar tanto a agricultores como a ganaderos y, por supuesto, a cazadores, y no siempre tiene que estar el dinero por medio.

Disponibilidad de alimento de calidad: a pesar de que el conejo es un herbívoro generalista que puede alimentarse casi de cualquier cosa, es evidente que para conseguir poblaciones fuertes y consolidadas los animales necesitan alimentarse bien, principalmente en momentos críticos como la época de reproducción. En este sentido podríamos decir que es discutible el empleo de comederos artificiales, por diferentes motivos que darían para escribir otro capítulo, si bien la creación de siembras específicas para la especie, con mezclas de gramíneas y leguminosas que alternen su estado vegetativo, en superficies de pequeño tamaño, con forma alargada de longitud de no más de 40-50 metros y una anchura de no más de 8-10 metros serán suficientes. La clave de estas siembras será también, además de su composición y diseño, su ubicación. El conejo es una especie con áreas de campeo reducidas, de manera que debemos evitar desplazamientos excesivos desde los vivares que faciliten el aprovechamiento de las mismas y minimicen el riesgo de predación. Una ubicación estratégica de las siembras puede ser, además, un factor determinante a la hora de prevenir o reducir daños en determinados cultivos.

«Partiendo de la base de que, desde nuestro punto de vista, la mejor repoblación es la que no se hace, es verdad que, en muchos casos, es imprescindible».
«Partiendo de la base de que, desde nuestro punto de vista, la mejor repoblación es la que no se hace, es verdad que, en muchos casos, es imprescindible».

Suministro de agua de bebida: no son pocos los que piensan que el conejo no bebe agua, otra de las leyendas de la especie que para nada le beneficia. Es verdad que puede sobrevivir a periodos prolongados de sequía; sin embargo, si pretendemos que las poblaciones se reproduzcan y se consoliden, deben disponer de agua en cantidad y calidad suficiente para que las hembras críen, y las camadas sean amamantadas con leche en abundancia para desarrollarse de forma adecuada. De nuevo habría que cuestionar el empleo de bebederos frente a la recuperación de puntos de agua naturales, tipo fuentes o charcas que, por desgracia, cada vez son más escasos, aunque este aspecto en años como el que parece que vamos a afrontar es un pilar indispensable para una buena gestión.

Control de predadores: el conejo de monte es la especie presa por excelencia en los ecosistemas ibéricos, de modo que una gestión óptima y legal de predadores es muy importante. Sin embargo, habría que desterrar en este sentido algunas ideas que no benefician a la especie, como una inadecuada presión frente a especies como el zorro cuando se trata de un animal territorial que podría gestionarse mejor cuando se conocen las poblaciones del entorno. Tampoco debemos olvidarnos de realizar un control óptimo de córvidos que pueden causar importantes mermas en las poblaciones y, sobre todo, es prioritario un control intenso, exhaustivo e incluso hasta enfermizo hacia algunas especies como los gatos asilvestrados, que son uno de los problemas fundamentales de muchos cotos, no sólo para el conejo, sino también para muchas otras especies como la perdiz, paseriformes…

Gestión de la caza: cuando las cosas no van bien en un coto no podemos mirar para otro lado en lo que a los aprovechamientos se refiere. Habrá lugares en los que las poblaciones no permitan la presión cinegética que se venía realizando hasta el momento, al menos durante alguna temporada, debiendo adelantar el cierre de la temporada, reducir el número de jornadas de caza, revisar los cupos establecidos o, incluso, replantear la conveniencia o no de realizar descastes en verano como es habitual en algunos cotos. Analicemos datos, tendencias y apliquemos el sentido común antes de dejarnos llevar por la insensatez que no hará más que provocar una situación que podría llegar a ser irreversible.

Repoblaciones: hemos dejado para el final quizás una de los factores más negativos y, por desgracia, más arraigados en los pensamientos clásicos de muchos cazadores, técnicos, conservacionistas e, incluso, la propia administración, las repoblaciones. Partiendo de la base de que, desde nuestro punto de vista, la mejor repoblación es la que no se hace, es verdad que, en muchos casos, es imprescindible para revertir la situación del conejo en determinados territorios. Sin embargo, son actuaciones trascendentales desde diferentes puntos de vista, genético, cinegético y, sobre todo, en el momento actual, sanitario, puesto que el empleo de animales de dudosa procedencia puede generar muchos más problemas que los que puede resolver.

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Por otro lado, no sólo es suficiente elegir animales de calidad, sino que deben ir acompañados de actuaciones imprescindibles que den alguna opción de viabilidad a la repoblación. No sirven las sueltas directas de cientos de ejemplares en el monte, como tampoco funcionan las siembras de parejas o tríos en lugares donde la ocurrencia de unos y otros aconseje, ni mucho menos la creación de pequeños biotopos, vivares o cados cerrados herméticamente y en los que soltar muchos conejos durante varios días o incluso semanas para que se vayan mordiendo, castrando y hasta matando entre ellos. Son creencias consolidadas en muchos cotos que, año tras año, invierten ingentes cantidades de dinero en animales sin conseguir nada a cambio. Una repoblación bien planteada, con mejoras de hábitat previas, biotopos o vivares bien dimensionados, construidos con materiales naturales, con cercados provisionales de tamaño suficiente para albergar 15-20 animales, que se irán abriendo progresivamente, aunque nunca por un solo punto para evitar concentración de predadores, van a tener muchas más opciones de éxito.

En conclusión

La situación del conejo de monte en España es irregular, quizás incierta, aunque no serán las vacunas las que recuperen las poblaciones donde se encuentran comprometidas, sino decididas y profesionales medidas de gestión concretas y adaptadas al entorno, que con esfuerzo y tiempo, conseguirán resultados a medio y largo plazo.

Pensemos lo que necesita nuestro coto, lo que hemos hecho bien o mal o, incluso, lo que no hemos hecho y pongámonos manos a la obra ¡ya! CyS

Equipo técnico Ciencia y Caza

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