El cazador más elegante

Fuente: abc.es/toledo

Castilla-La Mancha es un paraíso para la cetrería, la modalidad de caza más espectacular y, a la vez, más ecológica. Y es que para los cetreros más que un deporte es un arte.

Una modalidad que estuvo a punto de desaparecer en España a mediados del siglo pasado y que logró recuperarse su práctica gracias, en buena parte, al impulso dado por Félix Rodríguez de la Fuente, el «héroe» de todo cetrero.

Es la primera actividad de caza con animal que se conoce y, sin duda, la más espectacular y bella. Y Castilla-La Mancha es un paraíso para su práctica. Se trata de cuidar y adiestrar aves de presa para cazar animales silvestres en su medio natural. Y en ella se engloban tradiciones, expresiones orales, usos sociales, prácticas, conocimientos y técnicas artesanales. De ahí que desde el Gobierno de Castilla-La Mancha se haya impulsado su declaración como Bien de Interés Cultural, con categoría de bien inmaterial.

Es decir, se ha pasado en apenas cuatro años de estar prohibida su práctica en los territorios cinegéticos de Castilla-La Mancha a su máxima protección.

De caza con las harris

Para conocer mejor cómo es este «arte cinegético» pasamos una jornada de caza con «Oliva», «Coco» y «Eclipse», tres águilas Harris propiedad de Luis, Fernando y Alfonso, tres cetreros toledanos cuya afición les ha llevado a comprar un coto para poder salir al campo cuando quieran durante la veda.

Y es que el mayor problema que tiene esta actividad es la falta de cotos donde cazar. La cetrería es incompatible con las escopetas y los perros (los pájaros los ven como enemigos) y en un territorio como Castilla-La Mancha, donde la caza tradicional genera tantos recursos económicos, es muy difícil salir al campo con las rapaces, según explica Luis Sánchez.

Hay que destacar que los protagonistas de esta historia no son azores, son águilas Harris, que han revolucionado la cetrería de bajo vuelo en España en los últimos años, por su fácil manejo y la posibilidad de cazar conejos en grupo. La otra modalidad es la altanería, en la que se utilizan halcones peregrinos o sacres, y que es más elitista y costosa. La presa es la perdiz. «Urko», el azor de Luis Sánchez, no sale a cazar en esta jornada, pero sigue siendo el rey de este arte, por su agresividad, por su belleza y por la dificultad que entraña su manejo. «No eres cetrero hasta que no has hecho un azor», nos aseguran. Pero las Harris son más listas y más solidarias.

Enseñar a «respetar»

Los cetreros enseñan a sus pájaros a «respetar», es decir, el primero que coge la pieza se queda con ella. El azor eso no lo permite. Hay un dicho en este oficio que dice que «no hay pájaro malo, sino cetrero malo» y es que la enseñanza es fundamental para hacer una buena práctica de este arte.

Y los protagonistas de esta jornada de caza demuestran que tienen bien enseñados a sus pájaros. Fuertes y lustrosos se lanzan contra los conejos que salen a su paso con elegancia y a la vez con contundencia. Es un espectáculo ver su vuelo y asombroso cómo se posan dócilmente en el puño del cetrero.

Pero para que ocurra esta compenetración entre hombre y animal han tenido que pasar muchas horas, días y meses de trabajo. Se puede decir que practicar la cetrería es un lujo que pocos se pueden permitir, pero no ya sólo por el dinero, sino también por las horas que hay que dedicar al cuidado y mantenimiento de los pájaros. Comida y entrenamiento todos los días del año, unas instalaciones adecuadas… Hay que tener mucha afición. Aún así, la cetrería ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años. Castilla-La Mancha tiene un territorio de caza ideal para esta modalidad y se pueden apreciar lances preciosos en la modalidad de bajo vuelo.

Sin embargo, Luis y sus compañeros advierten que antes de decidirse a criar y amansar un pájaro es mejor convivir con un cetrero experimentado y saber que hay que atender al animal diariamente. «Los cetreros tienen el pájaro perfectamente cuidado, alimentado, muy controlado el peso. Entrenan todos los días; realmente es una esclavitud. Algunos que comienzan ahora se creen que el pájaro es una gallina y así pasa, está feo, estropeado, sin fuerza», aseguran.

El proceso no ha cambiado desde la edad media, ni siquiera el equipamiento del ave, utilizando el cuero principalmente. Su amansamiento es un proceso lento; se pasa una noche entera sin dormir con él en el puño para que el animal aprenda a comer en la mano. Muy importante también es su peso, porque es como se mide la cantidad de hambre que tiene y, por tanto, las ganas de cazar. Un pájaro sin hambre no caza, no lo necesita; y si tiene demasiado, está débil y no es capaz de capturar la pieza.

También ha que distinguir entre las exhibiciones y la caza; lo que se hace en los festivales medievales, tan de moda últimamente, no es cetrería -los verdaderos cetreros son muy críticos con esta denominación-, sino exhibición, «porque una cosa es que el pájaro venga al puño y otra que salga del puño del hombre a cazar y que quiera hacerlo, y que sea capaz de hacer los quiebros a los conejos y liebres». El cetrero tiene un vínculo muy especial con su pájaro».

Vínculos que, afortunadamente, perdurarán en el tiempo con el respaldo de la declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Bien Inmaterial que entrará en vigor a partir del 16 de noviembre. Un reconocimiento a este arte tan respetuoso con el medio ambiente.

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