‘La caza como una garantía de salvaguarda medioambiental (V): caza y agricultura’, por Antonio Conde Bajén

COMPATIBILIDAD Y COMPLEMENTARIEDAD DE LA CAZA Y AGRICULTURA

Caza y agricultura han sido realidades absolutamente compatibles y complementarias, sobre todo desde un punto de vista de equilibrio ambiental. Sólo desde este equilibrio ha sido posible que los cotos de caza soportaran la presión de especies, en otro momento de enorme población, como es el caso de los conejos, sin que fueran tratadas como plagas a perseguir.

La linde entre ‘El Castañar’ (a la izquierda) y otras fincas en la carretera CM-410 entre Cuerva y Sonseca, Toledo.

No es una casualidad que las zonas mejor conservadas de nuestra geografía sean históricamente cotos de caza, y puedo poner como ejemplo a comparar zonas tan cercanas en nuestra geografía como Los Estados del Duque y Cabañeros. Uno es un erial y otro un bosque mediterráneo bien conservado; el primero nunca tuvo una gestión cinegética y el segundo fue el gran coto de los Montes de Toledo. Otro ejemplo lo encontramos al circular por la carretera que comunica Cuerva con Sonseca, donde el paisaje cambia de forma radical según entramos o salimos de la finca El Castañar, coto histórico donde los haya de España. Pero es general si comparamos cualquier latifundio con sus colindancias formadas por un conglomerado de minifundios de uso exclusivamente agrícola o ganadero, porque la cubierta vegetal arbórea en estos últimos es escaso o inexistente.

Pero lo que podemos afirmar respecto de la agricultura, también, si no más, lo podemos decir de la ganadería. Puedo afirmar sin dudas que ha sido la caza la que ha permitido pasar de un aprovechamiento casi abusivo de los pastos de los montes (principalmente con cabras) a un mayor respeto de la cubierta vegetal. Así, es de destacar que en las fincas que hoy componen Cabañeros existía hace 50 años una cabaña ganadera de caprino de varios miles de cabezas por cada 2.000 hectáreas, que fueron reduciéndose conforme esta intensidad de explotación de pastos se hacía incompatible con una correcta gestión cinegética.

“Es de destacar que en las fincas que hoy componen ‘Cabañeros’ existía hace 50 años una cabaña ganadera de caprino de varios miles de cabezas por cada 2.000 hectáreas”.

La caza pasó hace decenios, de ser un lujo de aquellos propietarios que podían permitirse una disminución de sus renta agrícolas (por la presión de las especies cinegéticas sobre los cultivos), a un complemento económico muy importante de sus propiedades, hasta llegar a ser la renta única o más importante de dichas fincas. Esto motivó que, no sólo unos pocos económicamente potentados, sino una enorme cantidad de propietarios agrícolas, tanto de fincas montaraces como de fincas de cultivos agrícolas, modificasen su modelo de explotación.

No se trata de una competición entre caza y agricultura/ganadería en régimen de incompatibilidad, porque este tránsito no se hizo de forma obligatoria. Estamos ante una evolución de las explotaciones rurales motivada por la rentabilidad de los diferentes productos que podían ser aprovechados del agro. A mi juicio, considerar una incompatibilidad o choque entre ganadería y caza mayor es más absurdo que hacerlo entre viñas y cereal. Evidentemente, la existencia de uno impide la del otro en el mismo y concreto espacio físico; pero ambos son cultivos y ambos son productos del campo. Pues bien, la existencia de caza mayor ni siquiera tiene esa incompatibilidad con la ganadería o agricultura, aunque exija una reducción de cabezas.

Esta compatibilidad es mucho más clara en el caso de la agricultura, porque la caza (sobre todo la menor) precisa de la existencia de cultivos para su correcto desarrollo, hasta el punto de que una de las grandes batallas que toca librar hoy a los titulares de cotos de caza de fincas montaraces es su pretensión de recuperar o crear puntuales zonas de cultivo a modo de ‘querencias’, donde puedan pastar las diferentes especies cinegéticas de caza mayor, lo cual es sistemáticamente obstaculizado por la ceguera de los responsables de la Administración, que, sin embargo, nada dicen si lo que se hace es introducir mil cabras en el monte. (Continuará).

Un artículo de Antonio Conde Bajén

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