¿Nos engaña Pablo Motos?

Juan CaballeroNunca pensé que el Sr. Pablo Motos se sumara a los aficionados al engaño o, lo que es igual, al grupo de personajes que permiten que bajo su tutela se ridiculice a personas de forma infundada, utilizando la mentira y cualquier otra artimaña propia de desconocedores de la realidad.

Estos individuos hacen de reflectores de las voces de los grupos ‘verdes’, ampliando y distorsionando sus discursos, a modo de un eco, haciéndonos escuchar auténticas barbaridades que los propios líderes ecoabandonistas nunca se atreverían a decir ellos mismos sin colocarse tras una máscara. Se trata de las verdaderas puntas de lanza totalmente envenenadas del ecoabandonismo, eso sí, auténticos trozos de hierro, material inerte manejado por peligrosas garras, dada su profunda ignorancia y su falta de interés por contrastar la información.

En mi casa y en otras de personas que me son muy cercanas tenemos cierta afición al programa de Motos, que emite por las noches Antena 3 TV, incluso simpatía por el personaje. Por ello, hemos tenido estos días cierto debate sobre si los desafortunados comentarios sobre el cuento infantil Jara la cazadora, que dos personajes realizaron en la sección El Kiosko de su programa,
El Hormiguero, los hicieron sin conocimiento previo del Sr. Motos. Personalmente, no lo creo, pues me parece que Motos controla y participa en todo lo que pasa por su programa.

Distintas asociaciones de caza están pidiendo una rectificación a la cadena, aunque yo no creo que sea la solución; quizá sí un parche, pero nada más, ya que el daño está hecho.

Nunca he entendido aquello tan falso de pegar una puñalada y, acto seguido, pedir perdón, quedando entonces todo en tablas: lo uno por lo otro. Debería haber una proporcionalidad entre el daño y la compensación, cuestión que dudo mucho que tenga en cuenta la cadena.

Quizá, entre la fecha en la que estoy escribiendo estas líneas y la fecha de su publicación, se produzca alguna noticia más, posiblemente algún comentario para acallar críticas, pero seguro que en ningún caso se va a producir una rectificación proporcional. ¡Ojalá me equivoque!, ya veremos.

En el Motoprograma fue realizada una crítica al cuento Jara la cazadora, buscando dañar la imagen de los aficionados a la caza, al tratarlos de «asesinos». Sólo por emplear este calificativo, el hecho de exigir una mera disculpa se queda demasiado corto. Los dos colaboradores de Motos, que se atrevieron a decir públicamente semejante barbaridad, deberían sentarse en un banquillo. El daño ha sido grande, dada la audiencia del programa.

Muchas personas desconocen el campo, el sentido de la caza, por lo que los comentarios engañosos han podido dejar en muchos de ellos una idea muy alejada de la realidad. Una cosa es manifestar una opinión, que puede ser contraria, indiferente o favorable, en distinto grado, y otra muy distinta es la mentira en busca de conseguir justificar una tesis, para arrastrar a los oyentes a darte la razón, a posicionarlos en contra de los que criticas con falsedades..

Los adláteres de Motos, en su desafortunada actuación, manejaron una serie de argumentos falaces para desacreditar a la protagonista del libro, al propio libro, a su autor y a los cazadores, en general.

Aseguraron, por ejemplo, que el lobo era una especie en peligro de extinción, lo que es falso, pues incluso está catalogado como cinegético. Mintieron con una facilidad y una cara dura insuperables, y es muy posible que ésta sea su habitual forma de proceder.

El intento de dialogar con estos personajes, insisto en lo de caraduras y mentirosos, justificando las bondades de la caza, enunciando la necesidad de los controles de poblaciones, por cuestiones sanitarias o/y por daños a la biocenosis, o con datos sobre la importancia del aprovechamiento, creo que carece totalmente de sentido.

Estoy seguro de que estos personajes sólo entienden una cosa, algo con lo que difícilmente harán un de sus ‘graciosos’ chistes, la denuncia que tenga la consecuencia de tocarles, como mínimo, el bolsillo. Personalmente, me olvidaría de la cadena, incluso del Sr. Motos, y fijaría las perpendiculares de la cruz filar sobre los dos ‘inertes’… Buscaría un buen abogado que pusiera en todo esto los cinco sentidos, para que, no sólo terminasen rascándose el bolsillo, sino que también les doliera bastante la cabeza, para que pasaran muchos meses recordando las consecuencias de sus mentiras y sus descalificaciones, a pesar de estar escondidos, cobardemente, tras la pantalla del dichoso ‘humor’.

 

Por Juan Caballero de la Calle.

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