No sabemos lo que tenemos…

 

Repetir hasta la saciedad que somos lo que somos y que tenemos lo que tenemos, no soluciona los problemas. Ni uno. Lloriquear como plañideras y quejarse de lo malos que son, siempre, los demás, menos aún. El movimiento se demuestra andando y, a veces, muchas veces, nuestro sector camina con una manea, cuando no vamos como los cangrejos… Y así nos luce el pelo.  

 

Por sistema, nos quejamos –en la barra del bar y en la partida de mus– de todo titirimundi, ponemos a caldo hasta al más pintao y, si perdemos la partida, llegamos a casa refunfuñando hasta el domingo que viene; cuando no ponemos a caer de un burro –con palabros, a veces, que pueden rozar la ilegalidad– a cualquiera que se atreva a mojarse y perder tiempo y dinero en intentar echar una mano y resolver nuestros problemas. Somos así.

 

Viene a cuento, ésta un tanto larga y agria introducción, porque en uno de los artículos que pueden encontrar unas páginas más adelante, hemos descubierto –ya lo sabíamos– que sí hay personas en nuestro sector, o directamente relacionadas con él, que sí saben lo que se traen entre manos, sí saben el potencial real de lo que esto signifi ca e, incluso, ponen en valor, numérico, las cifras que tanto bailan en boca de unos y de otros. Desde el Instituto de Recursos Cinegéticos, más conocido como IREC, y más concretamente desde la Federación Europea de Productores de Ciervos, FEDFA, Tomás Landete –vicedirector del IREC, profesor

de la Universidad de Castilla-La Mancha, representante de España en la citada FEDFA y miembro del Comité Científi co de la International Deer Biology Society– y su equipo, están realizando una labor única en defensa de nuestro ciervo y, sobre todo, del potencial económico que supone para un país como el nuestro en las circunstancias en las que se encuentra. Hablamos, y pueden comprobarlo en las citadas páginas, de –en la actualidad– entre 6.000 y 10.000 puestos de trabajo y un valor potencial de 450 millones de euros. 

 

Se dice pronto. Pero hay más. En uno de los artículos del autor podemos leer: «El benefi cio de imitar la gestión de la caza privada en España producía cifras impresionantes: considerando sólo la conversión del 1% de su territorio en cotos privados de caza, se crearían 17.000 cotos, 85.000 puestos de trabajo y unos benefi cios de 2.600 millones de euros». Las cifras son como para pensárselas. Y como para quitarse el sombrero ante las personas que sí están trabajando,

duro,  por esto de la caza y que ven cómo desaparecen, uno a uno, los euros dedicados a sus investigaciones en base a no se sabe qué absurdas teorías de ahorro y déficit. Negro, más aún, panorama nos espera si se volatilizan los recursos dedicados a la investigación, sobre todo de quienes, como demostrado queda, son capaces de generar recursos. 

 

Pero hay más aún. Como osados que somos, también nos hemos atrevido a decir en portada, y a demostrarlo en otro artículo, algo que se comenta en corrillos y que muy pocos se atreven a decir a las claras: ¡hay que cazar la avutarda! Quizá este artículo no tenga el carácter científico que tiene el anterior, pero nuestro querido Carlos Enrique López, que no duda en meterse en todos los charcos, eso sí con pleno conocimiento de causa, ha recopilado datos, exhaustivos, para concluir que es necesaria, de una vez por todas, la gestión cinegética de la Otis tarda.

 

Primero, porque sus poblaciones han crecido de forma exponencial en los últimos años –tenemos en nuestro país la mitad de la población mundial–. Segundo, porque su propia gestión, eliminando ejemplares adultos, repercutiría en beneficio de la conservación y extensión de la propia especie. Y, tercero, por la repercusión económica que puede tener en las zonas donde más se necesita, en el medio rural. Las cifras cantan por sí solas y, recurriendo al acerbo popular,

no es lo mismo llamar que salir a abrir. No son, estos, tiempos para ir tirando ‘duros’. 

 

Sí lo son, los ya inmediatos días, emotivos y de, a pesar de todo, alegrías y regocijos. Se acercan esas fechas en las que, por unas u otras connotaciones, nos sentimos más cercanos y unidos a nuestros semejantes. Eso sí, en estas circunstancias, deberían de ser, sobre todo y por encima de todo, solidarios. Echar una mano al vecino, al amigo, al hermano, al desconocido… siempre será un granito de arena para construir algo más hermoso. Falta hace.

 

Este equipo les desea, de todo corazón, una feliz y solidaria Navidad.

 

Editorial Caza y Safaris Diciembre 2012

 

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